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Dignidad Republicana ¿cuándo la perdimos?

por 21 agosto, 2008

Me apuro en explicar mi punto para que no se entienda mal. No se trata que nuestro buen Ministro Maldonado siga los pasos de Pierre Beregovoy. "¿Usted cree que lo conoce?", agrega ahora una mesera estudiante de historia. Por pudor guardo silencio.
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Por Luis Correa Bluas*



Con la muerte del presidente de la Cámara de Diputados hemos escuchado bastante en las últimas semanas la expresión dignidad, que en el caso de Juan Bustos se aplica con toda justicia: hombre digno, hombre con dignidad.



A propósito de ello, un buen amigo me acotaba el otro día que quienes la pronunciaron o escribieron entonces entendían etimológicamente de que se trata esto de la dignidad, pero -agregó- ¿podrán verse a si mismos en un espejo y afirmarlo respecto de ellos mismos: lo que ves es un hombre digno, un hombre con dignidad? Para ser honestos, no.



Le intento justificar mi respuesta. Sin ir más lejos, la mayor derrota política propinada a la Presidenta de la Republica tras la destitución de la ministra Yasna Provoste, es el rechazo en el Senado al ascenso a la Corte Suprema del juez, Alfredo Pfeiffer, que no teniendo una conducta que merezca reproche, sí carece de todos los méritos de excelencia para estar en el máximo tribunal del país.



No se trata que cualquier derrota importe para quien la sufre. Sin embargo, cuando ésta es previsible, cuando el responsable de la misma es un consejero del Príncipe, en este caso de la Princesa, y dicho consejero no escucha, entonces mantenerse en su puesto es indigno.



Mi buen amigo me enumera varios ejemplos de personas que sus derrotas o bien se convierten en lloronas escenas o, simplemente, en actos de "carerajismo" totales y se apura en decir, que no excluye de ello a la mentada ministra Provoste. Buen punto.



Pero en el caso de Pfeiffer -explicó- el encargado de articular consensos y acuerdos tenía los antecedentes que necesariamente preveían una derrota y a pesar de eso, no sólo no da explicaciones públicas, sino que culpa a los otros. Pataletas de Ministro y de senador operador, ambos del mismo boliche, reclamando que los acuerdos acá y los acuerdos allá. Pero ninguno menciona ni una palabra sobre cómo juega el Senado como espacio de debate público en la promoción de las altas jerarquías de la Nación.



Ni siquiera se puso rojo el Ministro, agrega alguien de la mesa del lado, que disfruta de un buen café con galletas.



Me apuro en explicar mi punto para que no se entienda mal. No se trata que nuestro buen Ministro Maldonado siga los pasos de Pierre Beregovoy. "¿Usted cree que lo conoce?", agrega ahora una mesera estudiante de historia. Por pudor guardo silencio.



Trato de tomar el hilo y explico el punto: lo que se exige es asumir, desde la investidura del cargo, la responsabilidad de la derrota. "Pero para eso se requiere tener dignidad", agrega el señor del café del lado. "Dignidad republicana", apunta mi amigo.



Y una gota de comprensión sobre la ética de la responsabilidad, pienso mientras pago.





*Luis Correa Bluas es abogado.

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