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Los investigadores en ascuas

por 27 octubre, 2007

La reciente publicación del presupuesto 2008 para nuevos proyectos FONDECYT ha saltado la alarma en los círculos científicos nacionales porque no se esperaba una reducción que en términos reales sería del 20%.



No se esperaba por muchos motivos. Hace años que se informa que nuestro gasto en investigación y desarrollo (I+D) es muy bajo, tanto en términos del gasto per cápita como de su proporción respecto del PIB. Chile gasta menos del 0.7% de su PIB en I+D; los países más desarrollados gastan por sobre el 2%. Chile se está integrando al mundo bajo un modelo económico de ventanas abiertas de par en par como se aprecia por el bajo nivel de sus aranceles y los múltiples tratados de libre comercio firmados desde la llegada de la democracia.



Con un precio del cobre por las nubes, nadie podría decir que estamos en un período de vacas flacas; al contrario, y por tanto es tiempo de sembrar para poder cosechar más adelante. ¿Si no sembramos ahora, cuándo sembraremos? Si la ciencia y la tecnología han sido la fuerza conductora del bienestar social en los países desarrollados, cómo explica nuestro parlamento esta reducción presupuestaria incomprensible.



Año a año nuestras exportaciones aumentan, pero la estructura de ellas sigue basándose en recursos naturales sin mayor valor agregado, esto es, sin mayor conocimiento, sin conocimiento "encapsulado". Salmones, frutas, maderas, cobre. Todo esto en bruto, a lo más empaquetado, refrigerado. Incluso exportamos madera en chips, desmenuzada, molida. Ä„Capaz que vuelva convertida en muebles importados!



Los procesos de innovación no pueden ser atribuidos al espíritu santo, como tampoco son fruto solo de un ambiente proclive a ella, en que todos nos pongamos a innovar de la noche a la mañana. La innovación es la resultante de un encadenamiento de procesos que se inicia con I+D en ciencia y tecnología, y ella solo tiene lugar si contamos con personal capacitado para investigar. No cualquiera investiga, por lo tanto no cualquiera innova, puesto que para investigar se requiere disciplina, conocimiento, haber sido entrenado en el método científico, y tener conocimientos acabados junto a una santa paciencia. Sus resultados científicos tienden a expresarse en publicaciones, modalidad de rendición de cuentas para que sean sometidos al escrutinio de los pares. Cuando estos resultados tienen un potencial comercial, en vez de publicarse suelen patentarse, mecanismo que posibilita la recuperación del esfuerzo y la inversión realizada.



Para pasar a la famosa segunda fase de desarrollo, caracterizada por la exportación de bienes y servicios con mejores precios, necesariamente tenemos que modificar nuestra matriz exportadora, y ello solo lo lograremos con más capital humano avanzado, esto es, más doctores y/o investigadores, con más proyectos, con más laboratorios, capaces de generar nuevos conocimientos e incorporarlos en la cadena productiva nacional. Y tanto su formación, como el desarrollo de su tarea investigativa, demandan la disponibilidad de recursos. Los resultados no son visibles en el corto plazo, pero debemos partir ya si no queremos quedarnos empozados en el subdesarrollo.



Por ello los investigadores chilenos se han visto sorprendidos y a la luz de la información disponible, no alcanzan a comprender la lógica subyacente en esta reducción presupuestaria. Acá pareciera que una vez más, entre lo urgente y lo importante, nos inclinamos por lo urgente, posponiendo lo importante, esto es, chuteando la pelota para más adelante. Total, son unos pocos miles de investigadores los afectados. Como si el resto de la ciudadanía no se viera afectado. Pan para hoy, hambre para mañana.



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