¿Por qué no lo hacemos en Chile? - El Mostrador

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¿Por qué no lo hacemos en Chile?

por 2 mayo, 2008

El 23 de abril de este año, la página web de Marine Harvest, la empresa más grande del mundo en la producción de salmón, con presencia en Noruega, Escocia y Chile, anunciaba que había llegado a un acuerdo con World Wide Fund For Nature (WWF), para una asociación de tres años destinada a reducir el impacto de la acuicultura sobre el medio ambiente y el sistema ecológico.



Esto era algo inédito en Noruega, tanto para WWF como para Marine Harvest y así se reconocía. Ente las cosas que se acordaban estaba la contratación de un especialista en conservación de WWF a tiempo completo, para trabajar mano a mano con la empresa privada, incluyendo el monitoreo de sus actividades en la producción salmonífera.



Lo anterior culminaba un período desastroso para Marine Harvest, afectada por un virus -el ISA- tanto en Noruega como en sus granjas acuícolas chilenas, al punto de cerrar varias faenas en el sur del país, tener que sacrificar millones de ejemplares de salmones, despedir cerca de dos mil personas y ganarse una imagen de empresa infectada y pródiga en el uso de antibióticos y químicos, particularmente donde había menos regulación al respecto, léase Chile.



La empresa pareció entender que parte de la solución de sus problemas pasaba por aumentar los mecanismos de verificación de sus actividades acuícolas. No bastaba con discursear sobre la impecabilidad de las intenciones y la legitimidad de los procesos; sintieron que debían dar acceso a quienes podían atestiguar empíricamente que aquéllo era verdadero. El comunicado de ese 23 de abril enfatiza la necesidad de que los hechos hablen sobre la producción de Marine Harvest, al señalar que: "Estamos formalizando nuestra cooperación con WWF-Noruega, a fin de aumentar la comprensión factual del negocio de la acuicultura", en palabras de Ase Aulie Michelet, Presidente del directorio de Marine Harvest.



¿Por qué ese modelo de voluntad de transparencia no se establece formalmente para empresas salmoneras chilenas, asociándose con entidades que garanticen no tener mayores incentivos para acomodarse o desatender sus posibilidades de supervisar que los impactos sobre el medio ambiente estén bajo control y sean consensuados? No es necesario, más aún lo creo contraproducente, que una relación de este tipo se inicie con acuerdos macro, entre la entidad asociada y una organización gremial de salmoneros. Ese tipo de acuerdos nunca levanta vuelo, porque siempre ronda el estímulo para oponer mayorías contra minorías, en caso de denuncias, que prontamente derivan en defensas corporativas generales, que dejan "la comprensión factual del negocio de la acuicultura" en punto muerto.



Para que el modelo funcione, la asociación debe ser con una empresa con nombre y apellido, que esté dispuesta a iniciar una relación que, sin duda, generará mayores niveles de apertura informativa y sus consiguientes riesgos, en haras de maximizar la posibilidad de que la imagen de la empresa esté vinculada a procesos legales localmente y aceptados mundialmente. Asociaciones de uno con uno, o de dos con uno, a escala de verificación efectiva y multiplicada todas las veces que sea necesario.



¿Hay razones para que una industria que se jacta -y con razón- de tener tecnología y management de punta en la materia no pueda vincularse con organizaciones serias, que las hay, y no mirar solamente cómo estas cosas se realizan en otras partes del mundo? ¿Basta la queja sempiterna y razonablemente evidenciada de ineficiencia regulatoria estatal, para que se inhabilite todo intento de visibilizar la transparencia más allá de conversaciones y seminarios entre iniciados del mismo sector? Hoy son muchas las posibilidades de establecer nexos vinculantes y visibles con entidades interesadas en el mismo entorno de la acuicultura sin fines de lucro, nacionales e internacionales, de alta reputación.



Lo de Marine Harvest y WWF es inédito en Noruega, pero la cooperación vinculante entre organizaciones sin fines de lucro y corporaciones privadas tiene varios ejemplos notables. Environmental Defense (ED) fue fundada hace 40 años por científicos preocupados por darle valor justamente a la base factual de los procesos productivos, y sobre todo a difundir que muchos de ellos conspiraban en el mediano y largo plazo contra la calidad de vida y salud de la población. Con base en Washington DC, Environmental Defense promueve desarrollar asociaciones técnicas con negocios privados, que permitan diseñar mutuamente los estándares de producción que garanticen la protección del negocio y del medio ambiente. Environmental Defense tiene o ha tenido partnerships activas con -entre otras- empresas como McDonalds (eliminación de antibióticos en los pollos), Federal Express (ED diseñó y propuso camiones de reparto híbridos, actualmente en funciones en 12 ciudades de EEUU), DuPont (actualmente testeando un Marco de Referencia diseñado por ED para reducir el potencial impacto nocivo de materiales nanotecnológicos). Bases técnicas diseñadas y monitoreadas por ED para la adquisición de mariscos y salmones son hoy utilizadas por gigantescas empresas de alimentos como Bon Appetit y Wegmans Food Market. Estas asociaciones y joint ventures han revitalizado las empresas privadas en su imagen y también volumen de negocios, a la vez que han educado a consumidores e influido políticas públicas en las respectivas materias.



Definir el problema



Tomemos un caso nacional distinto al salmón, para que no se crea que hay obsesión al respecto. Miremos a Endesa y los derechos de agua que dispone y pretende usar en la Décimo Primera Región. La situación es en extremo polémica, abarcando incluso una interpretación de Robert Kennedy Jr. sobre lo que le habría dicho la Presidenta Bachelet ("estoy en contra de las grandes represas"), versión desmentida por el vocero de gobierno, Francisco Vidal. En vez de intentar persuadir a congresistas a punta de lobby y negociar con el gobierno bajo un clima de amenaza de racionamiento de energía, ¿por qué no aprender de lecciones de otros países y transformar el hecho en un acto pedagógico y cultural de largo plazo? En el estado de California se aprendió de la crisis energética de hace una década que la gente cambiaba sus comportamientos de consumo en dos circunstancias: cuando la energía se acababa y cuando su precio subía enormemente. Ambas situaciones no contemplaban la anticipación de problemas ni el ahorro por racionalidad o resguardo ante futuros problemas. Reaccionaban ante la crisis, como se hace en Chile, y como una parte importante del empresariado energético y varios parlamentarios -de todas las bancadas- creen que se debiera responder ante la coyuntura actual: alterando la secuencia lógica. En vez de definir claramente cuál es el problema y cómo enfrentarlo se postula "hacer de tripas corazón" y mirar con menos detalle las consideraciones ecológicas o ambientales, porque la emergencia demanda reaccionar ya ante un inminente drama de racionamiento y escasez. Han habido varios que incluso han planteado que cuestionar modelos y procedimientos clásicos es un lujo propio de países industrializados, a lo que una nación económicamente emergente no puede ceder hasta alcanzar niveles competitivos de desarrollo.



El profesor de la Universidad de Harvard, Alan Trager, experto en asociaciones entre el mundo privado y el público, cree que Endesa y el gobierno de Chile tienen una posibilidad histórica. "La gente no percibe los problemas hasta que están metidos en ellos de pies y cabezas", dice Trager. Y agrega: "Lo que se necesita es promover el ahorro de energía, que da espacio para desarrollar proyectos, sin que se sienta que se están esquilmando los recursos de todos. En el caso de Endesa, en Chile, una buena idea sería que la empresa subsidiara las ampolletas de bajo consumo y las repartiera de acuerdo a un convenio con el gobierno, bajo el marco de una campaña nacional. Así se están pensando las cosas en materia de grandes proyectos en recursos naturales: lo primero es definir el problema y éste no es necesariamente la falta de recursos, sino el consumo irracional de los mismos. Es distinto decirle a las personas que inviertan su dinero en cambiar sus hábitos, anticipando un drama que no es posible todavía percibir, a decirle que pruebe con este producto que pongo a su disposición, para que vean cómo sus costos bajan considerablemente. Una vez que lo perciben empíricamente, no sólo cambia el patrón de conducta irracional, también se abre un espacio para que la siguiente represa sea ecológica y políticamente sustentable".



Cuando la fuerza de la ley o la crisis inevitable obliga a cambiar conductas, no solamente se ajustan éstas a un nuevo modelo de consumo. También se advierten por primera vez los beneficios del cambio. El diario The New York Times, en su edición del 27 de abril de este año, traía la noticia de cómo está avanzando la sustitución obligatoria por ley de todos los taxis de la ciudad en los próximos cinco años. En realidad la ordenanza señala que sólo podrán circular taxis que tengan una proporción de consumo de combustible de 30 millas por galón, alrededor de 13 kilómetros por litro. Hoy por hoy, sólo los automóviles denominados híbridos cumplen con esa meta, y ya un 7,8% de los taxis de Nueva York han sido cambiados a esa modalidad. Lo interesante es que el artículo registra la impresión de los dueños de los taxis cuando notaron cómo gastan un promedio de US$ 25 dólares menos por día en combustible. En la semana eso puede equivaler a un tercio o más del gasto en alimentos para una familia de ingreso medio. El beneficio vivenciado prácticamente ha convencido en forma muy rápida a los que se cambiaron que hicieron lo correcto, y el artículo señala que el "corre la voz" al respecto entre taxistas tiene saturados de pedidos a las marcas que ofrecen vehículos híbridos.



¿En qué momento se debe tomar una decisión de política de salud pública como ésta? ¿Cuando el agua nos está llegando al cuello? ¿Con quién vincularse para promoverla? ¿Acaso da lo mismo que sea fruto de un decreto supremo que de un consenso de intereses mutuos públicos y privados?



El peligro del encapsulamiento



Volviendo a los salmones, no creo que lo que hizo ED, Marine Harvest y WWF sea exclusividad del Primer Mundo, ligado a niveles de educación superiores o propios de una convivencia más civilizada. El mundo empresarial chileno de envergadura económica, en todas las áreas, tiene niveles altos de educación formal, equivalentes tramos de distribución de ingresos y suficiente conocimiento de sus mercados internacionales como para no necesitar escudarse en deficiencias educativas estructurales de país que no los abarcan. Esta debiera ser una iniciativa de empresa, por un común interés de patrimonio ecológico -base de su línea productiva- y con aspiraciones de mantener un negocio de obvias ventajas comparativas en ciclos de empresa nacional y no de empresa volátil o sujeta a los vaivenes de los gustos de moda.



Si la crítica es al regulador, quien va a hacer su trabajo -mal o bien- de todas maneras, entonces que la industria salmonera aumente su intención de transparentar un negocio del cual -si se aceptan sus razones- no tiene porqué sentirse culpable. Si el Estado no está a la altura, que se busque a la organización privada con calidad de inspección e idoneidad ética, para garantizar que las bases factuales del negocio están bien asentadas. La asociación entre particulares con miradas diversas, incluso a veces discrepante, pero con un mutuo interés en la explotación adecuada de un recurso escaso, también puede generar instituciones que funcionen en un país serio y pleno de jactancia empresarial. La alternativa es creer que no hay organizaciones dignas de respeto fuera del sector. Por lo que se hace lo que la conciencia indique, la ley obligue y los pares acuerden. Esa es la antesala del encapsulamiento que deriva en trabajar parapetado en defensas corporativas, crecientemente desconfiado del entorno social, gubernamental y empresarial del territorio, ensimismado en su rentabilidad y crecimiento histórico, pero incapaz de obtener la solidaridad y complicidad de quienes dudan de la industria a la hora de los salmones flacos (que siempre llegan), por no tener acceso "a una mejor comprensión factual del negocio de la acuicultura".



Las miradas de corto plazo, tanto del gobierno como de los empresarios, pueden ser fuente de riesgos mucho peores que una mala prensa por haberse descubierto malas prácticas. El agua es uno de los recursos que todos los estudios científicos advierten será un tema estratégico, incluso de seguridad nacional en los próximos años. En el caso chileno, el agua es el elemento que conecta sectores empresariales tan diversos como la generación eléctrica, el vino, los salmones de granja y la minería. Una eventual mala imagen del agua chilena como base de contaminación de productos de amplia venta en el exterior, o de polémica por su uso exclusivo para rentabilidades semi-monopólicas, sólo puede aumentar la fuente de problemas con un mercado consumidor cada vez más exigente en su estándares de calidad y prolongar en los productores locales las miradas paranoicas y recelosas de todo aquello que no sea pura incondicionalidad. (Sobre la mayor exigencia de los consumidores, hay que fijarse en la creciente diferenciación en los mercados europeos y estadounidenses entre Salmones Silvestres, Salmones de Granja orgánicos y Salmones de Granja No orgánicos, cada uno etiquetado en forma distinta y con distinto precio. En el caso de EE.UU., las recomendaciones de líderes de opinión en el ámbito alimenticio también apuntan en el mismo sentido de una mayor exigencia. Ver la reseña de Salon.com al nuevo libro de Taras Grescoe sobre cómo comer éticamente, recién salido del horno literario). http://www.salon.com/mwt/feature/2008/04/29/bottomfeeder/



"Pienso que alrededor del mundo donde se da este tipo de dificultades, en el caso de los empresarios serán sus hijos los que definan las nuevas bases de convivencia y explotación. Pero ellos sólo lo harán si sienten que sus gobiernos son un partner creíble y confiable. Por lo que la vinculación entre los sectores público y privado, en serio y con transparencia, es tarea impostergable. Y a la que el sector sin fines de lucro debiera ser invitado por mínima lógica, mutua conveniencia y sentido nacional", señala Alan Trager.



Un viejo proverbio ruso dice: "cruza el umbral de mi puerta y siente como se derrite el hielo". Los problemas no se terminan cuando se invita al crítico idóneo y responsable a ser parte de lo propio. Lo que finaliza es el aislamiento y la tentación de voluntarismo. Se acaba el falso consenso de medirse siempre con uno mismo. Y se abre la posibilidad de descubrir que hay mucha más gente -y más instituciones- que tienen un sincero interés en que te vaya bien.

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