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El pulso de la crisis: Créditos directos, cooperación y redes para una reactivación efectiva

por 28 enero, 2009

El ingreso de Wall-Mart, que ahora controla mayoritariamente a D&S y cuyo historial antisindical es temido por los trabajadores, no da buen pronóstico en materia de liquidez para el mercado, pues es sabido que mantendrá la política de cargar los costos de inventario en los proveedores...
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Hernán Narbona Véliz*

La Presidenta Bachelet señaló que para transitar la crisis se debe desterrar el pesimismo y hacer las cosas bien. La realidad demuestra que la reactivación no logra alcanzar el ritmo que se requiere. 

Las cifras que se han ido conociendo en la minería nos hablan de 12000 despidos según informe de la SONAMI, de los cuales 8 mil provienen de la pequeña y mediana minería y 4 mil de la gran minería. La caída de los precios del cobre y hierro han impactado así en una dramática reducción del empleo.

Los bancos no estarían canalizando de manera expedita hacia los clientes PYME los recursos que les ha inyectado el gobierno. Se mantiene en la banca la política de minimizar los riesgos, exigiendo estados de situación positivos, garantías o avales y comportamiento histórico de cumplimiento sin mancha. 

Se agrega a este escenario la concentración de los poderes de compra en el mercado nacional. Sabido es que gran número de empresas pequeñas y medianas ha debido soportar las condiciones leoninas de pago de sus entregas, de parte de los hipermercados. 

El ingreso de Wall-Mart, que ahora controla mayoritariamente a D&S y cuyo historial antisindical es temido por los trabajadores, no da buen pronóstico en materia de liquidez para el mercado, pues es sabido que mantendrá la política de cargar los costos de inventario en los proveedores. Por el contrario, se teme que ahora las grandes tiendas y supermercados ejerzan una mayor presión sobre los precios de compra. El fenómeno de marcas propias, por otra parte, reduce la participación de marcas nacionales que se ven sustituidas por las de las propias cadenas, que así abusan de su posición para la determinación de los precios. 

Se ha dicho que la competencia asegurará precios más bajos, pero la dependencia de los consumidores del plástico que entregan las cadenas, limita la capacidad de opción de consumidores sobre endeudados que viven a crédito. Por lo tanto, el sistema seguirá jugando a favor de las grandes tiendas y la teoría de precios más bajos al consumidor final, será de dudosa realización. Las evidencias históricas es que las empresas una vez que ganan determinado nivel de precios, difícilmente vuelven a posiciones originales y así van potenciando o consolidando sus márgenes de rentabilidad.

Los bancos por su parte han demostrado históricamente que no tienen una vocación institucional de banca de fomento o desarrollo. Baste recordar que en la crisis asiática la banca ganó utilidades del 60%, que fue el resultado de las multas y gastos de cobranza e intereses por mora, que pagó la clase media endeudada. Hoy siguen aplicando idéntica política de cero riesgo y por ello el dinero que debiera ir a los sectores medios, termina colocado como recursos financieros blandos en las compañías más grandes, de las cuales muchas veces los bancos son directa o indirectamente socios. 

Es la realidad de concentración de la riqueza que el modelo ha generado y que impide que puedan tener buen pronóstico las políticas de ayuda que el gobierno implementa, pues al canalizar el Estado fondos públicos a través de la intermediación de la banca, al final el dinero lo usa el gran empresario que tiene garantías y así se mantiene el crédito difícil y más caro para el más débil y supuestamente riesgoso.

La naturaleza del modelo es anti solidaria y las propuestas de carácter cooperativo o asociativo necesitan instrumentos diferentes. Se necesita compensar el poder de los supermercados con organizaciones sociales de consumidores que puedan aplicar el compre juntos, para aprovechar precios de mayoristas. 

El sistema le tiene terror a la asociatividad de la gente y toda la cultura ha apuntado al individualismo. Pero para el éxito de las políticas públicas para superar o cruzar por esta crisis internacional, hace falta romper huevos y ser audaces para cambiar de facto el estilo de relaciones de mercado que han apuntado a la concentración del poder y la riqueza. 

Es aquí y ahora que se necesita implementar un tejido social para que las familias y los barrios, en los trabajos, en las iglesias, la gente compre juntos, evite el menudeo, evite la compra a crédito con el plástico que esclaviza a las personas. Acá es donde hay que romper con los dogmas y buscar acciones no discursivas sino terrenales y prácticas, basadas en la responsabilidad, la reciprocidad y el trabajo de grupos y redes.

Se extraña en la gestión directiva del Banco Estado la implementación de instrumentos de apoyo a los nuevos negocios, con evaluaciones diferentes a las plantillas ortodoxas, calificando a las personas más allá de los duros números, personalizando la atención con ejecutivos de cuenta que tengan un perfil de asesores de negocios. Pero, lo que se observa es que los criterios de evaluación de riesgo siguen sin cambiar, con el resultado a la vista: las personas que desean emprender y que no tienen garantías, quedan postergadas y la buena intención del discurso presidencial languidece en la dura burocracia de la propia banca estatal.

No se trata de tirar el dinero sin lograr garantías, pero debe haber criterios de inversión como capital de riesgo, en donde la banca se involucre en el apoyo a nuevos emprendimientos, facilitando el capital de pre-inversión o de inversión inicial que necesita un emprendedor, ayudando a que la empresa vaya creciendo. Tal como lo hace el Servicio de Impuestos Internos al promover la tributación simplificada o la condonación de multas con el fin de ordenar las empresas y que éstas sigan funcionando. Asociarse como banca con los proyectos, bajo el modelo de incubadoras de empresas, es algo que no está bien definido en el actual mercado de capitales y el gobierno desespera al ver retrasada la reactivación que se necesita. De nada sirven las simplificaciones tributarias si el oxígeno no llega al cuerpo productivo del país. 

El gobierno, a mi juicio, debiera generar una línea de crédito descentralizada a través de las Agencias de Desarrollo Productivo de cada Región, de manera que se evite la intermediación fallida de la banca, canalizando los fondos con el criterio de promoción que se necesita para ampliar la plataforma productiva y así compensar, con nuevas actividades, la falta de empleo.

 

*Escritor y funcionario público.

 

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