Tira y afloja en Codelco: ¿cuál es mi cámara? - El Mostrador

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Tira y afloja en Codelco: ¿cuál es mi cámara?

por 5 mayo, 2008

El Gobierno entrega su irrestricto respaldo a Codelco en su esfuerzo por encausar la relación laboral de los trabajadores contratistas en el marco de sus empresas empleadoras. Pero el ministro del Trabajo considera, "a título personal", que Codelco debe intervenir y negociar. Arturo Martínez, presidente de la CUT, condena la violencia y el descontrol de movimiento de la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC), pero se ofrece para mediar en el conflicto. Cristián Cuevas, presidente de la CTC, dice que Codelco no cumple con la Ley de Subcontratación, pero anuncia que la Confederación que preside no depondrá su movilización si la estatal no se salta algunos "detalles" de dicha Ley y acepta negociar con trabajadores que no son parte de su dotación.



Al poco tiempo, el Gobierno hace una oferta. La conduce el Presidente de la CUT y la intermedia el ministro del Trabajo, que antes había sido acusado por su par de Interior de "inducir a la confusión" con sus declaraciones. La historia es, al menos, enredada. Lo que sucede es que es difícil, por no decir imposible, comprender la trama de este conflicto si no se matizan las declaraciones de sus actores con las agendas individuales de cada uno y el contexto en que éstas se desenvuelven.



En primer lugar digamos que el actual contexto político es una "sandía calada" para la Concertación, es decir sin mayoría legislativa que la obligue a una lineal y directa relación entre lo que dice y lo que hace. El breve lapso en que esto fue diferente, las rencillas y tiras y afloja de grupos, subgrupos, indios y caciques, se tomaron la escena y marcaron la tónica de las relaciones entre gobierno, partidos, parlamentarios y grupos de presión, al comienzo de la era Bachelet.



Este solo elemento, al que se suma la proximidad de elecciones diversas, ha teñido al segundo tiempo de una mayor inclinación hacia el espectáculo. No es raro, entonces, ver tantos tiros al centro de la cancha, pero con harta gambeta y parafernalia para la galería. Sin la presión por anotar, hay quienes optan por hablarle a su "público interno", con la tranquilidad que da el sentirse más evaluados por los lujitos que por los goles efectivamente marcados.



Por otra parte, para los dirigentes sindicales el 1° de mayo es algo así como "la madre de todas la batallas". Y este año, el presidente de la CUT llegaba opacado por briosos y carismáticos rostros nuevos, así como por movilizaciones reales que eclipsarían cualquier retórica de amenaza latente. Pero Martínez, viejo cuadro combatiente, llegó vestido de político: habló poco, claro y variado. Abordó desde la píldora del día después hasta el Código del Trabajo; condenó la violencia y llamó a la conformación de un nuevo "referente".



Cuevas, por su parte, irrumpió como líder de un movimiento llamativo y efectivo; saludó a la cámara, a los presentes y -como no- al ministro Andrade. Secretario de estado que venía de desayunar con la Presidenta, de recibir el apoyo de parlamentarios de su coalición, cámaras varias que lo convertirían en el indiscutido personaje de la semana.



No es casual. En Chile las noticias duran más menos eso, una semana. Para la que comienza los temas serían otros y el 1° de mayo, con toda su carga sindical, dará paso a la agenda propios del 21 del mismo mes, con toda su cantinela republicana. Había pues que desmontar el escenario. El problema es que se hizo tensando nuevamente la más delgada de las cuerdas del conflicto: las facultades de administración del presidente ejecutivo de Codelco.



Nutrido dilema, pues un conflicto que amenaza el orden público y la producción de la mayor empresa de Chile no es lo más adecuado para el rito del 21. Resistir y confrontar sólo hace crecer el pedestal sobre el que Cuevas se erige como líder y no parece viable pedirle que llame a volver a las funciones a trabajadores que, si bien han ayudado a la presencia e irrupción de su vocero en la escena política y mediática nacional, han visto también cómo otros trabajadores ya gozan de los beneficios que ellos piden para sí. Y sin derramar gasolina, tomarse los caminos, ni tirar piedras.



Entonces, la táctica del camarín: tirar la pelota al centro y distribuir pases entre los jugadores. El técnico le dice a Andrade que entre a la cancha (y salga de la sala de prensa un rato), éste toma la pelota y se la pasa a Martínez, quién la lleva con gracia hasta Cuevas; a éste no le toca un tiro fácil, debe conducirla hasta su cancha y convencer a los suyos de que metió un gol aunque la pelota no entró al arco.



Tras tanto esfuerzo, los jugadores deberán abandonar el campo de a uno, para que puedan recibir el aplauso del público y mirar a su cámara. Lo más importante hoy es saber cuál es la cámara.





*Camilo Feres es analista de temas económicos y laborales.

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