¿Quién no quiere renovar el padrón electoral? - El Mostrador

Miércoles, 13 de diciembre de 2017 Actualizado a las 05:43

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¿Quién no quiere renovar el padrón electoral?

por 28 noviembre, 2008

La influencia del denominado "informe Tagle" bastó para dinamitar la iniciativa, y Sebastián Piñera cedió ante sus aliados de la UDI. Hoy aparece ante los medios, como ya lo había hecho en la campaña de 2005, promoviendo nuevamente la reforma. Pero parece oportunista que lo haga justo ahora...

Por Cristóbal Bellolio*

 

Se puso de moda hablar de renovación política. Los políticos chilenos conversan sobre Obama y tratan de subirse a su carro de la victoria. Un ex presidente septuagenario tiene la ocurrencia de escribir un libro que habla sobre el futuro de Chile. Nos lamentamos de la escasa participación electoral en las pasadas municipales y hacemos reflexiones sobre la desafección de los jóvenes con la democracia. ¿Quién de todos dice la verdad? ¿Quién está realmente dispuesto a asumir el riesgo y apostar a la verdadera renovación de caras, contenidos y estilos? ¿Quién, para empezar, se la jugará por la renovación de nuestro estancado padrón electoral?

Partamos por lo básico: la campaña de Michelle Bachelet prometió que dentro de los primeros cien días de su mandato se impulsaría la inscripción automática en los registros electorales, unido a la reforma que elimina la obligatoriedad del voto. El proyecto recién se votó hace unos meses en la Cámara de Diputados. La misma Concertación que vocifera contra el sistema binominal (pero que se nunca se ha sentido más a gusto con él) cuestionó la iniciativa. La DC se opuso al voto voluntario, argumentando que el sufragio era un deber, verdadera expresión de virtud republicana. No deja de resultar paradójica la noción de virtud republicana cuando se exige bajo pena de multas y sanciones. Además, los expertos electorales falangistas vaticinaron un catastrófico descenso en la participación si se eliminaba la obligatoriedad, y amenazaban permanentemente con el caso venezolano, donde la enorme abstención habría dado paso al populismo chavista. Las recientes elecciones locales en dicho país prueban la tesis contraria: la participación se elevó al 65% de la población en edad de votar y Chávez volvió a ganar. Para qué hablar del caso de Estados Unidos, donde la presidencial recién pasada registró un insólito índice de participación electoral del 64%. En ambos casos el voto es voluntario. En cambio en Chile, en la última elección de alcaldes, siempre con voto obligatorio, la participación electoral bordeó el 53% si consideramos los votos válidamente emitidos. Todo lo anterior parece demostrar que la clave está en generar escenarios electorales relevantes y competitivos. Dicho de otra manera, escenarios donde la ciudadanía se sienta motivada a votar porque el resultado importa y porque su voto puede hacer la diferencia.

Sigamos con la inconsecuencia de la vereda opuesta: aunque los parlamentarios de RN apoyaron la idea de legislar a favor de la inscripción automática y el voto voluntario, en el momento decisivo retrocedieron. La influencia del denominado "informe Tagle"  bastó para dinamitar la iniciativa, y Sebastián Piñera cedió ante sus aliados de la UDI. Hoy aparece ante los medios, como ya lo había hecho en la campaña de 2005, promoviendo nuevamente la reforma. Pero parece oportunista que lo haga justo ahora que las encuestas demuestran de manera fehaciente que sus apoyos crecen en el segmento de los jóvenes y los no inscritos. En la UDI la negativa vino acompañada de una explicación curiosa: no hay que cambiar el padrón en año eleccionario. Entonces dejémoslo tal cual está, no llamemos a nadie a inscribirse, y saquémoslo del congelador en diciembre de 2009. En la tienda gremialista aún no comprenden que la salud de la democracia depende de su dinamismo y capacidad de adaptación.

Todo lo anterior nos autoriza a ser escépticos respecto de cualquier discurso de renovación pronunciado por nuestra clase política. Los hechos nos demuestran que ningún sector muestra credenciales intachables en esta materia. El costo de incorporar a las nuevas generaciones al debate político puede ser muy alto para algunos, ya que perderían la cómoda certidumbre que hoy les proporciona un padrón envejecido y atado afectivamente a un hito que ocurrió dos décadas atrás.

¿A quién le beneficia la renovación del padrón? Algunos sostienen que los jóvenes son intrínsecamente de izquierda, otros sostienen que los votos nuevos se repartirán en partes iguales, mientras otros señalan que la actual composición del padrón beneficia siempre a la Concertación. Otros, finalmente, creen que el voto de las nuevas generaciones es una Caja de Pandora, que no tiene dueño y que está disponible para aquellos políticos que sean capaces de invitarlos a una misión histórica en la cual jueguen un papel protagónico. Estamos con esta última interpretación.

 

*Cristóbal Bellolio es miembro de Independientes en Red.

 

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