Clarín ¿firme contra el Gay? - El Mostrador

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Clarín ¿firme contra el Gay?

por 15 julio, 2008

Resulta evidente que el lenguaje más soez, más grosero y más homofóbico, emanó particularmente de Clarín, un popular periódico que se puso a disposición de las justas utopías de Salvador Allende, pero que en contraste a los cambios revolucionarios de la época, sintonizó tristemente con las moralidades más conservadoras atacando duramente a homosexuales y otras minorías sociales.

Por Víctor Hugo Robles*



Eran los tiempos en que la Raquel, la Eva, la Larguero, la Romané, la José Caballo, la Vanesa, la "Fresia Soto", la Confort, la Natacha, la "Peggy Cordero" y la Gitana, se departían de sus proletarias y alborotadas vidas en la Plaza de Armas de Santiago. Casi vivíamos ahí, a veces dormíamos en algún rinconcito. En el día nos dedicábamos a pedir monedas y después íbamos a comer a la UNCTADÂ… Después volvíamos a la Plaza de Armas y en la noche íbamos a putear por Providencia o a la Plaza Italia, recuerda Luis Troncoso, la Raquel, 50 años, quien fuera uno de los protagonistas de la primera rebelión homosexual en la historia de Chile.



La inédita manifestación pública ocurrió un domingo 22 de abril de 1973, el mismo día en que el ultra derechista grupo Patria y Libertad hacía explotar una bomba en el monumento al Che Guevara en San Miguel. Así, mientras el agitado mundo político concentraba su interés en este simbólico atentado terrorista, la prensa sensacionalista de la época, particularmente diario Clarín, se deleitaba cubriendo los pormenores de una manifestación pública jamás vista en nuestra homofóbica geografía.



Ostentación de sus desviaciones sexuales hicieron maracos en la Plaza de Armas, dijo Clarín, abriendo los fuegos, rematando con una intolerante e inflamable redacción: Las yeguas sueltas, locas perdidas, se reunieron para exigir que las autoridades les den cancha, tiro y lado para sus desviaciones. Al principio los sodomitas, creyendo que a cada instante les caería la teja policial, se mostraron cautos. Pero ligerito se soltaron las trenzas y sacaron sus descomunales patas del plato y se lanzaron demostrando que la libertad que exigen, no es más que libertinaje. Entre otras cosas, los homosexuales quieren que se legisle para que puedan casarse. Con razón un viejo propuso rociarlos con parafina y tirarles un fósforo encendido.



Sorprendente y agresivo resulta recordar el trato grosero que utilizó el Clarín para referirse a la primera manifestación homosexual chilena, consignada íntegramente en mi investigación periodista, titulada "Bandera Hueca, Historia del Movimiento Homosexual de Chile" (ARCIS/ Cuarto Propio). En ese contexto, es claro que el estigma y la discriminación eran el pan de cada día durante la Unidad Popular y que la intolerancia no sólo puede ser atribuida a Clarín, sino también a medios de comunicación como Puro Chile, revista Paloma y a la derechista VEA, que sumaron lo suyo respecto de los primeros homosexuales emancipados en la historia nacional.



Sin embargo, resulta evidente que el lenguaje más soez, más grosero y más homofóbico, emanó particularmente de Clarín, un popular periódico que se puso a disposición de las justas utopías de Salvador Allende, pero que en contraste a los cambios revolucionarios de la época, sintonizó tristemente con las moralidades más conservadoras atacando duramente a homosexuales y otras minorías sociales.



No cabe duda que la sociedad ha cambiado vertiginosa y progresivamente. No es la misma sociedad que vivió y padeció D'Halmar, Subercaseaux, Mistral, Donoso y otros tantos que aún no pueden ser nombrados. Homosexuales, lesbianas y transexuales hemos contribuido significativamente a esa política de transformación, haciéndonos visibles y luchando abiertamente por nuestros derechos civiles, sexuales, políticos y culturales.



Los 70 fueron tiempos vertiginosos donde lo homosexual valorado en lo público no era posible y la prensa reflejaba ese estado evolutivo de la sociedad. Sin embargo, junto con las transformaciones del mundo, los medios de comunicación también han mutado velozmente y hoy son más responsables de sus lenguajes y de los cambios que provocan.



En este sentido, ojalá que el Clarín que leyeron nuestros padres, madres y abuelas, no sólo siga junto al pueblo, sino que desde ahora no esté nunca más en contra de las revoluciones de homosexuales, lesbianas y travestis de Chile.





*El autor es periodista y activista LGTBI (lesbianas, gays, travestis, bisexuales, intersexuales), recientemente publicó el libro Bandera Hueca. Historia del Movimiento Homosexual de Chile (ARCIS/Cuarto Propio)

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