¿Qué tan noble es la causa pro-Pymes? - El Mostrador

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¿Qué tan noble es la causa pro-Pymes?

por 25 abril, 2007

Las Pymes se han convertido de un tiempo a esta parte en una de esas llamadas "causas nobles", las que debido a su rentabilidad política aparecen de tanto en tanto en el debate nacional y tras la cual, todos parecen ávidos de alinearse en su defensa. Ello, claro está, no supone ni que las razones esgrimidas por sus 'acérrimos' defensores vayan siempre en su beneficio, ni menos aún que dicha causa -la de las Pymes- sea en verdad necesariamente tan noble. Veamos...



¿Depreciación Acelerada...?



Si algo ha quedado claro para todos a esta altura del debate (a excepción probablemente del Ministro Velasco) es que la relación entre la depreciación acelerada y el provecho que de ella obtendrían las Pymes es, por decir lo menos, espurio.



Si consideramos que de las 120.000 pequeñas y medianas empresas que existían el 2003, 100.000 eran microempresas, esto es, unidades productivas con ventas del orden de 600 UF al año, poco cuesta colegir que ello equivale casi por completo -después de los costos- a la remuneración del dueño, por lo que, espacio para utilidades, inversiones y depreciaciones no queda mucho en verdad.

El beneficio pues, de la depreciación acelerada está claramente dirigido a los que pueden invertir, esto es, parte de las 20.000 medianas empresas que venden entre 2.400 y 100.000 UF al año (una minoría de éstas, en realidad) y fundamentalmente a la gran empresa que es la que se ubica sobre esos rangos.



En esto vale la pena escuchar a las organizaciones empresariales que algo saben de la defensa de sus intereses. Cuando la depreciación acelerada es cerradamente defendida por la CPC, que agrupa a los grandes empresarios, y vociferadamente rechazada por CONUPIA, que organiza a los pequeños y medianos, en verdad, mucho del debate posterior que le sigue es -parafraseando al ministro vapuleado- pura retórica.



¿Lleno de deudas...?



Disminuir la "mochila de deudas" que ahogaría a las Pymes -la otra línea argumentativa esgrimida por sus 'defensores' en el Congreso (y por alguno que otro agudo mediano empresario siempre atento a lograr una tajada en la revuelta del río)- parece también ser bastante relativa.



No es que contar con planes de renegociación de la deuda no ayude. El punto es que de las 100.000 microempresas, sólo cerca de un 50% tiene deudas, lo que indicaría que el problema central no es necesariamente el sobreendeudamiento, sino más bien la viabilidad que tienen como empresas.



Para explicar esto, quizás convenga ir de lleno al tercer argumento, el favorito de la derecha y de los "especialistas" Pro-Pymes, pero que es a su vez el que devela, me parece a mí, la no siempre "nobleza" de la causa Pymes: la rebaja del impuesto de timbres y estampillas.



¿Ä„Son los impuestos, estúpido..!?



Convengamos de partida que tan sólo aludiendo a su nombre: "timbres y estampillas", el cual no puede evitar ocultar el hálito burocrático que le dio origen, tal impuesto debería ser considerado para su derogación. El punto, sin embargo, acá es el siguiente: ¿ayudaría ello a las Pymes?



La respuesta a esta interrogante es simple. La derogación de un impuesto al trámite como del que hablamos (se paga cada vez que uno refinancia un crédito y se cambia de banco), que engrasa el proceso de constitución de microempresas y parte de sus procesos productivos y de comercialización, ciertamente ayudaría a los empeñados en constituir y mantener nuevas Pymes, no hay duda en ello. Sin embargo, y debido a que una rebaja de impuestos nos afecta a todos, la pregunta atingente ahora es ¿qué tipo de Pymes se beneficiarían?



Los sospechosos de siempre...



En ello, y tras la euforia, me temo aparecería la constancia de que las Pymes beneficiadas no serían muy distintas a las que hoy acceden a tal estatus de "competitivas".



Es que el problema central de las Pymes -en Chile, pero no necesariamente en otras latitudes- está en su propio carácter de Pyme. Esto es, en ser funcionalmente concebidas como unidades externas proveedora de bienes y servicios, que incrustadas en una estructura productiva mayor, dominada por las grandes empresas a las que sirven, parecen condenadas a ser su eslabón más débil.



Entendámonos bien, aunque las Pymes mejoren su liquidez, su acceso al crédito, sus niveles de inversión y se aliviane su cartera de deudas, si se mantienen atadas a una estructura productiva que refuerza su precariedad, están condenadas a que tal Prometeo, sus hígados sean eternamente devoradas por el águila de Zeus.



Mas aún, sólo el acceso de la Pymes a una cadena productiva y/o de comercialización más virtuosa es lo que permitiría disminuir la alta tasa de mortalidad que hoy día exhiben (cerca del 15% anual) y eventualmente expiar su pecado inconfeso, del que nadie habla: las precarias condiciones de trabajo y remuneración que mantienen y que posibilita su rentabilidad, - el lado agrio del negocio que los grandes no quieren hacerse cargo y externalizan.



A manera de propuesta....



Las cadenas productivas y de comercialización virtuosas no aparecen de la nada y pocas son generadas a partir de las lógicas "invisibles" del mercado, menos aún en un país periférico como el nuestro.



Lamento decirlo, pero para ello no hay otro camino que elegir sectores de fomento (pick up winners), en donde el perfil del beneficiado -las Pymes- se dibuje tras la ecuación: tipo de desarrollo que se quiera promover versus oportunidades que existan para ello en el mercado global (para evitar voluntarismo).



Veamos un ejemplo. Hoy en la Unión Europea cualquier empresa chilena puede acceder en igualdad de condiciones al mercado de las "compras públicas" (que provee bienes y servicios al sector público).



Un mercado que da la posibilidad a las Pymes de acceder a una cadena de comercialización más virtuosa, que se salte a las grandes empresas locales. Mas aún, una cadena que posibilitaría la exportación de servicios (software educativos, por ejemplo) -el viejo sueño de agregar valor agregado a nuestras exportaciones- y esbozar, por tanto, la idea de "un desarrollo sustentado desde los pequeños".



¿El problema? Para conquistar tales mercados no bastan las oportunidades, como lo grafica el hecho que de las hoy cerca de 3.300 Pymes exportadoras (Pymex), un escaso número ha logrado acceder a ellos.



Se requiere algo más. La receta en esto no es nueva, mas aún, es constantemente practicada, para espanto de los neoliberales criollos, por diversos países del orbe. Supone la aprobación (previo debate amplio) de planes de fomento que vayan más allá de "ferias internacionales de promoción", y que apunten en verdad al desarrollo de programas integrales de financiamiento dirigidos a sectores específicos de las Pymes (Grant scheme le llaman en Inglaterra).



El resultado hay que decirlo para quien no lo haya ya advertido, no será necesariamente la promoción de la Pymes que hoy día existen, sino las que se quiera -como país- que existan (incluido en ello, a las que cumplan con estándares laborales y medioambientales adecuados). ¿O no es acaso este el verdadero y noble sentido de la causa Pymes, una causa que como otras adquiere su valía cuando es coherente al tipo de desarrollo que más necesite el "país de a pie", y no como se adivina ocurre hoy, sólo siga siendo funcional a la jugosa estructura productiva de los grandes empresarios?



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Ricardo Camargo es Abogado y Master en Ciencia Política (U. de Chile), Master of International Studies (University of Otago, New Zealand), Candidato a Doctor en Politics (University of Sheffield, United Kingdom) y Honorary Fellow del Political Economy Research Centre, University of Sheffield.

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