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Editorial: El deporte nacional, tarea pendiente

por 1 agosto, 2007

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Lo que ocurre con el deporte nacional no es consecuencia de alguna idea -materializada- proveniente del Gobierno. Hace años que el Ejecutivo perdió la brújula en materias relacionadas con esta política sectorial, hasta transformarse en un verdadero outsider en materia deportiva. Excepto para prestar los balcones de La Moneda cuando hay algo que celebrar.



Esta brecha alcanzó rango de problema con la aprobación de la Ley que transformó la antigua Digeder en el actual Chiledeportes, con rango de Subsecretaría, en el Ministerio Secretaría General de Gobierno, durante el gobierno de Ricardo Lagos. Si la institución poco o nada tenía que ver con el Ministerio de Defensa, su antigua dependencia, menos aún tiene relación con la cartera que lleva la vocería del gobierno. Su destino natural está más vinculado a Educación o, derechamente, a ser un ministerio autónomo.



Este extravío de las autoridades políticas, y la ausencia de un plan sistemático para crear una base nacional de recreación y deporte, hacen que no resulte extraño la ausencia de políticas públicas de largo plazo, el descontrol administrativo expresado en actos de corrupción, o los bochornos reiterados de La Moneda a la hora de designar la autoridad máxima de la institución.



Pocos asuntos, como el deporte, interesan a casi la totalidad de la población, sea por recreación, salud o competición y -por lo mismo- merece una atención más prolija y equilibrada de parte de las autoridades. Definiciones precisas de ámbitos, población relevante, espacio territorial en el cual se organiza y líneas de fomento a desarrollarse.



Atendida la diversidad entre regiones, la organización del deporte debería tener un primer corte organizativo a nivel macrorregional. Ello permitiría profundizar en determinados deportes con reconocimiento olímpico, sobre la base de las ventajas y adhesiones regionales, como la pesca submarina, el canotaje y otros.



En segundo lugar, se requiere distinguir claramente entre tres tipos de actividad deportiva, cuya organización es muy diferente: la educación y recreación deportiva; el deporte de competición, amateur o profesional, y el deporte de alto rendimiento.



El deporte como base educativa y recreativa nacional requiere de un tipo especial de organización, programas y fomento. Tiene en la infraestructura escolar y de barrios el ámbito de excelencia para una sociabilidad vinculada al ocio creativo. Es la cantera de la práctica deportiva nacional y del mejoramiento de la salud de la población. No existe ninguna razón, excepto la falta de imaginación, para que parte del dinero gastado en infraestructura para la jornada escolar completa no se haya invertido en centros deportivos y gimnasios que sirvieran a dos o tres comunas, o a grupos de establecimientos educacionales asociados con tal fin.



Por su parte, el deporte de competición, amateur o profesional, tiene una lógica diferente. Aquí siempre - y preferentemente- hay auspiciadores, terceros que asumen pagos, e ingresos propios. Y las reglas deben ser más cercanas a la industria de la entretención deportiva, los auspicios comerciales y las actividades de lucro, con reglas de financiamiento y fomento mucho más estrictas, aunque siempre en una lógica de programas de base regional, en primer lugar, y desde ese nivel pasar a una competición nacional.



Por último, el deporte de alto rendimiento es un capítulo aparte, que en Chile es altamente deficitario, empezando por la medicina deportiva. La formación de un deportista de alto rendimiento consume una enorme cantidad de recursos y precisa de un tipo de competición que la organización interna del país no es capaz de brindar. Empezando por los niveles de exigencia promedio del nivel inmediatamente anterior. Requiere buscar talentos y realizar apuestas de inversión que son siempre de alto riesgo y requieren de asociación público-privada.



El gobierno ha designado su cuarto director de Chiledeportes en siete meses, esta vez un destacado ex futbolista. Es cierto que la práctica de un deporte constituye un buen principio para acercarse a la realidad. Pero las falencias deportivas de Chile son más profundas que eso. Tienen una fuerte distorsión en la falta de política, de programas, y al clientelismo político.



Por esto, resulta relevante que el Gobierno, a través de su nuevo Subsecretario, se atreva a aprovechar el resto de su mandato y genere una política pública deportiva, con programas adecuados, elimine la tentación clientelista que tocará una vez más a su puerta para las próximas elecciones, y ofrezca -además de construir estadios o postular a mundiales- ideas precisas y claras.





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