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La liquidez internacional

por 14 enero, 2007

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La reciente evolución de las finanzas mundiales ha dado lugar a una serie de especulaciones acerca de si existe exceso o no de liquidez internacional y qué conclusión sacar de ello. Tanto las perspectivas inflacionarias, la evolución de los mercados financieros y de las tasas de interés, las posibilidades de financiamiento de los desequilibrios de la cuenta corriente de los países deficitarios como los EE.UU., la cotización del dólar, en resumen, la coyuntura económica mundial parecen depender de la liquidez internacional. Esta percepción no es sino el reflejo que lo determinante en la economía globalizada es el destino de la riqueza financiera, y no las reales condiciones de vida de la población.



Aunque los economistas que llevan actualmente la voz cantante en el asunto no se ponen ni siquiera de acuerdo en qué entender por liquidez internacional, el tema no falta en casi ninguno de las docenas de pronósticos sobre la economía mundial con los que las burocracias letradas de organismos oficiales y privados suelen agraciar regularmente al mundo.



Así, a mediados del año pasado, los directores del Fondo Monetario Internacional formularon su preocupación sobre la dependencia de las "economías emergentes" de la liquidez internacional. En su reciente informe sobre la Situación y perspectivas para la economía mundial 2007, el departamento económico de la Naciones Unidas no se queda atrás. Allí se afirma que una disminución significativa de la liquidez en las economías desarrolladas más grandes podría generar una contracción de los flujos de capital hacia los países menos desarrollados, encareciendo, además, su endeudamiento.

Liquidez internacional no pareciera ser en este contexto más que sinónimo de acceso a crédito externo. Pero para los efectos de poder analizar lo que efectivamente está ocurriendo en la economía mundial, resulta totalmente inconveniente identificar liquidez con acceso a crédito. Como lo sabe cada ciudadana/ciudadano, el crédito sustituye los medios de pago, es decir la liquidez, y no los aumenta. Nadie recurre al crédito cuando tiene los bolsillos llenos de billetes.



Otra cosa es que los papeles que se emiten para certificar las deudas (cosa que en inglés de denomina securitization), como son los bonos y un sin número de otros papeles, pasen a ser considerados "liquidez". Con el aumento de la circulación de esos papeles se crea la imagen que aumenta la liquidez. En realidad, lo que sucede es que aumentan las deudas y los papeles que las representan.



De hecho, uno de los fenómenos más significativos de la globalización económica ha sido el espectacular aumento del endeudamiento, tanto de los estados, de las empresas y de los hogares. Así, según algunos cálculos, la riqueza financiera mundial se ha encaramado por sobre los 150 trillones de dólares (cifra fantástica, que ni con mucha imaginación puede ser relacionada con algo realmente existente). Como el 10 por ciento de individuos que poseen el 85 por ciento de esta riqueza mundial no sabe en qué invertir lo que gana anualmente, "invierte" una buena parte de su dinero en comprar los papeles respectivos. No lo hace personalmente, sino a través del aparataje de inversionistas institucionales, hacia el cual confluyen, además los ahorros del resto de la población, incluyendo los ahorros previsionales.



Se crea así la imagen de que en el mundo hay un exceso de liquidez, y la burocracia letrada no cesa de repetir esta tontería. Lo que realmente existe es una distribución tan arbitraria y desigual de los ingresos, que para mantener un estándar de vida más o menos decente, una buena parte de la población mundial debe aumentar cada día más su endeudamiento.



Así, paradójicamente, la posible restricción al acceso al crédito pasa a ser una cuestión existencial para millones de familias. Si llegara a disminuir el nivel de ingresos de estas familias, y con ello su liquidez, quedarán más expuestas a la extorsión de quienes acumulan riqueza financiera. Lo mismo podría sucederle a más de alguna nación deudora. La preocupación política debería centrarse en cómo romper este círculo vicioso. No en cómo estabilizarlo para que se pueda expandir aún más.



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Alexander Schubert es economista y politólogo.

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