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PS: ¿Renovación, acomodo o regresión?

por 25 agosto, 2007

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En una reciente columna de opinión, mi amigo Jorge Arrate plantea una interrogante muy de fondo, aunque yo creo incompleta respecto del Partido Socialista, además de respuestas que estimo sesgadas e insuficientes para esas interrogantes.



¿Se ha renovado el Partido Socialista? La respuesta formal, tomando como base los acuerdos de sus congresos, así como la política de alianzas que ha mantenido en estos últimos 20 años y su propia participación en los gobiernos de coalición en que ha participado y los que ha encabezado, permitiría responder afirmativamente, comolo hace Arrate, dicha interrogante.



Pero la renovación del socialismo apunta mucho más allá de asumir la democracia como el espacio y límite de nuestra acción política, así como la insuficiencia de la vieja y fructífera alianza de la izquierda (alianza de clase) como eje de un proyecto transformador. A diferencia de lo que plantea Jorge Arrate, la renovación socialista, más que abrir un destacado espacio a los contingentes cristianos, lo que asumió es que el camino para la construcción de sociedades más justas, igualitarias y libertarias, no pasaba por el "asalto al palacio de invierno" ni por la revolución, que combinara diversas formas de lucha, sino por un proceso continuo de reformas, sostenidas por coaliciones de mayorías, a través de métodos democráticos y que en nuestro país, así como en muchos otros, sólo es posible en la alianza del centro y la izquierda.



El proceso de renovación que viviera un sector del llamado socialismo histórico, en conjunto con las nuevas vertientes surgidas en la década de los setenta (MAPU, IC, MIR y sectores del Partido Radical) le permitió al integrado Partido Socialista de Chile (1985) constituirse no sólo en la única fuerza de izquierda que jugara un rol protagónico en la recuperación democrática sino un actor central de la transición y una gravitante fuerza de gobierno en estos 16 años.



Claramente, tanto la recuperación de la democracia como el propio proceso de transición y los 16 años en que el país ha sido gobernado por esta coalición de centro izquierda, admiten más de un claroscuro y en eso no puedo estar más de acuerdo con Jorge Arrate. Ni la autocomplacencia ni la renuncia a la autocrítica severa y sistemática, son consistentes con el espíritu y la esencia misma del socialismo.



De allí a sostener que los socialistas se han acomodado o se han rendido a las fuerzas del mercado, como sostiene Carlos Altamirano y el propio Arrate, o que el gobierno de Ricardo Lagos fue "un buen gobierno de centro derecha", media un abismo, independientemente que algunos socialistas, muy pocos en verdad, se hallan "ultrarrenovados", confundan roles partidarios y empresariales privados o incursionen en actividades de lobby. La inmensa mayoría del partido, sus dirigentes y militantes mantienen la fidelidad con los principios fundamentales del socialismo (no todos, por desgracia, con la renovación) y comparten el inconformismo y la autocrítica por las deficiencias e insuficiencias con el proceso que hemos contribuido a desarrollar y el tipo de sociedad que emerge tras estos 16 años y los profundos y veloces cambios que han convulsionado al mundo, buscando afanosamente los caminos de rectificación en un escenario complejo y difícil, marcado por un cuadro de deterioro de la actividad política y una derecha que no termina de hacer sus cuentas con la democracia.



Una vez que las administraciones concertacionistas han logrado más que duplicar el ingreso per cápita del país, reducir la pobreza a menos de un tercio desde 1990 y mejorar todos y cada uno de sus índices sociales, el tema de la extrema desigualdad en la distribución del ingreso se pone en el centro de las preocupaciones no sólo de la actual coalición de gobierno y la actual administración, sino de la Iglesia Católica y de los propios trabajadores, que han retomado el camino de la movilización tras sus justas demandas.



Pese a sus innegables éxitos y el reconocimiento internacional, Chile sigue siendo un país precario, con una educación y salud pública de mala calidad, con una línea de pobreza muy modesta, con extremas desigualdades en la distribución del ingreso y muchas otras carencias que nos sitúan en el inconformismo no sólo a los socialistas sino a la inmensa mayoría de la Concertación.



Sin embargo, no parece justo cobrar a los socialistas la cuenta por la injusta exclusión de una parte de la izquierda del sistema político o la auto exclusión de la mitad de los ciudadanos. El Partido Socialista ha mantenido una posición de principios en esta materia, impulsando la reforma del actual sistema binominal por uno que asegure una proporcionalidad, independientemente que mantuvimos posturas contrapuestas respecto de los caminos para recuperar la democracia y como asegurar la gobernabilidad de la democracia con el Partido Comunista y la llamada izquierda extraparlamentaria. Luchar por el fin de las exclusiones es muy distinto a postular la incorporación de este sector a la actual alianza de centro izquierda o reformular nuestra política de alianzas, como parecen insinuar algunos sectores partidarios y que refiere a un debate mucho mas de fondo no sólo sobre alianzas políticas sino sobre el programa político del Partido de cara al futuro y el bloque de mayorías que se requiere para viabilizarlo.



En relación a los jóvenes que no están inscritos en los registros electorales fue el Presidente Ricardo Lagos el que propuso el sistema de inscripción automática y voto voluntario.





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Marcelo Contreras N. Periodista

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