Salarios justos: ¿Más subsidios o mejor mercado? - El Mostrador

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Salarios justos: ¿Más subsidios o mejor mercado?

por 31 agosto, 2007

La invitación a pagar salarios éticos ha vuelto la atención sobre los deprimidos salarios promedio y qué hacer para mejorarlos. La solución depende de responder porqué son tan bajos los salarios medios en Chile.



Los economistas responderán sin vacilar que ello se debe a la baja productividad promedio del trabajo, por ende, se paga poco. Me explico. La mayoría de los economistas afirman que el salario individual depende únicamente de la productividad del trabajo que se paga. En consecuencia, al contratar un trabajador, los empleadores pagarán sólo el salario que retribuya su productividad. Pero como no es posible saber a priori cuán bueno o malo será el trabajador que se contrata, la solución es pagarle "el salario de mercado", es decir, el salario promedio que se paga en general para esa función. Si el trabajador no era bueno, salió beneficiado por el salario del mercado; si era muy bueno, de nada le valió su esfuerzo y entrega.



Aquí es donde los economistas se esmeran en afirmar que operan en el mercado incentivos generosos para premiar a los buenos trabajadores: pueden obtener empleos con mejores salarios y existen remuneraciones variables que premian el mejor trabajo; más productividad se paga mejor. Por añadidura, mientras más crezca la economía, dicen, habrá más empleos y mejores salarios.



Pero en realidad no suele ser así. Entre 1990 y 2006 el PIB chileno no ha dejado de crecer, pero los salarios medios sólo se han multiplicado en 1.5 veces (CASEN). El crecimiento tira más fuerte a los salarios más altos y a las utilidades empresariales que a los salarios medios. El "salario de mercado" ha sido conservador al trasladar el crecimiento económico a las remuneraciones medias.



A su vez, la obtención de mejores empleos no depende sólo de un buen desempeño laboral -especialmente en Chile, donde características personales, familiares o sociales son más determinantes que los méritos profesionales-. Además, las remuneraciones variables más frecuentes no premian la productividad sino el mayor tiempo de trabajo (sobre sueldo) y la mayor intensidad del trabajo (comisiones, bonos por producción, trato). Las empresas chilenas, especialmente las más grandes, prefieren remunerar por más cantidad de trabajo y no por mejor calidad del trabajo; las posibilidades de obtener un mayor salario suelen depender casi exclusivamente de la dedicación más intensa y más prolongada al trabajo. De hecho, la porción de remuneración variable es mayor en trabajadores de baja calificación o bajo posicionamiento y, en cambio, la remuneración fija prima entre los profesionales y directivos superiores (Encuesta de Remuneraciones INE). En definitiva, la variabilidad salarial en Chile no premia al capital humano sino el aumento de la carga trabajo.



La simpatía empresarial por las remuneraciones variables no incluye a la gratificación, remuneración que varía según los resultados de la empresa; ésta no premia la cantidad de trabajo ni el tiempo trabajado, sino que es proporcional a los resultados de la empresa. Lo esencial, aquí, es que se trata de una remuneración distributiva, cuya vocación de repartir los beneficios que resultan de la combinación entre capital y trabajo la ha excluido del debate sobre flexibilidad laboral. La opinión de los grandes gremios empresariales es favorable a que los salarios varíen, pero sólo por rendimiento y tiempo trabajado, no por los resultados de la empresa.



En la actualidad, las empresas tienen dos fórmulas legales para dar gratificaciones: pagar el 30% de las utilidades líquidas o pagar el 25% de las remuneraciones mensuales devengadas por cada trabajador en el año, con un límite de 4,75 ingresos mínimos mensuales. Esta modalidad es la adoptada por más del 70% de las empresas y permite a las que logran más utilidades, pagar proporcionalmente menos gratificación. Es una gratificación regresiva: a mayor utilidad, proporcionalmente menor gratificación. Gracias a esta norma el "salario de mercado" es independiente de las utilidades empresariales.



Como se ve, en realidad las deprimidas remuneraciones medias en Chile reflejan un "salario de mercado" que no crece igual que la economía, premia más el esfuerzo que la calidad y es insensible a las utilidades de las empresas. ¿Qué hacer?



Los liberales chilenos parecen tener más fe en los subsidios públicos que en el buen funcionamiento del mercado: antes que corregir el mercado de trabajo para que efectivamente pague a los trabajadores conforme el aporte que hacen a las empresas, prefieren que el estado financie subsidios públicos familiares. El mercado, parecen creer, no puede pagar mejores salarios medios; debe ser el Estado el que financie mejores ingresos familiares. Las empresas -parecen decir estos liberales- no pueden tener más responsabilidades para con sus trabajadores. El Estado debe reorientar su gasto en subsidios directos para los trabajadores de bajos salarios, aun cuando sigan trabajando para sus empleadores. En esta opción, los empleadores no deben solidarizar con sus trabajadores sino debe hacerlo el Estado reorientando el gasto público: el financiamiento en salud, educación, previsión y vivienda deberá solidarizar con subsidios a los bajos salarios.



Sin embargo, existe otra posibilidad: que el mercado laboral efectivamente se abra a aumentar los salarios medios, para que las personas que trabajan obtengan mayores beneficios por su subordinación y obediencia a empleadores privados. Eso se puede lograr mediante mecanismos laborales de redistribución: condiciones salariales y laborales iguales para trabajadores directos y subcontratados que hagan la misma faena, sincerar la gratificación para que se pague conforme a los resultados efectivos de las empresas y revitalizar la negociación colectiva para que el crecimiento económico beneficie también a los trabajadores. En esta opción la creación de riqueza se asocia a asumir co-responsabilidades empresariales y laborales, y no sólo a tender la mano hacia el Estado.

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