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El Rol del Estado en el Siglo XXI

por 14 septiembre, 2008

Hoy, a 16 meses del Bicentenario, el Estado sigue siendo vital para el desarrollo y la gobernabilidad democrática. Hablamos de un país que crece y compatibiliza políticas sociales agresivas con desarrollo económico sustentable. El desarrollo no se importa y por lo tanto sigue siendo una empresa autóctona que cada país debe emprender habida cuenta de sus recursos, capacidades y posibilidades.
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Por Neftalí Carabantes*



El país ha vivido grandes cambios en los últimos años. Recuperamos y construimos entre todos nuestra democracia la que nos ha permitido alcanzar mayores niveles de prosperidad, así como gozar de una sociedad más diversa, más tolerante y, desde luego, mucho más abierta y conectada con el mundo.



Hemos avanzado en la construcción de un Estado de Derecho, cuya estructura legal se levanta a partir de la certeza jurídica y el respeto irrestricto a los Derechos Humanos. No es casual que Chile lidere la región en términos de gobernabilidad. Tampoco es fortuito que al cabo de dos generaciones se haya insertado en la economía mundial, a través de la suscripción de acuerdos y tratados comerciales con 57 países. Chile no esperó, sino que fue al mundo con la firme decisión de insertarse en el proceso global.



Vamos a enterar dos decenios de avance y consolidación de nuestras libertades públicas, cuyo mejor corolario lo constituye la reciente aprobación de la Ley de Transparencia, herramienta clave para controlar, evaluar estándares de calidad y eficiencia en la gestión pública, así como el riguroso cumplimiento de programación de metas. Sin duda esta normativa nos pone a la altura de los países, cuyas administraciones públicas son capaces de transparentar y dar cuenta en detalle de su accionar.



Por su parte, la estrategia de desarrollo seguida por los Gobiernos de la Concertación le ha permitido a nuestro país un progreso económico impresionante. En efecto, el crecimiento económico promedio del país, en los últimos 20 años bordea el 5,5% anual. La inversión ha alcanzado niveles históricos y este año llegará a un 27% del PIB. Tenemos la mejor clasificación crediticia de América Latina y un bajísimo riesgo país. La cuenta corriente de la balanza de pagos es superhabitaria y las cuentas fiscales son ampliamente excedentarias. Más de 3 mil empresas, procedentes de sesenta países han llegado para operar desde Chile, las cuales sin duda seguirán aumentando. Todo ello ha permitido crear más y mejores empleos. En el mes de junio pasado, a pesar de todos los pronósticos y las turbulencias en la economía internacional, el país registró un crecimiento de un 6,2%. En suma, en 20 años crecimos a más del doble de la tasa per cápita a que Chile creció en el siglo XX.



En este contexto, el Gobierno de la Presidenta Bachelet ha decidido afrontar una encrucijada mundial, cual es definir con acierto el rol del Estado. La evidencia actual indica que las equivocaciones sobre el rol que éste debe jugar, repercuten negativamente en materias de mercado y gobernabilidad.



Mientras países asiáticos y europeos han mantenido un razonable rol del Estado, sirviendo de base al desarrollo y a la estabilidad; en otros la influencia de un exacerbado liberalismo ha debilitado las funciones estratégicas para que el sector privado y, por ende, la economía puedan ser competitivos. El artículo: "Why business needs a stronger and wiser uncle Sam" (¿Por qué la empresa privada necesita un Estado más fuerte y más inteligente?) de Robert Kuttner, CEO del Instituto de Economía con sede en Washington, expresa que la existencia de Estados fuertes sigue teniendo gran importancia en el siglo XXI.



Reguladores y fiscalizadores eficientes en lugar de propietarios improductivos, son rasgos de un Estado abocado a tareas esenciales, alejado de posturas asistencialistas y paternalistas. Hoy un Estado "inteligente" es fuerte en funciones estratégicas pues sin ellas no hay competitividad, estabilidad, ni menos crecimiento. Atrás quedó el tiempo en que se pretendía un Estado mínimo y débil, siendo la propia ciencia económica y sus crisis la que se encargó de desterrar el mito de que el Estado era una institución del pasado. Materias como promover la integración social, la competitividad, la educación, la transparencia, y la democracia, sólo pueden ser impulsadas por el Estado.



La Presidenta en su política de desarrollo y protección social ha delineado estratégicamente hacia dónde camina el Estado. Hoy, Chile fomenta la competitividad, la investigación, la transparencia, la innovación, la infraestructura esencial, la tecnología, los cluster y una mejor educación. Se reconoce la diversidad medioambiental, cultural y se asumen reivindicaciones de lo ecológico, de lo étnico de lo ancestral, y junto con ello, avanzamos hacia una estructura más equitativa en la distribución del ingreso, pues el progreso que hemos alcanzado se irradia hacia todos los segmentos de nuestra sociedad.



Las bases de nuestro Sistema Integral de Protección Social están a la vista y nadie puede decir que no hemos cumplido. Ahí está el "Chile Crece Contigo", ahí están las salas cunas, ahí está la entrega de Títulos de dominio que al año 2010 sumarán 30 mil más; y ahí está la Reforma Previsional, la más ambiciosa transformación del sistema de pensiones realizada en democracia y cuya implementación ha sido todo un éxito. Con ella, Chile le ha demostrado a un mundo en turbulencia, que es posible hacer del derecho a la pensión un derecho de carácter universal, asegurándoles a los más desposeídos, es decir, a quienes los sistemas económicos ignoraron, que el desarrollo también cruzaría sus vidas, asegurándoles así, una vejez digna.



Hoy, a 16 meses del Bicentenario el Estado, sigue siendo vital para el desarrollo y la gobernabilidad democrática. Hablamos de un país que crece y compatibiliza políticas sociales agresivas con desarrollo económico sustentable. El desarrollo no se importa y por lo tanto sigue siendo una empresa autóctona que cada país debe emprender habida cuenta de sus recursos, capacidades y posibilidades. Están creadas las condiciones para poder mantener la creatividad, el liderazgo, y la cohesión social que hemos alcanzado. En consecuencia, la encrucijada a resolver es cómo somos capaces de continuar alcanzando consensos que sólo tengan por fin el interés superior de Chile. El único camino posible es de la perseverancia, el diálogo, y los buenos acuerdos. El rumbo está claro y el timón más firme que nunca.





*Neftalí Carabantes es subsecretario de Bienes Nacionales

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