Después de Nevada: ¿Clinton u Obama? - El Mostrador

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Después de Nevada: ¿Clinton u Obama?

por 21 enero, 2008

En las asambleas demócratas de Nevada, Clinton se impuso a Obama por una clara mayoría, 51% a 45%, con una alta participación ciudadana, 12 veces más que en 2004, y con un alto porcentaje de votantes mujeres, 59%. La diferencia la logró principalmente entre los latinos, 52% a 34%, que nunca han tenido una estrecha relación con los afroamericanos, y en las mujeres, con porcentajes similares a los de New Hampshire, 51% a 38%.



La popularidad de ambos candidatos es sorprendente, en el siglo XX habrían sido inviables. Clinton sería la primera mujer y Obama el primer afroamericano presidente de los Estados Unidos. Los dos proclaman que el sexo y la raza deben estar fuera de la campaña y los ciudadanos elegir por sus programas; pero es difícil olvidar su identidad personal.



Clinton, además, en poco se distingue de políticos varones experimentados. Como su marido, es una enciclopedia. Si se le plantea un problema tiene siempre una solución de cinco puntos fundada en tres razones. Es también bastante dura en los debates y cuando se vio sorprendida por la votación de Obama respondió con triquiñuelas no muy limpias (de pronto se resaltó que el nombre completo de su rival es Barack Husein Obama, su padre keniano era musulmán).



Obama no es un político típico afroamericano, que en su acción y discurso represente a ese sector. No es descendiente de esclavos, nació en Hawaii y estudió la primaria en Indonesia. Hace suya la religión civil de su país, una secularización del calvinismo de los colonos de Nueva Inglaterra, como muchos afuerinos del mundo WASP (blanco, anglosajón y protestante) que domina la cultura norteamericana. El mismo camino lo siguieron el católico Kennedy y el líder afroamericano Martin Luther King. Somos un solo pueblo, dice, las divisiones nos hicieron perder el camino, y nos redimiremos al volver a unirnos. Todos los norteamericanos, que provienen de los cuatro rincones del planeta, serán los protagonistas de este cambio, Ä„Sí, se puede!, una clásica jeremiada política inspirada en la Biblia. Y así su mensaje conjuga la mitología norteamericana con los contrastes de su propio origen y vida y de la de muchos de sus conciudadanos.



El discurso de Clinton, en cambio, es una especie de catecismo del liberalismo social de su país. Se ubica en la línea posmoderna de las microtendencias y del fin de las ideologías. La población estaría segmentada y preferiría soluciones concretas a problemas específicos e ideas razonables a utopías o esquemas grandiosos. Y el elemento que las aglutinaría sería la competencia y la experiencia, un enfoque tecnocrático más que político.



Ambos discursos tienen problemas. En el mundo atomizado de Clinton hay contradicciones, y es difícil compatibilizarlas a través de la "técnica". Bill Clinton lo logró con su calidez y simpatía personal, de las cuales carece Hillary Clinton, quien a veces más bien parece guiada por asesores políticos en el rol del mago de Oz. A los cruzados, como Obama, la mera retórica es insuficiente y se les pregunta por el camino a seguir, y no basta contestar: con el protagonismo ciudadano. Los programas de ambos candidatos se han acercado al precisarse durante estas disputadas primarias.



Obama desde un comienzo anunció que retiraría lo antes posible las tropas de Irak y para ello negociaría con todos sus vecinos, incluso Irán. Bill Clinton calificó esa posición, durante la campaña de las primarias de New Hampshire, de "cuento de hadas", pero, ante la reacción de los dirigentes afroamericanos, debió rápidamente retroceder y hoy la candidata parece haber flexibilizado su posición al respecto.



Cuando la crisis económica pasó al primer plano durante los últimos días, Clinton presentó un programa de estímulo económico, que contó con la aprobación de los economistas progresistas. Propuso una rebaja de los impuestos a las rentas de hasta cierto tope, mediante una devolución, más inyecciones de dinero federal a los estados para aumentar los montos de los seguros de cesantía y de las estampillas para comprar alimentos que subvencionan a los indigentes. Como también, franquicias tributarias a las inversiones en ahorro de energía y en el desarrollo de las renovables. El de Obama, más conservador en un comienzo, sólo tributario, se alineó con el de Clinton.



Respecto del futuro, la competencia entre ambos candidatos seguiría estrecha, aunque Clinton con algo más de posibilidades. La máquina política demócrata es formidable y ha sido aceitada por los Clinton desde hace años. En Nevada, por ejemplo, el principal sindicato, el hotelero, apoyó a Obama, pero como era novato en estas lides, no pudo disciplinar a sus miembros hispanos, en especial a las mujeres, que en su mayoría se inclinaron por Clinton. Y tanto las mujeres como los hispanos, inmigrantes recientes que no han sido "norteamericanizados", son esencialmente pragmáticos.



Todo indica que el nuevo presidente será un demócrata. Y prueba de ello es que los precandidatos de ambos partidos han hecho suya la consigna de Obama, Ä„Cambio!, aunque no está siempre claro en qué dirección.



El gran problema que enfrentan Clinton y Obama es una campaña aviesa que divorcie a dos de los grandes movimientos del Partido Demócrata, el por los derechos de la mujer y el por los derechos civiles. Cierto es que han estado unidos desde el siglo XIX, pero no exentos de conflictos. Sólo si se produjera ese rompimiento, se abriría la puerta para un candidato del hasta ahora dividido y vapuleado Partido Republicano.



Iván Auger es consultor internacional

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