Otros tiempos, otras caras - El Mostrador

domingo, 27 de mayo de 2018 Actualizado a las 17:14

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Otros tiempos, otras caras

por 15 febrero, 2007

"[Cuando al presidente del PP, Mariano Rajoy, le preguntaron] por el caso de los policías españoles enviados a Guantánamo, respondió: "Lo desconozco absolutamente. Yo estoy en otras cosas. No estoy ni en Felipe V ni en los suevos ni en lo que pasó en España hace muchos años." Rajoy mezcló este asunto con la memoria histórica para concluir: "En vez de hablar de memoria histórica, yo quiero lanzar un mensaje de futuro. Quiero dedicarme a acometer reformas estructurales y llevar a cabo una política exterior propia de un país civilizado en vez de seguir hablando de fosas. Oiga, por favor, que éste es un país civilizado, coño".( EL PAIS, 14 de febrero, 2007)



A estos señores los conocemos. Yo, al menos, los conozco. Me recuerdan otros tiempos, otras caras.



No sólo confunden la velocidad con la mermelada, sino también los calzoncillos del jockey con el estado del tiempo, el ajo en escabeche con una comisión senatorial, una isla con una península, una cafetería con una cárcel de alta seguridad. Es gente que lo ha olvidado todo, pero oportuna y periódicamente sacan a relucir el turbio asunto de los GAL (la época de la guerra sucia del PSOE contra ETA en los años ochenta), como un gato panza arriba que descubre las garras. También confunden memoria histórica con hechos ocurridos hace dos semanas o dos años. Van dejando tal polvareda de corrupciones por donde pasan que, aunque quisieran, no pueden echar la vista atrás, so peligro de que los ciegue el implacable polvo del tiempo.



Son individuos que -según dicen- nos representan en Europa, pero sus diputados en Estrasburgo no quieren "que el país quede atrapado en el pasado" -Ä„vaya pasado más inasible y lejano!- y rebajan el tono de las conclusiones de la comisión que investiga los vuelos de Guantánamo. Para ellos, Cuba sigue siendo la joya de la corona perdida y no hay ninguna diferencia entre su nostálgica y casposa mirada y la que tenían sus bisabuelos colonos. Por eso, quizá, esa actitud rayana en la indiferencia con que otorgaron permisos a los vuelos en tránsito, mandaron policías a interrogar a detenidos ilegales y comieron con el comandante de la base de Guantánamo.



Quién ha oído hablar de derechos humanos en las filas del PP no se acuerda. No se acuerdan de que España ha ratificado todas las convenciones y declaraciones sobre derechos humanos que hay en el mundo. No se acuerdan de que España ha denunciado los secuestros ilegales y la tortura en cuanto foro, conferencia y cumbre se ha presentado. No se acuerdan de que hace sólo unos meses ellos mismos hablaban de derechos humanos de los inmigrantes, en una más de sus tácticas para desgastar a los socialistas, porque hablar de derechos humanos de los inmigrantes puede servir a su estrategia de acoso y derribo de Zapatero.



La opinión pública puede preguntarse, después de tanto escándalo armado por el PP, que intenta sacar provecho de cualquier incidente para arremeter contra las políticas de Rodríguez Zapatero, qué harán estos individuos, que tienen nombre y apellido, cuando de pronto se encuentran con una patata tan caliente en las manos. ¿Quedará alguna instantánea del gesto de dolor que alguno de ellos muestre al sostener la patata en la mano, aunque no sea más que por una fracción de segundo? No, no habrá tal instantánea porque esta raza de políticos del PP es ajena al dolor estrictamente humano, incluso al propio. Lo suyo es el malabarismo, lo que podría implicar incluso la existencia de varias patatas calientes al unísono. Pero todas en el aire, y con los malabaristas mirando hacia otro lado y esgrimiendo un dedo acusador, como Eduardo Zaplana, que puede hacer malabarismos con una sola mano y usar el índice acusatorio de la otra mientras repite GAL, GAL, aunque sobre él mismo pesen "míticas" acusaciones de fraude, desfalco, prevaricación, mangoneo, amiguismo y un tutti quanti de corruptelas, lo cual lo convierte en malabarista mayor del PP.



Zaplana no sabe nada de Guantánamo. ¿Dónde queda eso? Zaplana fue ministro de Interior y portavoz del gobierno de Aznar, pero quizá crea que Guantánamo es el nombre de un parque temático, otro más donde él pueda acudir para "forrarse", según su propia candorosa expresión.



Yo los conozco a estos individuos. Los he visto en Chile hace muchos años. Cualquier asimilación entre ellos y el lobo que viste piel de cordero es no sólo veraz sino también necesaria. En cuanto pueden, se despojan de sus corbatas rayadas y sus trajes Armani y se comportan como si vistieran uniforme, se cuadran al paso de la bandera y no se inhibirían a la hora de hacer el saludo fascista. Miran hacia otro lado cuando escuchan una sucesión de descargas, seguidas de los lamentos de las viudas que vienen a reclamar los cuerpos de los hombres y jóvenes que han sido vilmente ejecutados a sangre fría, sin juicios ni abogados, sin habeas corpus ni otras garantías ni chingadas judiciales, porque su única garantía suele ser la tortura. Estos políticos dicen ¿quién? ¿cuándo?, ¿cómo? O "No tengo la más mínima información al respecto." ¿Acaso no nos suena? Sí, era la frase preferida de gente como Videla, Pinochet, Contreras, Stroessner, Somoza. Ellos tampoco tenían la más mínima información al respecto de los desaparecidos. Porque, en última instancia, de eso se está hablando ahora, a saber, de un partido que ha detentado el poder durante ocho años en una "democracia" de Europa occidental, y que ha hecho la vista gorda cuando, según algunos, había que emplear métodos "extralegales". En este caso, se trata de más de mil vuelos de la CIA que pasaron por Morón y Rota, bases españolas donde -gracias al tratado que Aznar firmó con Bush después del 11-S- Estados Unidos disfruta de una virtual inmunidad imperial para ir y venir, aterrizar, secuestrar y volver a despegar.



Ahora, entre la espada del alud de investigaciones que caerá sobre ellos y la pared de las elecciones municipales dentro de dos meses, anticipo de las generales del 2008, con su ideario democrático puesto en duda, los responsables del PP deben afinar día a día sus dotes de malabaristas de la política, de saltimbanquis de la ignominia, de bufones del poder imperial que ya tienen las manos manchadas de sangre.



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Alberto Magnet, escritor y traductor. Reside en Barcelona.

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