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El poder blando de Obama

por 6 noviembre, 2008

"Estados Unidos incrementa el poder blando cuando sus políticas parecen legítimas a los demás", dice Nye, un ideólogo demócrata que ya asesoró a Carter y a Clinton y que no sería raro que pronto comenzara a tener un rol en la nueva trastienda del poder...

Por Alberto Luengo*

Hace cinco años, un distinguido profesor de Harvard, Joseph Nye, popularizó una expresión simple que sintetizaba la esencia de la crisis que vivía Estados Unidos: el abandono del poder blando que sustentaba la supremacía norteamericana -sus valores, sus ideales-  por la lógica del poder duro simbolizado en la invasión militar a Irak.

Anoche, un ex alumno de esa misma universidad, el clásico "negrito de Harvard", daba al mundo una emocionante lección en vivo y en directo de la fuerza del "poder blando" de Estados Unidos.

Permítanme citar un párrafo del discurso que Obama dio en su noche triunfal en Chicago, un discurso que quizá llevaba años soñando decir, el discurso más importante de su vida hasta ahora.

"A aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina tan fuertemente: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza sino del poder duradero de nuestros ideales; la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme".

Una idea sacada casi textual de Joseph Nye quien, desde que Bush articuló su teoría de la guerra preventiva tras el atentado a las Torres Gemelas en 2001, ha venido predicando que la verdadera fuerza de su país en un mundo interdependiente y globalizado está en sus ideales y no en sus portaaviones ni en sus dólares.

En un artículo de diciembre de 2003, titulado "LA Fuerza no basta", Nye lo explicó con claridad: "La disposición de otros países a cooperar en la resolución de cuestiones transnacionales, como el terrorismo, depende en parte de sus propios intereses, pero también de lo atractivo de las posiciones estadounidenses. El poder blando reside en la capacidad de atraer y convencer más que de coaccionar. Significa que los otros quieren lo que Estados Unidos quiere, y que hay menos necesidad de utilizar el palo y la zanahoria. El poder duro procede de la fuerza militar y económica de un país. El poder blando surge del atractivo de su cultura, sus ideales y su política".

Ahí está lo más profundamente significativo de esta elección para el resto del mundo.  Estados Unidos nos dice que está harto de "los políticos de Washington", apelativo que habla de los señores de la guerra, de los ideólogos de la seguridad nacional, de los estrategas que ven en cada amenaza internacional una oportunidad para mejorar los negocios de los fabricantes de armamento, en una palabra, de la supremacía de una elite que se ha alejado del interés de las personas.

La fórmula Bush-Cheney termina sus ocho años de alianza con un históricamente bajo respaldo popular, porque incluso dentro del 48% que obtuvo McCain hay un fuerte componente anti Bush.  Las palabras del propio candidato derrotado admitiendo que había sido una elección "histórica" reflejan su comprensión de que no pudo superar el lastre de pertenecer al mismo bando de Bush, aunque hizo todo lo posible por distanciarse de él.

Estados Unidos ha optado en las urnas por recomponer su supremacía desde el único sitio en que era viable: desde el poder blando, aquel que muestra cómo en el corazón del imperio un hombre proveniente de minorías marginadas -negro, de padres divorciados, de clase media baja- puede llegar al poder sin renunciar a sus orígenes ni a sus convicciones.

"El poder blando, dice Nye, surge del atractivo de su cultura, sus ideales y su política." Y Obama lo tenía en mente cuando dijo en su discurso triunfal: "Allí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que Estados Unidos puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza con respecto a lo que podemos y tenemos que lograr mañana".

Para los latinoamericanos, la elección de Obama es un espejo que reafirma un camino que ya habíamos visto en nuestros países. Hoy, gracias a la fuerza de la democracia, un indígena preside por primera vez Bolivia; una mujer socialista y separada gobierna en Chile; un ex dirigente sindical encabeza el gigante brasileño. Son nuestros propios "Obama", aquellos que nunca habrían pensado en llegar tan lejos, aquellos que, cuando nacieron, tenían cero posibilidades estadísticas de llegar a la Presidencia de sus países. Lo mismo que el nuevo Presidente de Estados Unidos.

"Estados Unidos incrementa el poder blando cuando sus políticas parecen legítimas a los demás", dice Nye, un ideólogo demócrata  que ya asesoró a Carter y a  Clinton y que no sería raro que pronto comenzara a tener un rol en la nueva trastienda del poder en Washington.

*Alberto Luengo es periodista, editor de Tolerancia Cero.

 

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