Santiago sin retorno 10 - El Mostrador

lunes, 23 de abril de 2018 Actualizado a las 03:05

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Santiago sin retorno 10

por 5 junio, 2007

Habiendo comenzado de nuevo la temporada anual del smog, seremos majaderos en declarar por décimo año consecutivo que la situación no tiene vuelta. Eso, por supuesto, si se mantienen las condiciones de fondo. Para entender lo anterior hay que entender al smog, una cuestión compleja que junta, entre otras cosas, factores geográficos y climáticos ineludibles, con tecnología equivocada, con deterioro ambiental territorial y por supuesto con políticas erradas.



Los componentes del smog se pueden clasificar por los tóxicos abundantes que posee, por ejemplo es el polvo finísimo que está en todos lados, que los vehículos revuelven, que vuela y se precipita todos los días, pero son tóxicos también, los hidrocarburos volátiles policíclicos, sobre los cuales no tenemos control alguno. Además, está la humedad, el frío, las cocinas, las estufas a leña, gas o parafina y, por supuesto, los millones de motores de combustión interna que se encargan de condimentar constantemente la mezcla con hollín, agua, monóxido, dióxido de carbono, hidrocarburos volátiles y tóxico ozono.



La problemática del polvo tiene algunas soluciones interesantes, donde la mejor para Santiago es desarrollar un gigantesco esfuerzo para cumplir con unos 10 m cuadrados de área verde por habitante y generar un enorme cinturón verde en torno a la megápolis. Sería indispensable eso si, detener la nefasta expansión de la ciudad. Hasta aquí son algunas cosas factibles hasta viables, si se tiene solidez política y cierta impermeabilidad a la presión de las grandes inmobiliarias.



De lo que no hay salida cercana es a nuestro enorme consumo de hidrocarburos, todos nuestros combustibles, desde la leña, el gas natural y todos los derivados del petróleo, se queman e inevitablemente contaminan y mucho. Cocinamos, calefaccionamos, nos transportamos y producimos con máquinas a fuego de carbono. Aquí no hay restricción que valga, todo este humo junto con la mala ventilación de invierno es inevitable. Mientras se quemen combustibles Santiago con smog invernal no tiene retorno.



Este año más encima se lanzó el Transantiago, sin comentarios, que hizo aumentar significativamente la flota de autos nuevos y viejos que salieron a rodar, también se acabó para siempre el gas natural argentino, por lo que la generación termoeléctrica dentro de la cuenca, se hace con combustibles aun más contaminantes que el propio gas. La situación no solo no tiene vuelta, si no que evidentemente la empeoramos.



De paso, la capital de Chile sobrepasa los seis millones y medio de habitantes, lo que arroja una contundente medida de los emisores y a su vez de las victimas. A esto se suma el calentamiento global que provocará un grado más de desertificación en Santiago, menos lluvias, más polvo, menos verde.



Para decirlo por décima vez, la única salida de un Santiago que no se expanda, es que todo calentamiento doméstico e industrial más el transporte sea eléctrico, altamente eficiente, con electricidad producida, por favor, fuera de la cuenca. Es un futuro posible, pero para eso debe dejar de mandar aquí el petróleo y el motor de combustión interna.



Pedro Serrano, presidente Fundación Terram

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