Para saber y comprar… y no saber votar - El Mostrador

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Para saber y comprar... y no saber votar

por 8 julio, 2007

Hace unos días atrás, observando lo que mi sobrina de 12 años y en sexto básico en un colegio municipalizado, estaba estudiando me sorprendí. Ella me explicaba, con lujo de detalles, las características, limitaciones e implicancias de la forma en como los cheques eran extendidos: "este cheque está cruzado y sólo puede ser depositado para ser cobrado, este otro está al portador, el otro abierto, tal se puede endosar". Mi sorpresa no era mayor, yo de cheques sólo supe años después de estar titulado.



Entonces, pensé la de veces que uno asume las cosas y no reflexiona sobre los detalles, que no descansa en ellos lo suficiente para sopesar la dimensión real de las cosas.



No era esta una divagación menor. Pensé en lo que se estaba aprendiendo en las salas de clases y como cambiaban las cosas. Bien, pensé, por lo menos se está acorde con los tiempos.



Sin embargo, la conformidad duró poco cuando me acordé que desde hace años las clases de Educación Cívica fueron eliminadas del currículum impartido en las aulas de nuestro país. Y pensé, entonces, que no era raro que los jóvenes se movieran con más facilidad en el mundo de vender y comprar que en el de opinar y decidir.



No tengo nada en contra de que nuestros niños y jóvenes sean instruidos en los avatares del mercado. Que cuenten con las herramientas adecuadas para desenvolverse en un ámbito que, para muchos, hace unos años atrás, estaba lleno de códigos de privilegiados.



Pero no me puede provocar sino recelo el hecho que los valores ciudadanos sean confiados al criterio o sentido común, que según un amigo es el "menos común de los sentidos", de unos cuantos.



Me explico, desde hace ya unos años el Ministerio de Educación modificó y eliminó lo que, tradicionalmente, conocemos como "clases de educación cívica"; insertando éstos contenidos en la totalidad del currículum e indicando que las conductas que se esperaban conseguir con ellos debían ser medidos, a la hora de evaluar, la consecución de los objetivos transversales.



En buen cristiano esto significa que conductas como respetar la opinión ajena, valorar el diálogo y la resolución pacífica de los conflictos, valorar la tolerancia y la participación universal e igualitaria en las decisiones del conjunto, etc. Podían ser inculcadas, y bastaba con eso, por los profesores de otras asignaturas, como biología, matemáticas o física.



Por supuesto que es de esperar que los docentes de esas asignaturas apliquen, aunque dudo que midan, esas conductas en su ejercicio profesional y en la convivencia dentro de la sala de clase. Pero ello no me garantiza que la dimensión ciudadana esté jerarquizada adecuadamente en el mundo escolar.



¿Por qué?, muy simple. Padres, apoderados y alumnos, e incluso los mismos profesores, sienten que a la escuela se va a aprender aquello que se mide. Es decir, lo más relevante es aquello que se expresa en una nota y el promedio de las mismas; promedio que, muchas veces, trae consecuencias nefastas para su futuro. Todo lo anterior fue ratificado en el diseño de la actual PSU, que ensambla sus parámetros de medición en la malla de contenidos entregados en los cuatro años de enseñanza media.



La formación, entonces, esa romántica y discursiva, francamente, se la lleva el viento. Es subvalorada y no incide en las mediciones finales de los resultados obtenidos por los alumnos.



Este no es un tema nuevo, comisiones especiales, presididas por destacados opinantes del medio nacional, han aconsejado cambios en este sentido. Sin embargo, ello no ha significado cambios y la marginación de la formación de ciudadanos sigue presente.



Ya en las movilizaciones estudiantiles del año pasado esta era una materia demandada, pero no ha sido escuchada. No es menester que haya sido incluida en algunas de las dos reformas sustanciales que se debaten hoy en el Parlamento; requieren, más bien, de cambios que están al alcance de la autoridad administrativa por medio de un decreto.





A este ritmo tendremos ciudadanos que actúen con más certezas cuando tengan un cheque frente de ellos y completa desazón cuando sostengan una papeleta de sufragios entre sus manos.



Transformar aspectos de esta naturaleza no son ni cosméticos ni menores. Apuntan al tipo de sociedad que queremos, una dialogante, democrática, tolerante y abierta a la convivencia pacífica.



En algún momento, tarde o temprano, los hombres y mujeres se dan cuenta que no basta con el saber para vender y comprar; se dan cuenta que hay algo más allá, personas que pueden ofrecer sueños, ideas, que no tienen precio. Entonces, cuando se enfrenten a esa disyuntiva, no bastara que metan la mano al bolsillo y acudan a la chequera. ¿Tendremos que esperar a eso para que ellos por sí solos empiecen a aprender?. ¿Dónde habrá quedado la responsabilidad de aquellos que por estos días algo tenemos que decir?.



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Waldo Carrasco. Profesor de Historia y Geografía. Consejero Nacional Partido por la Democracia (PPD).

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