Nueva oportunidad - El Mostrador

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Nueva oportunidad

por 22 julio, 2007

La vida. El mundo. La sociedad. Todo o casi todo ofrece nuevas oportunidades. Y hoy puede ser un buen momento para que aquellas ideas que quedaron en el olvido, que fueron absorbidas en momentos que el mundo ofrecía dos opciones o que fueron mal interpretadas, tomen su verdadero lugar y se conviertan en una posibilidad concreta para poder vivir de manera más libre y afectuosa. ¿A qué me refiero? A las ideas anarquistas o libertarias que, si bien aún marginalmente, se hacen fuerte en las vidas de muchos jóvenes y adultos de este territorio y de otros espacios en le planeta.



No hablo de aquellos que por moda o simple imitación repiten slogan, como frases aprendidas, o aquellos que la estética los lleva a parecer, más que a ser personas que realmente hacen suyas las ideas anarquistas. También corresponde aprovecha la oportunidad para desmitificar la palabra y sacarle toda la carga negativa que por años le han asignados los dueños del poder, los medios de comunicación y todos quienes han querido siempre hacer desaparecer la idea de una sociedad construida en base a la libertad, a la igualdad y donde el respeto mutuo sea un eje central. Siempre ha primado la imagen de los atentados, de los asaltos, de la idea de caos y de un desorden generalizado. Nada más lejano al espíritu y la idea que tiene un su origen el anarquismo.



Si tuviéramos que elegir una idea que resumiera lo central de esta ideología, se puede encontrar en lo expresado por Mijail Bakunin cuando, refiriéndose a la Comuna de París, se identificó a sí mismo como: "un amante fanático de la libertad, considero que es la única condición bajo la cual la inteligencia, la dignidad y la felicidad humana pueden desarrollarse y crecer; (...) yo me refiero a la única clase de libertad que merece tal nombre, la libertad que consiste en el completo desarrollo de todas las capacidades materiales, intelectuales y morales que permanecen latentes en cada persona; libertad que no conoce más restricciones que aquellas que vienen determinadas por las leyes de nuestra propia naturaleza individual, y que no pueden ser consideradas propiamente restricciones, puesto que no se trata de leyes impuestas por un legislador externo, ya se halle a la par o por encima de nosotros, sino que son inmanentes e inherentes a nosotros mismos, constituyendo la propia base de nuestro ser material, intelectual y moral: no nos limitan sino que son las condiciones reales e inmediatas de nuestra libertad".



Cuando planteaba que las ideas anarquistas habían quedado sumergidas en el olvido, me remontaba a la Guerra Civil española, momento clave para el movimiento anarquista europeo, pero a la vez, ése fue un momento en que las ideas libertarias parecieron haber entrado en hibernación, salvo con la excepción de mayo de 1968. Pero, como dice el pensador radical -y a veces lingüista- Noam Chomsky, el anarquismo tiene una espalda muy ancha y es capaz de soportar mucho sobre ellas, lo que le ha permitido retomar su relevancia en estos últimos años.



Eso en parte por algo que el propio Chomsky apunta: "Lo que yo siempre he entendido como esencia del anarquismo es la convicción de que se debe plantear a la autoridad una prueba de asunción de responsabilidad, y que ésta (la autoridad) debe desmantelarse si no puede lograr esa asunción de responsabilidad". Y el siglo que pasó, más los pocos años que hemos tragado de éste, no hacen más que saltar la pregunta sobre la "asunción de responsabilidad" de nuestras autoridades.



Por eso hoy, como dice el historiador Luis Vitale: "bajo el llamado neoliberalismo ha surgido un nuevo anarquismoÂ… que rescata de sus ancestros ideológicos el sentido libertario de la vida como respuesta a las formas autoritarias de los aparatos del Estado contemporáneo, atentatorio de la libertad individual y colectiva de las y los oprimidos".



Entonces, el anarquismo ¿es sólo una bella utopía, una idea hermosa pero impracticable? Sería fácil de pensar eso, ya que puede parecer que el anarquismo es la ideología que menos práctica ha enfrentado, aunque en ciertos momentos históricos uno puede identificar los conceptos básicos de este pensamiento puestos en práctica. Pero mirando el mundo actual, pareciera que necesitamos buscar otras alternativas para la sobrevivencia, y desenterrar a Joseph Proudhon, a Bakunin y otros pensadores que permitan reanimar la confianza en el futuro, y le muestren al mundo que la libre empresa no es la única ideología.





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Jordi Berenguer. Periodista

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