C17H21NO4: ¿el verdadero embrujo de Roma? - El Mostrador

Jueves, 23 de noviembre de 2017 Actualizado a las 04:29

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C17H21NO4: ¿el verdadero embrujo de Roma?

por 21 enero, 2008

No hace mucho los italianos se encontraban realizando sus rutinarias y lateras pruebas al aire de Roma, las mismas que aquí en Chile se efectúan cada día durante los meses de invierno y que dejan a pie a miles de automovilistas por restricción al dígito tal o cual, con o sin convertidor catalítico.



En fin, los exámenes al aire de Roma arrojaron las consiguientes cantidades rutinarias de polen, toda suerte de predecibles partículas en suspensión, una buena cantidad del terrible y cancerígeno benzopireno, junto a toda laya de gases de combustión de motores. Hasta ahí más de lo mismo. Nada nuevo.



Pero de pronto, algo llamó poderosamente la atención de los investigadores: la aparición de la extraña molécula C17H21NO4. ¿Qué demonios era esta nueva sustancia que flotaba en el aire de la vieja ciudad de los emperadores y los papas? Se analizó la misteriosa y nueva presencia y bien rápido se descubrió que se trataba, nada menos, que de clorhidrato de cocaína.



Y olvídense aquí de la vieja monserga de los mitos urbanos o los chismes de café, la información fue entregada por el prestigioso Consejo Nacional de Investigación, que especificó que sus mayores concentraciones fueron halladas en el centro de Roma, especialmente en las inmediaciones de
la Universidad de La Sapienza.



¿Cómo será el rendimiento de esos "contaminados" estudiantes? La investigación agrega que la mayor concentración de cocaína en Roma se produce en los meses de invierno, cuando llega a 0,1 nanogramo por metro cúbico de aire.



Esta contaminación por coca, según algunos deslenguados, ayudaría a acrecentar la fascinación de los turistas por la vieja ciudad e incidiría enérgicamente en el ánimo de sus expansivos y locuaces habitantes. Y sería, por otra parte, la causa primordial por la que la gente siempre quiere volver a esa polucionada y adictiva urbe una y otra vez.



No imaginamos de dónde puede flotar tanta cocaína en el aire romano. ¿Será a causa de un consumo muy despreocupado de los adictos romanos que desperdician mucha en cada toma nasal de la llamada "maldición del inca"? ¿A mucho trasvasije de traficantes que la reciben allí y la redistribuyen, luego de cortarla con un laxante infantil, a todo el este de Europa?



Vaya cualquiera a saber el por qué de este raro fenómeno atmosférico narcótico. Lo notable del asunto es por primera vez en la historia del mundo se verifica en una ciudad "contaminación por jales". ¿Señal de prosperidad?, ¿señal de decadencia?, ¿un apocalíptico signo de los tiempos?



Da igual: lo único seguro es que hoy, el que respira en Roma, quiéralo o no, se está esnifando, en cada resuello, una dosis nada despreciable de la llamada "caspa del diablo", en forma totalmente gratuita, incluyendo, por cierto, a Benedicto XVI y su corte de purpurados y guardias suizos.

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