¿Cómo evitar la “decepción acelerada”? - El Mostrador

Lunes, 20 de noviembre de 2017 Actualizado a las 12:51

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¿Cómo evitar la "decepción acelerada"?

por 24 abril, 2007

En la calle, en la feria y en las conversaciones cotidianas se palpa un estado de ánimo de desconcertación, incredulidad sobre lo que pasa y de decepción sobre cómo se está gobernando y ayudando a gobernar a la Presidenta.



El proyecto de "depreciación acelerada" está por convertirse en un proceso de "decepción acelerada" -que había gatillado el Transantiago-, si no se plantean los puntos de fondo respecto de la Concertación y del Gobierno.



Una primera cuestión es la falta de coherencia entra la promesa programática del sistema de protección social desde la infancia a la vejez y la actual política económica.



Nunca antes el Estado había dispuesto de tanto dinero, y menos en contextos de disciplina fiscal y calma social. Sin embargo, la política económica ha quedado fuera del debate: por qué seguir con el superávit fiscal del 1% si ni siquiera es exigencia de los organismos financieros internacionales; por qué no limitar la excesiva concentración de la propiedad o incrementar la competitividad con políticas públicas activas; por qué no intervenir eficientemente con inversión pública en políticas de desarrollo tecnológico; por qué esconder bajo el colchón y a bajos intereses los excedentes del cobre. La rebaja de impuestos a las grandes empresas, que poseen los más bajos impuestos de América Latina, no es lo único posible para aumentar el crecimiento económico sin agudizar la ya desesperante desigualdad social.



Sin esta discusión, el sistema de protección social se hará inviable y su resultado serán parciales mejoramientos a las desventajosas condiciones sociales en que vive la mayoría de la población.



Un segundo problema es la necesidad de imponer una agenda política que permita viabilizar el sistema de protección social, que no es otra cosa que un nuevo pacto social que explicite sus características. Este pacto debiera asegurar los derechos garantizados por el estado para las personas y su relación con el incremento del PIB y el ingreso per cápita promedio.



La Concertación nació como un proyecto democratizador y también de justicia social, ante la deuda histórica heredada por la dictadura. Ambas tareas mantienen vigencia, en nuevos contextos. El PS y la DC tienen una vocación social, una "tradición revolucionaria", unos Programas históricos que expresan a los sectores sociales con menos poder y más postergados, que debe reafirmarse como norte político. En la medida que se den señales que la Concertación abandona a los sectores populares, su poder se debilitará, y es justamente por lo ocurrido con el Transantiago que no deben aceptarse iniciativas legislativas confusas, que colocan de hecho al gobierno alejado de los débiles.



Lo que el Ministro de Hacienda debiera hacer, entonces, es persistir en extraer las lecciones de su viaje a Finlandia. El gobierno debiera generar condiciones políticas y sociales para imponer y abrir un diálogo serio entre los gremios empresariales y de trabajadores, para abordar un nuevo Pacto social que permita consensuar las metas de crecimiento y bienestar de la población, en base a un incremento de la productividad y las mejoras en los salarios; abrirse apoyar a las PYMES con financiamiento regulado y no seguir otorgándoles a los bancos y financieras todo el poder de fijar las tasas de interés discriminatorias; generar más dinamismo en la competencia entre AFPs incorporando al BancoEstado y fijando las comisiones sobre las imposiciones; incluso debatir cambios en la estructura tributaria como lo hiciera el gobierno de Aylwin o lo propusiera recientemente el senador Escalona con los impuestos a las salmoneras.



El tercer problema es que el gobierno debe definir el bloque social para el cual gobierna y el arco político que lo sostendrá. Dicho de otra manera, no se pueden hacer reformas sociales sin golpear intereses, sin dejar nítido ante la opinión pública quiénes se oponen a los programas redistributivos de la riqueza y de la calidad de los bienes públicos como la educación, la salud, la vivienda y el transporte.



La actual política -sobre todo económica- ha sido zigzageante en esto, con ideas que buscan dejar contento a todos, "consensuando" medidas antes del debate público (donde pesa el lobby empresarial, las elites de los estudios jurídicos y políticos, pero no el ciudadano común). Esto es un error pues la falta de claridad sobre con "quién es la pelea" y cuál es su objetivo, termina por confundir a la propia Concertación, a los que la apoyan y se comienzan a buscar los "enemigos internos" para la purga; que es el camino inicial de la debacle.



En resumen, el re-encantamiento del proyecto concertacionista requiere de coherencia en los propósitos económicos y sociales, claridad sobre los adversarios, apoyo a las reformas provisional y de educación, y convocar a la participación de los ciudadanos, los que apoyarán en tanto tengan la confianza que sus aspiraciones no serán frustradas.



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Osvaldo Torres G. Comisión Política PS. Concejal Peñalolén

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