Editorial: El Papa en Brasil - El Mostrador

Miércoles, 22 de noviembre de 2017 Actualizado a las 19:20

Editorial: El Papa en Brasil

por 15 mayo, 2007

La comparación era inevitable. El primer viaje de Benedicto XVI a América Latina entraba en pública competencia con las visitas que hiciera Juan Pablo II a nuestro continente. No existe duda: el Papa Wojtila ganó por goleada. El jerarca polaco poseía un carisma mediático del que carece su docto sucesor. Su fervor, su entusiasmo, encendían a las masas. No es el caso de Benedicto XVI cuyo talante más reflexivo ha suministrado más doctrina que espectáculo. Algunos vaticanólogos consideran que el Papa Ratzinger no conectó con las grandes audiencias brasileñas, pero sí con los obispos, que en su inmensa mayoría tienen la marca conservadora de Juan Pablo II.



En cuanto a los contenidos conceptuales de la visita, lo primero que interesa destacar es la insistencia de Benedicto XVI en que el fundamento del catolicismo es la fe en Cristo y no la adhesión a un sistema ideológico, moral o político determinado. Partiendo de este supuesto, al que agrega un explícito llamado de atención contra las ideologías racionalistas, desarrolla una argumentación que insiste en la piedad como lugar de encuentro con el "Cristo Vivo" y en la obediencia dentro de una escala jerárquica que parte en Dios, pasa por el Sumo Pontífice, los obispos y termina en los fieles, como forma de fidelidad a Jesús.



En ese orden de cosas, el Papa establece como "método" con el cual la Iglesia Católica debe resolver sus diferencias, uno en que "los jefes de la Iglesia discuten y se enfrentan, siempre en actitud de religiosa escucha de la Palabra de Cristo en el Espíritu Santo". El papel de los teólogos y las comunidades es relegado así a un plano de subordinación a la autoridad obispal, dándose con ello una continuidad con lo enunciado por Juan Pablo II.



Enseguida, llama la atención el modelo de Iglesia que parece derivarse de las afirmaciones del Papa en Brasil. En un país en que proliferan con fecundidad tropical las iglesias cristianas no católicas, se señalan como principales destinatarios del nuevo impulso evangelizador a los "católicos que abandonan la vida eclesial". Al respecto, no parece que se apunte a la recuperación numérica sino que más bien a una mejoría de la "calidad" de los fieles. Una identidad más precisa, que sea capaz de resistir las fuertes presiones, especialmente culturales, a que se ve enfrentado el catolicismo hoy.



En el ámbito de la política propiamente tal, el Papa parte nuevamente del fundamento de la fe: si bien los grandes problemas sociales son estructurales, "las estructuras justas sonÂ… una condición indispensable para una sociedad justa, pero no nacen ni funcionan sin un consenso moral de la sociedad sobre los valores fundamentales y sobre la necesidad de vivir estos valores con las necesarias renuncias, incluso contra el interés personal". Además, señala el Papa: "donde Dios está ausenteÂ… estos valores no se muestran con toda su fuerza, ni se produce un consenso sobre ellos. No quiero decir que los no creyentes no puedan vivir una moralidad elevada y ejemplar; digo solamente que una sociedad en la que Dios está ausente no encuentra el consenso necesario sobre los valores morales y la fuerza para vivir según la pauta de estos valores, aun contra los propios intereses". Y, agrega que la Iglesia Católica es la principal depositaria de estos valores y está llamada a enseñarlos y defenderlos desde la neutralidad política.



¿Debe leerse todo lo anterior como un llamado a un ensimismamiento del tipo arca de Noé, o por el contrario, a consolidar para después avanzar? ¿Cómo se compatibiliza todo lo expuesto con el llamado a una nueva evangelización, palabra esta última que en América Latina evoca una actitud no de repliegue, por ordenado que sea, sino de despliegue y de cierta tolerancia a los sincretismos? Por ahora las respuestas a esas preguntas no son claras, pero sí puede afirmarse que para Benedicto XVI es necesaria una depuración y espiritualización de la iglesia, que en materia política y social, consistirá en "alumbrar desde arriba" y que no habrá relajación de la jerarquía.



La V Conferencia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que ha comenzado a celebrarse en Aparecida, tendrá que matizar las propuestas papales. Lo que resulta cierto es que la marca conservadora de Juan Pablo II continúa y que la Iglesia de Benedicto XVI no está dispuesta a afrontar los cambios disciplinares y culturales que los grupos más progresistas desde hace muchos años están demandando.

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