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Democracia y partidos politicos

por 10 enero, 2007

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Los partidos políticos están fuertemente cuestionados por parte de la opinión pública nacional. Este es un fenómeno al que tenemos que poner atención, dado que no es posible una democracia sin partidos políticos sólidos. Entendiendo que los partidos políticos son producto de relatos sociales y su razón de ser es la búsqueda permanente del bien común, me permito plantear algunas ideas que considero necesarias tomar en cuenta para un proyecto país.



En Chile se dice que somos más desarrollados que hace 30 años atrás, pero parafraseando a Ralf Dahrendorf: ¿Somos por ello más felices?



El fin de la acción política es dar mayor y mejor nivel de felicidad para el mayor número de personas. En algunas declaraciones de independencia de los países, la aspiración a la felicidad figura al lado de la libertad y el derecho a la vida.



Otra pregunta que tenemos que hacernos los chilenos es: ¿Nuestra democracia ha logrado un mayor control sobre los poderosos o, por el contrario, los niveles de opresión y desigualdad se han acrecentado?



¿Hemos ampliado los chilenos, a través del progreso económico, nuestras libertades? O como dice el ya mencionado Dahrendorf, ¿tienen más oportunidades los ciudadanos?



Karl Popper nos dice que la historia no tiene ningún sentido y somos nosotros los que tenemos que conferirle uno, dando oportunidades al mayor número de individuos.



Otra pregunta que tenemos que hacernos es: ¿La riqueza que el libre mercado ha generado en estos casi 30 años, ha creado prosperidad, por lo tanto, felicidad, para la mayoría ciudadana? ¿Esta prosperidad va acompañada de mayor y mejor educación, más democracia, más participación? ¿Se ha creado una red de protección eficaz para los más desposeídos? ¿Hay más libertades políticas, más oportunidades sociales?



Según el historiador David Landes, citado por Dorendorf en su libro "En busca de un Nuevo Orden", para que una sociedad crezca y se desarrolle es necesario que se cumplan condiciones institucionales, tales como: el derecho a la propiedad y las libertades individuales; la confianza en las formas contractuales; así como la existencia de gobiernos estables y no corruptos, y que las autoridades sean capaces de escuchar las quejas y los deseos de los ciudadanos.



Chile está pasando desde estructuras económicas y sociales premodernas a modernas y esto conlleva consecuencias entre otras, el despertar las esperanzas en los jóvenes de una vida mejor.



En nuestra situación, para avanzar y romper el ciclo de la pobreza, muchos jóvenes abandonaron sus pueblos y se marginalizaron alrededor de las grandes ciudades. Aquí el trabajo es escaso y la desesperanza campea cuando las estructuras no son capaces de integrarlos al mercado laboral y a los otros espacios de construcción de vida social. La experiencia del paso del subdesarrollo al desarrollo nos demuestra que las principales víctimas de la modernización son los jóvenes.



Para muchos el proceso de modernización ha significado desarraigo, más pobreza. En estos espacios la delincuencia y la drogadicción es pan de cada día. Estos grupos necesitan que la sociedad les entregue un mínimo de seguridad y esperanza en el futuro.



Nuestros jóvenes, en todos los estratos sociales, están desorientados. Esperan más de los adultos.



La globalización



La globalización trae consigo muchas oportunidades, pero para países como el nuestro, también muchas desigualdades.



El trabajo se ha precarizado, la ampliación de las oportunidades ha dejado a gran parte de la población marginada. Como diría alguien "mientras los ciudadanos duermen los poderosos hacen y deshacen"...



¿Qué hacer para mejorar la situación de los excluidos en la sociedad chilena? Sabemos que la base de toda democracia es el respeto al Estado de Derecho, a las libertades y las reglas del juego que ella se impone. La tarea es lograr el desarrollo y la igualdad, sin perder la libertad. La libertad de emprender no puede poner en duda el derecho de los desposeídos a participar plenamente de la vida social, política y económica. En ese entendido, no hay posibilidades de plena democracia cuando los derechos fundamentales no son respetados para todos los ciudadanos.



Un país que no asegure ingresos mínimos garantizados para todos, prestaciones sociales públicas, es un país, a lo menos, con una "democracia imperfecta".



El libre mercado no puede dejarse al libre albedrío. Es necesario, como dice Adais Turner en su libro (Capital Justo, la Economía Liberal), un conjunto de transferencias y de impuestos redistributivos que pongan a la economía de mercado al servicio de fines más amplios. Es decir, el libre mercado es sólo concebible con una correcta distribución de la riqueza.



Norberto Bobbio, en su libro " IL Futuro Della Democrazia", define la democracia con tres principios institucionales: en primer lugar, como un conjunto de reglas que establecen quienes están autorizados a tomar decisiones y mediante qué procedimiento; a continuación, diciendo que una sociedad es tanto más democrática cuanto mayor cantidad de personas participan directa o indirectamente en la toma de decisiones; por último, subrayando que las elecciones a hacer deben ser reales, es decir, con plenas garantías y transparencia.



Bobbio, como otros cientistas políticos y filósofos, convienen que el fin último de la democracia es la búsqueda de la felicidad para el mayor número de sus integrantes.



Pero convengamos que lo real es que el funcionamiento democrático no penetre en la mayor parte de los dominios de la vida social, y el secretismo de la toma de decisiones, contrario a la democracia, sigue desempeñando un lugar importante.



En resumen: las reglas del juego democrático que son universales como las define Kant, en su "Idea de una historia universal en sentido cosmopolita", tienen que ser respetadas para que la libertad adquiera una base institucional al resguardo del Estado de Derecho.



La democracia tiene como una de las tareas centrales, crear lo que dice el filósofo israelí Avishai Margalit, una sociedad decente. "Una sociedad en que las instituciones no nos humillen. Es una sociedad civilizada en que los individuos que la componen no se humillan unos a otros. En que la tolerancia con los sueños y las opciones de los demás sea instintiva y común".



Para Ulrich Beck, en su libro "La Sociedad del Riesgo", la sociedad que se ha construido en los países desarrollados a partir de la globalización, trae muchos beneficios y es, ante todo, una oportunidad.



Eso es cierto, pero también es cierto, que ha significado el fomento del capitalismo especulativo, que no necesita de manejar empresas productivas y menos de gastos sociales o responsabilidades ciudadanas. El magnate Soros es un ejemplo paradigmático de este fenómeno.



En los países desarrollados el trabajo se precarizó aún más y la flexibilidad laboral ha sido una tabla de salvación para muchos empresarios.



En países como el nuestro, la flexibilidad laboral es una fuente de inseguridad, de baja en las remuneraciones, y por lo tanto, pérdida del poder adquisitivo. La globalización, si no va acompañada con medidas de redistribución del ingreso por la vía de impuestos directos, daña severamente a los sectores más desposeídos.



Que la globalización ha transformado nuestras vidas, que duda cabe, las tecnologías de la comunicación, la multinacionalización de la producción, la aparición y transmisión de nuevas enfermedades que recorren e infectan al Globo a gran velocidad, entre otras. Esto ha llevado al sociólogo inglés Anthony Giddens a decir que el mundo se ha desbocado (die entfesseltewelt) por causa de la globalización y ha cambiado nuestras vidas.



Podríamos decir que el mundo de hoy no tiene normas. Las antiguas estructuras, como la ONU, han sido sobrepasadas por nuevos poderes mundiales. Esto, que es explicable para lo global, es asimilable a lo local. En efecto, la tendencia es que la disolución de las estructuras familiares se ha acelerado, la destrucción de la ley y el orden mundial se replican a nivel de nuestras sociedades.



En nuestra situación, la globalización ha aumentado la brecha entre ricos y pobres, ciudadanos urbanos y rurales, jóvenes y ancianos, producción y ecología, tradición y cultura multinacional, por nombrar algunos fenómenos que nos afectan.



Estos son algunos cambios en nuestra sociedad, tenemos que tomarlos en cuenta, para construir lo nuevo.



Educación para la democracia



"Una sociedad autónoma, una sociedad verdaderamente democrática, es una sociedad que cuestiona todo lo predeterminado y que, en el mismo acto, libera la creación de nuevos significados. En una sociedad así, todos los individuos son libres de crear para sus vidas los significados que quieran", nos dice Cornelius Castoriadis.

La sociedad chilena busca su forma, sabiendo que ella nunca será definitiva, que no hay posibilidades de retroceder las conquistas alcanzadas en los últimos cuatro gobiernos concertacionistas, en particular con el triunfo de Michelle Bachelet. Pero lo logrado, a pesar de ser bastante, no ha consolidado a Chile como una sociedad de igualdad de oportunidades, justicia social, y redistribución de ingresos más equitativa.



Hoy no hay verdades absolutas, los mega relatos murieron hace rato. Solo queda la convicción de que una democracia más plena es posible con más transparencia y ética en el accionar de los entes públicos y privados.



El relato que configuró a los partidos de la Concertación cumplió ya su tarea. Hoy día, el llamado es apoyar al Gobierno de la Presidenta Bachelet y simultáneamente iniciar el proceso de búsqueda de un nuevo relato, que interprete a la sociedad que está emergiendo con la exigencia de más democracia y una bien elaborada matriz política que le permita aprovechar las ventajas que eventualmente puede traer el proceso de globalización y defenderse de sus riesgos.



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Claudio Vásquez Lazo. Ex embajador, Dirigente PPD


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