Concertación: ¿dónde está nuestro Obama? - El Mostrador

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Concertación: ¿dónde está nuestro Obama?

por 29 octubre, 2008

Se reeligieron todos los caciques derechistas con problemas judiciales o administrativos que se presentaron en los comicios. Al parecer para las clases medias, que critican la seguridad ciudadana y la justicia, los delitos económicos no son crímenes y alaban la mal llamada viveza criolla...

Por Iván Auger*

En las elecciones municipales perdieron todos, aunque algunos más que otros, a pesar de las declaraciones de victoria. Y la repetición de las triunfos concertacionistas en las elecciones presidenciales corre, por primera vez desde el plebiscito, un serio peligro.

Al respecto hay que tener presente, primero y antes que nada, el extraordinario envejecimiento del padrón electoral. Para el plebiscito de 1988, los menores de 40 años de edad eran el 59% y los mayores de 50, el 27%; hoy lo son el 25% y el 45%, respectivamente.

A lo que se añade que desde 1993 ese padrón no se incrementa, lo que triplica el porcentaje de la población adulta no inscrita. Algunos sostienen que no importa porque esos ausentes, según una encuesta, votarían igual que sus mayores. Se equivocan, la historia demuestra que esa presunción es errónea. La izquierda, el cambio, es siempre la gran motivación política de la juventud; el caso Obama es el último ejemplo.

En nuestras elecciones de alcaldes hubo 6,04 millones de votos válidos, sólo el 51,4% de los votantes potenciales, es decir, menos que hace cuatro años, en que fueron 6,31 millones, el 56,9% de los mayores de 18 años de edad.

La debacle de la partidocracia, sin embargo, se produjo muy especialmente en las elecciones de concejales, el reino de los partidos. Los votos válidos fueron esta vez sólo 5,26 millones, el 44% del electorado potencial, y 860 mil sufragios menos que en 2004, cuando la participación fue el 55%.

Las dos principales coaliciones, medidas por ese resultado, son ahora menos de un tercio del electorado potencial, 30,6%. Los partidos que perdieron más votos fueron la DC, 464,4 mil, y la UDI, 310,8 mil; en términos porcentuales, son también los que más bajan, 6,3 y 3,7 puntos, respectivamente (a ellos se suma el PPD, con una disminución de 1,5 puntos).

En las elecciones de alcaldes, cayeron estrepitosamente la DC, de 99 a 58 regidores, y los socialistas, de 45 a 29; mientras suben Renovación Nacional, de 38 a 54, y los independientes fuera de pacto, de 32 a 40, varios de ellos descolgados, y hoy alcaldes electos, de la Concertación, en Arica, Antofagasta y Talcahuano, y de la Alianza, en Huechuraba.

Se reeligieron todos los caciques derechistas con problemas judiciales o administrativos que se presentaron en los comicios. Al parecer para las clases medias, que critican la seguridad ciudadana y la justicia, los delitos económicos no son crímenes y alaban la mal llamada viveza criolla, lo que habla bastante mal de la honradez en nuestro país.

La DC perdió la alcaldía de Valparaíso después de años e impidió desplazar a la UDI en comunas populares, como Estación Central y Recoleta, el resultado de una arrogante negociación del pacto de omisión con los comunistas. Y hoy son derechistas los alcaldes de Santiago, Valparaíso, Temuco y, por una sorprendente gran mayoría, Concepción.

En el caso de la Concertación, además, la vieja guardia, o los titulares de su equipo, obtuvieron muy malos resultados, Ravinet (DC) en Santiago y García (PPD) en Cerro Navia, mientras que los suplentes se lucieron en las dos comunas más pobladas del país, Undurraga (DC) en Maipú y Gajardo (PS) en La Florida, más Palestro (PS) en San Miguel; a los que se podría agregar a Claudina Núñez, la candidata comunista en Pedro Aguirre Cerda, elegida por el pacto de omisión entre la Concertación y Juntos Podemos.

Lo peor para la Concertación es que su votación, más la de Juntos Podemos, en la elección de alcaldes, donde votaron más, sólo suma el 44,82% del total, o sea, no le alcanza para ganar la segunda vuelta de la próxima elección presidencial. La derecha, aún que lleguen a un pacto con los disidentes de la DC y el PPD que encabezan Zaldívar y Flores, se encuentra en un nivel similar, el 44,56%, En resumen, deciden los independientes, y muy en especial los descolgados, además de Mimica, el alcalde electo de Punta Arenas, que supongo serán cortejados de inmediato. 

Este cuadro me recuerda el colapso de la partidocracia y, en especial, de la centroizquierda italiana, y el consiguiente surgimiento de Berlusconi, de lo cual fui testigo. Ello ocurrió sin que hubiera una crisis económica mundial como hoy, que recién comienza a azotar nuestras costas.

La arrogancia concertacionista, tanto en sus purgas al estilo estalinista, por ejemplo de Adolfo Zaldívar, como en la designación cupular de candidatos impopulares a las alcaldías de Arica, Antofagasta, Cerro Navia, Santiago, Talcahuano, etc.,  y el desprecio por las opiniones distintas, de dos triunfadores, Armando en Antofagasta y Mimica en Punta Arenas, ambos independientes, y de dos perdedores, Gutiérrez , comunista, y Terrazas, independiente, en Vitacura, son, entre otros casos, duras lecciones.

A dichos casos de importancia nacional, me permito agregar el del alcalde de Yungay, por años, el DC Luis Cárdenas, quien perdió su reelección ante un independiente de la Alianza, Pedro Inostroza, por un milímetro, 2.823 versus 2.879 votos, a pesar de que este último no tiene muy buena fama y de que el primero fue un buen alcalde. Y la razón es que, con el correr de los años, se le fueron los humos a la cabeza, le nació una minúscula disidencia de las zaldivaristas del PRI, y se echó encima a un pequeño distrito comunal, Campanario, al eliminar del consultorio a los médicos extranjeros que él mismo había designado. Y si eso pasa en Yungay, como será en Santiago.  

La política democrática se hace desde la base, y no al revés. Esa es la única manera de detener a Piñera, nuestro Berlusconi. Lo ideal por supuesto, después que se desvaneció la democracia participativa que prometió la presidenta Bachelet, es, repito, un candidato tipo Obama, que movilice a los jóvenes. Las generaciones que dirigieron la transición a la democracia, entre ellas la mía, deben pasar a los cuarteles de invierno. El futuro, para ser exitoso, debe ser de los jóvenes, como decía mi gran amigo, un demócrata cabal, Carlos Briones.

*Iván Auger es analista político.

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