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México: ¿Mirando hacia el futuro?

por 3 enero, 2007

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A algunos observadores casuales de la realidad mexicana les puede resultar extraño que la revuelta del candidato "izquierdista" a la presidencia de México prácticamente haya terminado el 1 de diciembre con otro golpe mediático (protagonizado por el presidente Felipe Calderón al tomar posesión en el Congreso tomado).



Lo que domina actualmente en el panorama político en el Congreso y el país en general es una normalidad republicana, alejada del encono y la violencia verbal mostrados hace unos días todavía por una buena parte de la izquierda.



Esto puede indicar que la fuerza del movimiento de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) radicaba en elementos mucho más volátiles de lo que muchos se imaginaron. Son múltiples las señales que indican una "pacificación" de la izquierda y una recuperación de la racionalidad perdida durante la lucha de AMLO en su desesperada persecución del poder a toda costa.



En el camino elegido, el movimiento de AMLO destruyó en parte la sinergia de las diversas -y muchas veces contradictorias- fuerzas que dieron origen a su convocatoria política, entre su compleja personalidad de caudillo (que frecuentemente lindó con un estilo irracional y fanático que recuerda el liderazgo del movimiento Nazi en Alemania), y una parte importante de la izquierda parlamentaria dividida a su vez en reconocidas tribus, que abandonó en manos de AMLO y el pequeño grupo de ideólogos ex-priistas de comprobada raigambre antidemocrática que lo rodearon durante la campaña, la responsabilidad de ganar "por encargo" las elecciones presidenciales, en base a la popularidad supuestamente irreducible de AMLO.



Las últimas encuestas de diciembre muestran a AMLO y su partido (el PRD -Partido de la Revolución Democrática), por debajo del PRI en popularidad. Esta brusca caída al tercer lugar, indica claramente que una parte importante de los votantes de AMLO no apoyaron su movimiento postelectoral. Asimismo, se ha producido una recuperación de la confianza de los ciudadanos en la independencia del Instituto Federal Electoral y en la limpieza de las elecciones.



Esta pérdida de preferencias electorales y la "pacificación del país" por parte de los legisladores de la izquierda que trabajan normalmente en el Congreso, implica el alejamiento de una parte importante de la izquierda parlamentaria de la estrategia de irrespeto a las formas democráticas impuesta por AMLO.



La complejidad y las contradicciones del movimiento de AMLO (que muchos esperamos que lo hagan irrepetible), refleja la falsedad de la caracterización que la propaganda de AMLO hizo de sí mismo y de la sociedad mexicana: una caricatura que divide a los políticos y ciudadanos en de "izquierda" y "derecha"; "buenos" y "malos". Parte de la impostura de esta posición radica en la presencia de connotados priístas de filias nada izquierdistas dentro del equipo dirigente de López Obrador. Esto refleja más una estrategia mediática de utilización de los términos "izquierda" y "derecha", que una auténtica división ideológica o programática que pueda traducirse en diferencias fundamentales en el momento de gobernar.



Lo más probable es que el movimiento de AMLO represente, entre otras cosas, una parte del complejo proceso de reacomodo de un PRI en proceso de disolución al estar un sexenio fuera del poder. Un análisis más informado de la política mexicana muestra la complejidad y riqueza política del país, sin embargo, todo indica que al menos para estos seis años que vienen, a pesar de todo, los electores y las instituciones funcionaron bien en términos generales y la joven democracia mexicana salió victoriosa de este trance que nos tuvo en vilo algunos meses.



Esto es reconfortante. La memoria histórica de los mexicanos registra mucha violencia en el pasado, sin que ésta haya tenido unas claras consecuencias positivas para el país o las mayorías. Es probable que este factor haya sido el que más pesó al determinar el destino del movimiento de AMLO, en particular el plantón en el Paseo de la Reforma que resultó devastador para su popularidad e inútil como elemento de presión.



Es incierto qué ocurra con AMLO y hasta qué punto su declive de popularidad sea permanente. Lo que sí se vislumbra es una durísima batalla de López Obrador con otros actores por la candidatura de la izquierda (PRD) para la presidencia en el 2012.



Los candidatos visibles en este momento son por una parte el pragmático y ambicioso ex-priísta Marcelo Ebrard (alcalde de la Ciudad de México), hombre de ascendencia francesa y educado en los colegios católicos más exclusivos de la ciudad de México que, sin cortar sus vínculos con AMLO, al tomar posesión del cargo ya se alejó del discurso más extremista de AMLO y reconoció implícitamente la necesidad de trabajar con el gobierno del presidente Calderón. Por otra parte está el hijo de Cuauhtémoc Cárdenas, Lázaro Cárdenas, que es el actual gobernador de Michoacán y quien se distanció tempranamente de AMLO y reconoció a Calderón de inmediato (al igual que todos los demás gobernadores del PRD).



Las posibilidades de una victoria electoral en 2012 por parte de la izquierda dependerán de su capacidad para atraer votantes del centro político y de establecer una alianza con sectores afines al PRI oficial, que en este momento parecen remotas, pero seis años es mucho tiempo en política. Ya dirá el tiempo si son suficientes para que AMLO recupere el poder perdido dentro de la izquierda y los votantes perdidos fuera de ella.



Por el momento, los problemas del país comienzan a ser atendidos por parte de los congresistas de todos los partidos y el presidente Calderón gobierna normalmente. Incluso, el violento y confuso problema de rebelión "popular" en Oaxaca (otro problema que no resiste un análisis superficial), muestra signos claros de debilitamiento.



No parece poco todo esto, considerando las sombrías perspectivas de crisis institucional que anunciaban algunos peleadores callejeros hace pocas semanas, ahora convertidos en responsables funcionarios de gobierno o legisladores de una democracia joven, pero en plenas funciones.



En lugar de en las calles, la competencia en el futuro por el poder político en México se tendrá que dar ahora en la eficiencia administrativa y el uso limpio del dinero público en la solución de problemas ciudadanos al margen de visiones estrechamente partidistas o clientelares de parte de los diversos gobiernos federal, estatales y locales. Lo más probable es que la izquierda no sólo recupere la cordura, sino empiece a conducirse responsablemente para convertirse en una opción política seria en democracia. Eso es lo que muchos esperamos de ella.



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Hugo H. Montaldo. Genetista, profesor de la UNAM y analista social independiente.

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