Editorial: El poder de las regiones - El Mostrador

Jueves, 23 de noviembre de 2017 Actualizado a las 17:31

Editorial: El poder de las regiones

por 29 enero, 2008

En su intervención en el acto inaugural de la Escuela de Verano organizada por los Centros de Estudio de los partidos de la Concertación, la Presidenta Michelle Bachelet fue explícita en otorgar a la elección municipal de octubre el significado de un plebiscito de su gobierno.



Posteriormente, ya en Punta de Tralca, al referirse a los desafíos y perspectivas de la elección municipal del 2008, los cuatro secretarios generales de los partidos que componen la coalición oficialista fueron enfáticos en sostener la necesidad de una sola campaña y en señalar los criterios de la acción conjunta: elaboración de programas de gobierno local, aspecto que anotaron como una deficiencia actual de la Concertación; flexibilización del criterio de continuidad por el de la selección del mejor candidato; generación de una lista única de concejales, y un amplio acuerdo electoral con el Partido Comunista que mejore las opciones de ambos.



Tal grado de precisión política indica que la atmósfera de fragmentación que viene experimentando la coalición de gobierno, particularmente en el ámbito parlamentario, ha generado una contrafuerza al interior de los partidos que, según estiman sus dirigentes, debiera expresarse de manera positiva en la elección municipal. Y que la ingeniería electoral del oficialismo esta vez podría trascender el simple cálculo de votos.



La preparación del escenario electoral de octubre tampoco se queda atrás en la Alianza. El candidato presidencial de RN, el empresario Sebastián Piñera, luego de una reunión en el sur con dirigentes de su partido, se apresta a iniciar en marzo una gira nacional con vistas a potenciar su opción, apoyado en los candidatos a alcaldes y concejales. Tiene claro que la campaña presidencial del 2009, o parte importante de ella, se juega ahora.



Tal escenario político, con una crisis notoria del binominalismo parlamentario y una ruptura de la frontera doctrinaria entre gobierno y oposición a través de la política de los grandes acuerdos formulada por la Presidenta Bachelet, transforma lo municipal en un bien político estratégico. Fundamentalmente en cuanto a la eventual aparición y consolidación de nuevas fuerzas políticas, que permitan una bisagra en el centro político nacional para desbancar a la Concertación.

Pero la tarea no es fácil, pues si bien es posible aventurar el debilitamiento político de la coalición gobernante, se requiere -además- construir una alternativa política a la que adscriban los descontentos de la nueva fórmula. Y lo que a simple vista se ve es que la Alianza tiene dificultades en ponerse de acuerdo, y el oficialismo, pese a que experimenta volatilidad en la adhesión ciudadana, no exhibe de manera clara una derrota política.



Es evidente, entonces, que el camino más cierto para la oposición es captar efectivamente el poder electoral de las regiones, lo que implicará un verdadero cuerpo a cuerpo político con la Concertación.



Una elección es un asunto de cálculo y proyección política, y la Concertación aún tiene importantes instrumentos de gestión nacional en sus manos para proyectar un cálculo conservadoramente optimista. Si es capaz de desarrollar una estrategia que informe de manera adecuada el mayor de sus logros, cual es, la reforma previsional, generará un impacto social capaz de soldar un enorme apoyo ciudadano. Y este es sólo uno de los temas que puede utilizar.



Para la oposición, en cambio, captar el poder electoral de las regiones implica ganar las municipales y luego transformar ese triunfo en poder político de segunda vuelta, es decir, apto para ganar las elecciones presidenciales. Esto no es fácil, pues a excepción del tema mapuche, el de la subcontratación laboral, y, en parte, el ambiental -que tienen dimensiones locales y nacionales al mismo tiempo-, el resto son temas muy diversos y puntuales, descontando, por cierto, los temas electorales consuetudinarios, como son la seguridad ciudadana y la corrupción.



De ahí que la orientación electoral de las regiones plantee la incógnita de eventualmente transformarse en el principio de disolución del actual sistema electoral, específicamente el binominalismo parlamentario, generando como resultado un cuadro de caudillos en la base de la sociedad local que de al traste con el poder de los grandes bloques políticos.

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