Becas, meritocracia e igualdad - El Mostrador

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Becas, meritocracia e igualdad

por 8 marzo, 2007

Las denuncias en contra de la repartija de becas, amplificadas por los medios, han desencadenado una tempestad en un vaso de agua. Tal como se presentan, son portadoras de contrabando ideológico. Por supuesto, no se puede estar en contra de la virtud democrática de la transparencia. Pero cuando se defiende la acotada y elitista 'meritocracia' en nombre de la 'igualdad de oportunidades' se está arremetiendo con las lanzas de la ideología neoliberal. Por lo tanto, conviene saber que se está pisando terreno ideológicamente minado.



Y si los programas de 'afirmación positiva' son una solución inmediata para romper el circulo vicioso del elitismo, no debe ignorarse que son también medidas parche, puesto que aceptan la rígida estratificación social y, por ende, justifican la insoportable desigualdad. Ahí se busca promover a algunos excluidos para que se integren y asimilen a la elite. Fue su objetivo con los afroamericanos en EE.UU. después del movimiento por los derechos civiles y libertades de los 60'.



En Chile, todo el mundo sabe que la dictadura pinochetista favoreció con sus becas a los suyos y a los círculos social y culturalmente afines. Por su parte, los sectores concertacionistas han reproducido las mismas prácticas, que lindan con el nepotismo, al favorecer en demasiados casos significativos a sus hijos y parientes. Mimetismo obliga. Ambos grupos de elites se homologan en las conductas y en la adhesión a comportamientos reñidos con la ética democrática; algunos becarios no cumplieron con sus compromisos, se quedaron trabajando afuera, otros ni siquiera terminaron sus estudios, sin devolver la plata debida. Sociedad consensual: académicos de peso justifican lo injustificable.



Bien sabemos que los llamados 'talentos' no son cualidades innatas sino aptitudes que son resultado de un proceso de educación que toma tiempo, puesto que los ritmos de aprendizaje y de asimilación de los conocimientos son distintos en cada alumno. Las habilidades y competencias intelectuales no son heredadas de la genética paterna, sino que son el producto de circunstancias socioeconómicas, las que a los ciudadanos les tocó vivir en las familias en las cuales crecieron y en el medio (escuelas, colegios) en el cual se educaron (algunos sociólogos hablan de capital cultural transmitido).



¿Pero qué es la meritocracia? Es un modo de selección de elites. Un instrumento que promueve y valoriza la competición entre los individuos al mismo tiempo que privilegia y cuantifica algunos hábitos formados en condiciones sociales determinadas. La meritocracia de moda, en su versión elitista neoliberal, tiende a formar una mentalidad propia a un modelo económico que favorece el 'darwinismo social', es decir, la supuesta "selección de los mejores" según criterios determinados de antemano y que corresponden al modelo educativo de los colegios privados y algunos públicos, selectos al cual tienen acceso los sectores pudientes. De ahí también, el uso y abuso de supuestos instrumentos "científicos" inventados con fines sociales discriminatorios como el "test de coeficiente intelectual".



Más aún, la propaganda de la aparentemente virtuosa "igualdad de oportunidades" y de "la meritocracia talentosa" oculta la incidencia de las condiciones sociales y materiales de existencia de los ciudadanos de un país en el proceso educativo: de los ingresos de las familias en las cuales se inicia la socialización y el aprendizaje; del bagaje cultural de los padres; de las condiciones de la infraestructura educativa pública y de la formación y las condiciones de trabajo de los profesionales de la educación. Sin olvidar los daños colaterales: los estragos psicológicos del estrés, frustraciones y alienaciones provocados por un modelo educativo que promueve el estudio "para ser el primero".



¿Acaso en los últimos años de secundaria en los colegios privados de la elite no se focaliza la preparación para obtener un alto puntaje en la prueba nacional, figurar en el ranking publicitado por los medios oligárquicos y copar las carreras liberales en la Ues de prestigio? ¿No se trata de puro marketing distintivo para estar entre los que venden la marca del colegio para lucrar con la educación-mercancía en el mercado? Perversión del proceso educativo.



Pierre Bourdieu nos recordaría que son mecanismos y rituales de producción ideológica de la distinción de clase.



Al contrario, el proceso educativo de estirpe democrática se apoya en la irreducible igualdad de las facultades cognitivas de todos los individuos (una conquista de la historia humana, diría J. Habermas). Por eso, no tendría que perderse un minuto en trabajar para abrir horizontes a todos los jóvenes educandos en pleno proceso de formación: fomentando la emulación entre ellos; iniciándolos al saber múltiple y fundamental; introduciéndolos de manera novedosa al universo mental de las matemáticas y las ciencias biológicas y exactas; despertando la curiosidad cultural, literaria y filosófica ("el aprendizaje de la libertad en el ejercicio de la reflexión", diría E. Kant); aprendiendo a interrogar racionalmente la historia y las religiones; facilitando el estudio de varias lenguas a la vez y desarrollando, al mismo tiempo, el pensamiento crítico y autónomo.



No son elucubraciones. Es lo que propone la UNESCO para acceder al paradigma de las sociedades del conocimiento.



La repartija de becas de acuerdo al mérito no es una solución sino parte del problema. Un caso sintomático más que ilustra el bloqueo social y sistémico que impide que los hijos de trabajadores, funcionarios, empleados y pequeños comerciantes realicen estudios superiores en el país y de perfeccionamiento en Ues. extranjeras. El sistema educativo es incapaz de eliminar los obstáculos al acceso del conocimiento y al perfeccionamiento profesional y técnico de las mayorías ciudadanas.



Por lo mismo, la exigencia de igualdad de oportunidades frente a la vida, en una sociedad dominada por la desigualdad, se acompaña de la lucha por la igualdad de condiciones socioeconómicas, de género y entre las etnias. Fue el debate político de fondo que, el año pasado, los estudiantes colocaron en la escena pública con sus movilizaciones y que contó con las simpatías de las mayorías ciudadanas.



Si esto fue posible, fue porque los estudiantes revelaron el carácter neoliberal del régimen educativo heredado de la dictadura. Desmontaron los artilugios retóricos con los que se privilegia la libertad mercantil de enseñanza por encima del derecho a una educación pública de calidad garantizada constitucionalmente por el Estado.



Las denuncias de manipulación de las becas servirán a la causa de la democracia si se dan en un marco de deliberación más amplio. Si se continúa con el debate de fondo, de la educación para un Chile abierto a las mayorías y si el movimiento estudiantil retoma las banderas de la lucha por una educación pública de calidad que contribuya a avanzar en pos de la igualdad de condiciones.



Por eso, la sociedad debe obligar al Estado a entregar los medios y a crear las condiciones para que todos puedan valerse del derecho universal a la educación. Sólo puede llamarse democrática una sociedad que permite que el derecho se concretice en la igualdad social de condiciones de sus miembros (a empleos estables y dignos con salarios más que decentes). Sólo ella permitirá el acceso a bienes culturales, intelectuales y sociales fundamentales para la felicidad de los ciudadanos.



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Leopoldo Lavín Mujica, Profesor del Departamento de Filosofía, Collčge de Limoilou, Québec, Canadá.

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