Una empresa estatal de transporte - El Mostrador

Miércoles, 13 de diciembre de 2017 Actualizado a las 15:58

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Una empresa estatal de transporte

por 12 marzo, 2007

Durante muchos años funcionó en Chile la Empresa de Transporte Colectivo del Estado (ETC). Muchos guardamos aún el recuerdo de su grandes y eficientes buses. El Presidente Allende llegó, incluso, a destinar algunos de ellos al transporte exclusivo de estudiantes. Aún tengo viva la imagen de "el escolar".



La dictadura militar, instigada por sus mentores ideológicos neoliberales, no optó por su privatización sino por su aniquilamiento, para usar el argot militar.



Se nombró a un coronel de caballería como gerente general de la empresa en espera de que una persona venida del mundo ecuestre naufragara en el de los motores, pero no fue así. El militar manejó con sentido común la gigantesca empresa y esta, para sorpresa de todos, aumentó sus servicios, eficiencia y ganancias.



Era mucho para una dictadura destinada a "cuidarle la platita a los ricos", como señalaba su regente principal. Se determinó entonces que todo bus con desperfecto no sería reparado. Se amontonaron en los depósitos y se incitó ahora al lumpen a su destrucción o al robo de piezas.



Así murió la Empresa de Transporte Colectivos del Estado, a traición.



El plan Transantiago vive las peores zozobras, y un experto como Germán Correa sitúa sus deficiencias en el diseño estructural y la Presidenta Bachelet ha señalado claramente que a las concesionarias privadas "no les dio el ancho".



El transporte público de pasajeros es demasiado importante para dejarlo sujeto simplemente a los dictados del afán de lucro. Si esa perspectiva se suman a una actitud pública presa de la noción moderna de "artefactum" -es decir, una creación teórica que se basta a sí misma con desprecio absoluto por la experiencia y la realidad multifacética- los resultados son inevitables, y hoy claramente perceptibles.



La situación se hace muy compleja en la perspectiva de las correcciones pues, como lo licitado es un contrato, y en tanto tal ley para las partes toda modificación debe contar con la anuencia de las concesionarias.



El transporte público en la inmensa mayoría de la moderna y capitalista Europa es público al igual que muchos otros servicios.



Los dogmas del neoliberalismo no pueden seguir inspirando nuestras políticas públicas por mucho que ello resulte rentable a un sector de la clase política.



Es cierto que la dictadura dejó con rango constitucional la prohibición al Estado de ejercer actividad económica, pero no lo es menos que resulta inconcebible que aún desde la tumba -si la tuviere- el dictador siga rigiendo nuestros destinos con su constitución espuria. Hay que llamar a plebiscito.



El transporte público de pasajeros es un área extraordinariamente sensible como lo dan cuenta las jornadas del "2 de abril" en nuestro país y muchas similares en otras latitudes. Digámoslo derechamente, el alza a $ 600 del pasaje difícilmente será aceptado sin más por nuestra sociedad.



Una empresa estatal de transporte público de pasajeros se debe crear a la brevedad. La presidenta Bachelet tiene la oportunidad de tomar la primera medida que de inicio al aventamiento del nefasto neoliberalismo de nuestro país. Si así lo hiciere su popularidad subiría como espuma en las encuestas.



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Roberto Ávila Toledo. Miembro del Comité Central del Partido Socialista

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