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Unos pocos bancos (y fondos) no es nada...todavía

por 27 septiembre, 2007

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Aparentemente, las alteraciones financieras desatadas mundialmente por la crisis hipotecaria de Estados Unidos han sido contenidas. Son pocos los fondos que han debido cerrar y ningún banco. Las pérdidas financieras manifiestas son muy limitadas. Las intervenciones de los bancos centrales más poderosos del mundo son interpretadas como exitosas y "responsables". Sin embargo, ni sus propios presidentes han descartado la posibilidad que la situación se agrave. Es que más allá de la falta de liquidez, incluso de los bancos privados más grandes, se está incubando una crisis estructural del conjunto de relaciones financieras y monetarias de la economía global.



La razón está quedando cada vez más en evidencia. Salvo una excepción, las dificultades actuales no han sido desatadas por desconfianza del público depositante, sino por la de los propios bancos y fondos. Estos se están cortando el agua entre ellos, con fuerte participación de las agencias de calificación de riesgos. Supuestamente ha disminuido así la propensión al riesgo. Pero este mayor cuidado no es voluntario ni producto de una mayor racionalidad. Lo está imponiendo el comportamiento de un mercado complejo e intransparente.



Lejos de tratarse sólo de una crisis de créditos hipotecarios, que por sus dimensiones potenciales ya basta para hacer temblar el sistema financiero global, los problemas actuales han afectado todos los mercados de crédito "securitizado". Este crédito es aquel basado en el refinanciamiento de créditos al público (empresas, hogares, estados) mediante la emisión de papeles comercializados en mercados especializados. Como ya indicara Henry Kaufman hace muchos años, la securitización del crédito ha sido la base de la expansión económica global durante los decenios pasados. Pero también ha causado un tremendo aumento de los riesgos y la intransparencia de las relaciones crediticias mundiales. La tan mentada "exuberancia irracional" de los mercados financieros es su producto.



Durante las semanas pasadas, la contracción del crédito del mercado de dinero de corto plazo ha sido cuantiosa, y muy superior a las pérdidas anunciadas por los fondos y bancos en sus operaciones hipotecarias. Esto está demostrando que los inversionistas institucionales (bancos, fondos, seguros) no sólo están temiendo el impago de los papeles securitizados en base a créditos hipotecarios, sino también a muchos otros. Ello es expresión de una desconfianza respecto de todo el sistema de securitización de créditos.



Con la crisis hipotecaria se ha derrumbado una teoría que ha sustentado por mucho tiempo la lógica comercial de fondos y otros inversionistas institucionales. La teoría es que los diversos segmentos del mercado de créditos securitizados no se verían nunca afectados simultáneamente por dificultades de pago. Al suceder exactamente lo contrario, muchos modelos computacionales que utilizan los inversionistas institucionales han quedado obsoletos. Pero el problema no se soluciona reprogramándolos. Antes habrá que descubrir la teoría adecuada para hacerlo.



Para ello no basta con considerar las formas actuales en las que las diversas instancias financieras del mundo globalizado se otorgan crédito entre sí. Además, es necesario tomar en cuenta que la totalidad de las actividades productivas dependen del funcionamiento del crédito securitizado. Este es el resultado de lo que algunos investigadores han denominado la "financialización" de la economía. Se trata de un concepto que une los fenómenos monetarios con el mundo "real" de la economía mundial, es decir, las inversiones, la producción, el empleo y los ingresos. Aunque el concepto constituye una especie de eslabón perdido de la teoría económica predominante, es completamente ignorado por ella.



La financialización de la economía mundial hace ilusoria la idea de una recuperación "autónoma" de las inversiones y del consumo, sin que antes se solucione la crisis crediticia y de los mercados de créditos securitizados. Al revés, tampoco habrá solución de ésta, sin que antes vuelvan a crecer sustancialmente las inversiones, el consumo y los ingresos.



Con sus intervenciones, los bancos centrales han logrado evitar, hasta ahora, el cierre y/o quiebra masiva de fondos y bancos. Pero para evitar que la crisis siga su curso habría que intervenir toda la cadena de financialización económica mundial. No hay banco central, ni siquiera estado capaz de hacerlo. Ni tampoco hay en vista los mecanismos de coordinación global que se requerirían para ello. Por último, faltan las concepciones políticas. Lo más probable es, pues, que veamos agravarse la situación financiera y con ello la coyuntura económica mundial.



*Economista y politólogo

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