¿Lavín o Ibáñez?: Contrapunto de política-ficción - El Mostrador

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¿Lavín o Ibáñez?: Contrapunto de política-ficción

por 29 octubre, 2007

Dicen que la historia no se repite, que a lo más pueden producirse analogías. Otros afirman que el drama vuelve a la vida como comedia. También existen los análisis prospectivos para explorar el futuro, pero estos requieren tendencias identificables, perspectivas en base a algo cierto. ¿Donde o cuando se juntan el pasado y el porvenir?.



¿Qué pretende Lavín declarándose bacheletista-aliancista: hacer un gran gesto cívico o impulsar una astuta operación de reposicionamiento que anuncia una nueva candidatura presidencial?. La política actual, llena de preguntas y callejones sin salida da para iniciativas audaces y un liderazgo pragmático, con un perfil independiente y un discurso superador de divisiones, cae bien en vastos sectores de la población.



Hace tiempo que los partidos representan poco o casi nada. El ciudadano de a pie siente que es sujeto cotidiano de abusos y que su opinión no cuenta. Reconoce los avances de los últimos años y valora la estabilidad. No quiere revoluciones, sino oportunidades. Pero estas no llegan y se va juntando el desencanto y el mal humor. ¿Hasta cuando?



En 1938 comenzó el período de hegemonía del Partido Radical, con el Frente Popular primero y en combinaciones de distinto signo después. Fueron catorce años de relativa calma y desarrollo dirigidos por la clase media y sus representantes, pasando por la segunda guerra mundial, la industrialización y la ampliación de la democracia a los grupos urbanos emergentes. En 1952 los chilenos querían un cambio y el país requería de transformaciones profundas en el campo y la ciudad. Sin embargo, a pesar de que la guerra fría dividía al mundo en dos campos ideológicos irreconciliables, todavía no había llegado el momento de los proyectos excluyentes y bastaba con oxigenar las instituciones.



Y llegó el General Ibáñez con su escoba para limpiar la administración pública de los corruptos y los apitutados. Antiguo dictador, don Carlos se convirtió en la esperanza de algo distinto sin traumas, en orden, apegado a la legalidad y por encima de facciones políticas crecientemente deslegitimadas. Se había convertido en un símbolo de la unidad nacional, al que seguían movimientos sociales poco estructurados, inspirados por el carisma de un militar autoritario y populista, a la vez que con fama de honrado y eficiente.



El ibañismo barrió con los radicales, que no recuperaron nunca más la mayoría perdida, respetó y hasta fortaleció la democracia, pero no pudo responder a las expectativas, su base de apoyo se fue desintegrando y terminó en el descrédito por no haber resuelto ninguno de los grandes problemas que afectaban a Chile.



El sistema de partidos se recompuso y nació la Democracia Cristiana, nuevo centro de características diametralmente distintas al Partido Radical, ya que se constituyó como alternativa más que como articulador de derechas e izquierdas, convirtiéndose en el eje de la política nacional hasta nuestros días.

Joaquín Lavín se presenta hoy con un discurso más integrador, lejos de la tesis del desalojo. Ha logrado desplazar a Piñera hacia el sector más extremo de la derecha y suaviza su imagen dejando atrás su pasado pinochetista. El ex "gallo de pelea" está mutando hacia una especie de Sarkozy criollo, que intenta romper el escenario del no que todavía divide a los chilenos y donde la derecha siempre pierde, por poco, pero pierde.



Con un universo electoral congelado en 1988, sin que la mayoría de los jóvenes se inscriban para votar y con un sistema como el binominal, la tendencia es a mantener los equilibrios. En todo caso, lo más probable es que la Concertación gane nuevamente la municipal, sobre todo si hace un acuerdo con los comunistas, y en las parlamentarias del 2009 no se observan mayores variaciones con respecto al 2005. Los inconvenientes pueden darse en la presidencial, ya que el actual oficialismo no atina a reinventarse y puede llevar varios candidatos.



Entonces, la opción es una plataforma amplia por sobre las facciones partidistas. La UDI ya entendió y apoya, aunque no lo demuestra porque se rompe el encantamiento. Si todo resulta, puede darse una situación donde un Presidente en minoría no consiga gobernar, por lo que la jugada magistral sería convocar a una gestión de unidad nacional, con medio gabinete para la Concertación, una de esas ofertas que es muy difícil rechazar, a pesar de eventuales divisiones, cerrándose el círculo oligárquico que ha caracterizado a la política nacional desde la transición.

Sin embargo, difícilmente tal opción estaría capacitada para enfrentar los grandes desafíos que tiene nuestro país. En este escenario no parece factible profundizar la democracia; promulgar una nueva Constitución; terminar con el binominal; promover relaciones laborales equilibradas; fortalecer la sociedad civil; mejorar sustantivamente el reparto de la riqueza; establecer una educación pública gratuita y de buena calidad; impulsar la apertura cultural, el pleno respeto a los derechos humanos, la descentralización y una inserción política internacional activa y con perfil progresista, entre otros aspectos.



En la práctica, el modelo mantendría sus deficiencias estructurales y al final del período repetiríamos la historia, encontrándonos con la frustración del fracaso y una crisis sistémica con pronóstico reservado.



¿Exageración, ficción delirante o apuesta posible?. El tiempo y las circunstancias lo dirán, aunque aun podemos evitarlo, transformando una realidad que no tiene porqué ser irremediable.



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Cristián Fuentes V. Cientista Político

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