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Sadam Hussein: ¿Ejecución o linchamiento?

por 7 enero, 2007

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La vida suele ser paradójica. La ejecución por ahorcamiento de Sadam Hussein ha dado lugar a protestas desde todas partes del mundo en las que se repudia la pena de muerte como un atentado a los derechos humanos. Planteamiento que está en las antípodas de la forma con que el ajusticiado ejerció su gobierno. De lo que se trata es que aún el más cruel violador a los derechos humanos no pierde los suyos por muy aberrantes que hayan sido sus conductas.



Los estados y la comunidad internacional tienen el derecho/obligación de sancionar las violaciones a los derechos humanos.



Pero, en este caso en particular nos encontramos lisa y llanamente en presencia de un simple asesinato con motivaciones políticas.



No se trata de que se hayan vulnerado algunas garantías del debido proceso. No, de esta forma racional y justa de llevar adelante el ius puniendi del Estado no se encuentra atisbo alguno en todo el proceso que va desde que Hussein es capturado por tropas ocupantes de su país hasta que en medio de los insultos de sus ejecutores se le da muerte vía ahorcamiento, método especialmente agraviante y doloroso de dar muerte a una persona.



El ajusticiado era sin lugar a dudas jefe de Estado, lo cual le confiere inmunidad diplomática según coinciden la doctrina, la jurisprudencia y los tratados internacionales. No obstante, esta inmunidad no rige respecto de crímenes de lesa humanidad.



Lo que procedía, de existir acusación de crímenes de esta naturaleza, era el enjuiciamiento por un tribunal internacional que diera plenas garantías de un debido proceso al acusado y sus acusadores.



En este caso las tropas norteamericanas ocupantes le capturaron y entregaron a sus enemigos políticos momentos antes de su ejecución.



No existe un gobierno iraquí soberano ejerciendo sus potestades estatales, hay un grupo de personas impuestas como gobierno formal por las tropas norteamericanas que evidentemente actúan de acuerdo a los requerimientos de estos últimos. Una sentencia judicial sólo puede ser tal en tanto emane de un Estado y en estricto rigor este no existe en Irak pues el existente fue destruido. Suena duro decirlo pero el ahorcamiento de Hussein no es más que la ejecución de un prisionero.



Aún aceptando que el tribunal se formara después de los hechos investigados. Hay irregularidades gravísimas que desmienten cualquier pretensión de un debido proceso.



Tres jueces fueron reemplazados por considerarse demasiado "tibios" en relación al acusado. Es decir, el tribunal tenía que comportarse de acuerdo a requerimientos extrajudiciales. Igual número de abogados defensores fueron asesinados mediante atentados terroristas durante el curso del juicio. Si al abogado lo asesinan sin más, ¿qué queda para el defendido?



Todos los comentarios de quienes se dicen gobierno en Bagdad y de quienes les patrocinan desde Washington apuntan a los efectos políticos de la ejecución lo que demuestra a las claras que son motivaciones de este orden y no consideraciones de justicia las que arrastraron al ex aliado del gobierno norteamericano al patíbulo.



Todas las concepciones modernas de la vida y la política nos señalan que el asesinato debe ser excluido como método de alcanzar objetivos políticos, y muy particularmente cuando la víctima carece de toda posibilidad de defensa.



Hay quienes sostienen que un juicio propiamente tal habría sacado a la luz las estrechas relaciones de colaboración entre el acusado y sus antiguos aliados norteamericanos, revelaciones que bien podrían no ser gratas para los inquilinos de la Casa Blanca.



La pena de muerte es una forma bárbara de ejercer el ius puniendi estatal. Con razón se ha hablado de ella como una suerte de venganza con medios estatales.



La pena de muerte se nos muestra irreparable ante un error judicial. De otra parte, excluye la posibilidad de rehabilitación/arrepentimiento del sancionado.



La voluntad de los hombres da origen al Estado, por ello resulta incoherente que éste, creación de los primeros, pueda imponerles su eliminación física.



El joven y brillante abogado de la revolución francesa Saint-Just tenía toda la razón y la franqueza del mundo cuando, discutiéndose la ejecución de Luís XVI, señaló que jamás la ejecución de un hombre podía ser un acto de justicia y de lo que se trataba era de una necesidad política.



EEUU es el país que más aplica la pena de muerte en el mundo y el presidente G.W.Bush la impuso profusamente en sus tiempos de gobernador. Si los norteamericanos no se tienen piedad entre ellos es difícil que la tengan con otros pueblos del mundo.



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Roberto Ávila Toledo. Abogado










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