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Ataque al edificio Diego Portales

por 17 agosto, 2007

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En su edición del domingo 12 de Agosto de 2007, El Mercurio dedica una extensa crónica al edificio Diego Portales, incluyendo duras críticas de algunos arquitectos. El tema vuelve a la actualidad a raíz de la reciente convocatoria al Concurso Internacional de Anteproyectos de Arquitectura para la restauración del Centro Cultural Gabriela Mistral, nombre que recupera el edificio conocido hasta ahora como Diego Portales. Al respecto me permito formular las siguientes consideraciones:



La obra concitó el elogio generalizado tanto de los ciudadanos comunes como de nuestros colegas, desde que fue inaugurada en abril de 1972. Los tres mil delegados extranjeros que concurrieron a la Tercera Asamblea Mundial de la UNCTAD quedaron admirados por la belleza y las instalaciones del edificio, que permitieron un desarrollo exitoso de la mencionada asamblea.



Meses más tarde, en septiembre del mismo año, tuvo lugar en Chile una exposición internacional de la Vivienda llamada VIEXPO, que se montó en un pabellón especial diseñado para tales efectos al interior de la Quinta Normal. Este evento se complementó con una serie de reuniones efectuadas en la UNCTAD con participación de arquitectos y profesionales de la construcción provenientes de numerosos países, todos los cuales manifestaron su entusiasmo por la arquitectura del edificio.



Una vez concluidas las obras, el colega Héctor Valdés Phillips, presidente del Colegio de Arquitectos de Chile, emitió una declaración a nombre de su Consejo General, de la cual extractamos los siguientes párrafos:



"Jamás se habría pensado que una obra de esta naturaleza, de sus características especiales y complejas, podría realizarse en un plazo tan breve. En este aspecto solo cabe concluir que la operación UNCTAD constituyó un éxito rotundo, sin precedentes en Chile, éxito por el que los arquitectos autores del proyecto y directores de las obras se han hecho merecedores a las felicitaciones mas justificadas".



"Deseo hacer presente en estas línea -y lo hago con profunda satisfacción como Arquitecto y Presidente del Consejo- es otro aspecto del proceso de proyección y construcción de los edificios UNCTAD, tal vez el mas significativo para el gremio, el mas aleccionador. Y es el único aspecto al cual los propios Arquitectos de la obra no querrán nunca referirse, porque se trata nada menos que de su conducta profesional, de la actitud o del "estilo"• con que actuaron desde el primer instante, factor fundamental del exitoso proceso que merece y debe ser destacado aún cuando ellos prefieran seguramente por modestia, lo contrario".



"Ciertamente los arquitectos que proyectaron y dirigieron las construcciones para UNCTAD III, por habernos dado el hermoso ejemplo de su capacidad de organización y de trabajo, de su espíritu de sacrificio, de comprensión y de respeto mutuo, de su alto nivel de competencia y de capacidad profesional, se han ganado limpiamente y sin buscarlo el reconocimiento público de todos sus colegas. Y para mí es extraordinariamente grato expresárselo, sin nombrarlos, en nombre del Consejo General del Colegio de Arquitectos de Chile".




Con motivo de la Feria anual que tiene lugar en la ciudad de Kassel, Alemania, la prestigiosa publicación internacional Documenta Magazines, incluyó en su edición NÅŸ 12 aparecida durante enero de este año, un extenso artículo sobre el Edificio Diego Portales, con ocasión del cual su director don Georg Schňllhammer nos envió una carta que entre otros aspectos señala lo siguiente:



"Este edificio, conocido hoy día como Diego Portales, es, sin lugar a dudas, una de las contribuciones mas importantes de Chile al modernismo en América Latina, constituyéndose en testimonio de un momento ejemplar de la planificación urbana y de la innovación en el siglo veinte. Junto al extraordinario valor arquitectónico del edificio, es de primerísima importancia subrayar su significación histórica, política y cultural. La singular historia de este proyecto, se revela como un raro caso de realización colectiva entre el Estado Chileno y su pueblo".

A partir de junio de 1972 y hasta el golpe militar, el edificio tomó el nombre de Centro Cultural Metropolitano Gabriela Mistral, generando un atractivo popular impresionante. Recordemos que el proyecto de arquitectura concibió la placa como un Centro abierto, un puente de comunicación utilizado por el público para cruzar sin restricciones desde la Alameda hasta el Parque Forestal, o desde la calle Lastarria hacia los patios interiores.



El casino se convirtió en el principal recinto de autoservicio de la capital, llegando a servir hasta 5.000 raciones diarias de almuerzo. El patio posterior, adyacente a calle Villavicencio y expansión natural del casino, congregaba a toda hora la actuación de grupos musicales informales o simples solistas, a aficionados de la pantomima, a recitadores, payadores, o a grupos de jóvenes platicando libremente en sus jardines.



Las salas interiores eran solicitadas por agrupaciones artísticas consagradas o aficionadas, y se multiplicaron las exposiciones de todo orden, asambleas culturales, sociales o políticas, conferencias y seminarios, exhibiciones de cine y representaciones teatrales, dando vida a una explosión cultural inédita en Chile. Finalmente, recordemos que se habilitaron espacios para servicios como oficinas bancarias, de correos, de turismo, kioscos de venta de periódicos y librerías.



Podemos afirmar con certeza, que el pueblo hizo suyo este edificio, haciendo realidad el propósito expresado por el presidente Allende, en el sentido de poner la cultura al alcance popular.



El edificio constituyó un modelo de integración de arte y arquitectura como nunca antes ni después se ha conocido en Chile. Los artistas no se limitaron a colgar sus telas, sino que participaron en el diseño de las puertas y lámparas, en los revestimientos de muros y pavimentos, en la claraboya de la plazoleta de acceso, en el mobiliario y en los tiradores de las puertas. También artesanos mimbreros y bordadoras de tapices se integraron a esta explosión creadora, que dio vida a una obra de un colorido indescriptible. Pasearse por la UNCTAD se transformó en una opción preferente de los santiaguinos.

Destruida La Moneda, la Junta Militar ocupó el Centro Cultural Gabriela Mistral como casa de gobierno, cambiando su destino, y su nombre, con lo que -de paso- infirió un agravio gratuito a nuestra Premio Nóbel de Literatura.



El gobierno militar acabó de una plumada con la intensa actividad cultural que tenía lugar en el edificio, e intervino radicalmente su arquitectura. Se blindaron los pisos superiores de la torre, se enrejó todo su contorno haciendo imposible la libre circulación de las personas. Se eliminaron los cristales que comunicaban visualmente la Alameda con la planta baja del edificio, siendo sustituidos por herméticos muros de ladrillo. Desaparecieron la mayoría de las obras de arte, y otras fueron destruidas, tal como la escultura metálica que adornaba la fuente de agua hacia Villavicencio ejecutada por Carlos Ortúzar, o la placa de piedra grabada por el escultor Samuel Roman, que dejaba testimonio de la construcción del edificio como un esfuerzo colectivo de obreros, artesanos, profesionales y artistas.



La cultura fue usurpada por las armas. El edificio fue masacrado y separado de su pueblo, y así permaneció durante todo el período de la dictadura, situación que desgraciadamente se mantiene hasta ahora.

Juzgar una obra de arquitectura hoy día ignorando su origen y su destino es una frivolidad. Olvidar las agresiones cometidas contra sus espacios transparentes y contra su noble destino original, es tan injusto como inaceptable.



Me resulta inconcebible leer las opiniones del colega Mathias Klotz al sostener textualmente: "lamento que en el incendio no se haya quemado completoÂ…desgraciadamente llegaron los bomberos."



Un arquitecto, por añadidura director de una Escuela de Arquitectura, no puede expresar de ningún edificio semejante barbaridad, por muy desagradable que pudiera parecerle.



Un juicio análogo formula el Premio Nacional de Arquitectura Christian de Groote, que aboga derechamente por la demolición total del edificio, haciéndose cómplice -de hecho- con quienes propician acabar con la obra más emblemática del Presidente Allende. Olvidarla de la memoria histórica, tal como se ha intentado con la desaparición de las personas.



Me sorprende la afirmación de Cristián Boza, al calificar el edificio como "una gran plataforma lineal, de suyo fea". Ocurre que nuestro colega participó en el equipo que diseñó el pabellón para la VIEXPO que he mencionado en este mismo texto, integrándose entusiasmado a este evento. Compartimos actividades en diversas ocasiones, y Boza me expresó personalmente, su admiración por el edificio de la UNCTAD. Jamás le escuché entonces algún juicio crítico. ClaroÂ… han transcurrido 35 años, y el joven profesional del 72, hizo carrera destacada al servicio de la elite criolla o de las compañías multinacionales, y ahora se suma al carro de los detractores para complacer a sus actuales clientes.

Nosotros arquitectos no diseñamos contenedores vacíos. Proyectamos los espacios para que seres humanos con nombres y apellidos los disfruten o los sufran si es que no atinamos a satisfacer sus demandas.



A quienes han formulado juicios tan descalificadores respecto al Centro Cultural Gabriela Mistral, sólo les deseo que algún día puedan experimentar con alguna de sus obras, el mismo orgullo que sentimos los que tuvimos el honor de asumir esta verdadera proeza en la historia de la arquitectura chilena.



Nos complace constatar que la convocatoria al presente Concurso de Anteproyectos es muy respetuosa del pasado del Centro Cultural Gabriela Mistral, y estimula ese espíritu creador que nos animó ayer a nosotros, teniendo presente los cambios experimentados con el transcurso de los años por las diferentes disciplinas artísticas y culturales, así como las posibilidades que abren las innovaciones tecnológicas y el desarrollo de los nuevos recursos materiales.



No tengo dudas que los arquitectos chilenos sabrán materializar en sus propuestas, los legítimos sueños de las nuevas generaciones, recuperando para el ciudadano común un espacio que nunca debió haber perdido.

________





(*) Miguel Lawner, arquitecto. Ex director ejecutivo de CORMU durante el gobierno del Presidente Allende. Ex director nacional y vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Chile

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