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El año de la prudencia

por 6 marzo 2009

Mejorar estructuralmente la protección del ciudadano y hacerla parte del sentido común republicano no tiene relación con la sola distribución de dinero. Nadie se va a oponer a los subsidios monetarios directos -muy parecidos al subsidio a la demanda planteado por la derecha- en una época de...

No sólo por razones económicas parece necesario un ejercicio reforzado de prudencia política. Existen antecedentes claros de que la confianza es un bien muy escaso en nuestra sociedad. Y sin confianza tienden a exacerbarse las incertidumbres y se torna virulenta la política, sobre todo en épocas de crisis. Donde no existe confianza, todo contradictor aparece como una amenaza grave, por lo que se vuelve urgente tratar de destruirlo.

Este síndrome ronda fuertemente la política nacional. Porque este es un año de contienda electoral presidencial reñida, teñida de una fuerte dicotomía entre la teoría del desalojo y la doctrina de la protección social. Que puede llevar a que la primera termine en un acto irracional de desestabilización y la segunda en una borrachera de populismo estatal.

De ser así, los notables desarrollos de paz social y estabilidad institucional logrados en Chile, en torno a un conjunto amplio de valores consensuales luego de recuperada la democracia, podrían disolverse rápidamente.

Diversas encuestas realizadas en el mes de enero de 2009 demuestran que la población tiene mayoritariamente una percepción positiva de las acciones del gobierno para enfrentar la crisis económica. Y una visión optimista sobre el futuro del país, pese a que los efectos negativos en materia de empleo ya se hacen sentir.

En un contexto de crisis, la percepción que tiene la población sobre su protección puede resultar determinante para la estabilidad y continuidad. Eso puede enervar una espiral irracional de competición política.

Mejorar estructuralmente la protección del ciudadano y hacerla parte del sentido común republicano no tiene relación con la sola distribución de dinero. Nadie se va a oponer a los subsidios monetarios directos -muy parecidos al subsidio a la demanda planteado por la derecha- en una época de crisis y en un contexto de mala distribución de la riqueza. Pero se trata de un paliativo parcial y de corto plazo, sin ninguna garantía de sustentabilidad, pues depende de que haya dinero y voluntad de distribuirlo, y no de una acción estratégica de desarrollo.

Al mismo tiempo, y para contrarrestarlo, la oposición se ha centrado en un desgaste virulento del gobierno. Se ha podido percibir en el debate de las reformas laborales sobre negociación colectiva que el Ejecutivo estudia enviar al Parlamento y en las declaraciones de voceros de la oposición en torno a su preparación de la agenda legislativa y el año político.

Hace pocos días, dirigentes de Renovación Nacional declaraban que uno de los principales intereses de su partido estará centrados en una rigurosa fiscalización, sobre todo en tres Comisiones Investigadoras, según ellos relevantes: Registro Civil, Caso Mirage y Enap.

Es muy posible que la necesaria búsqueda de la verdad a que aluden los militantes de RN termine, como suele ocurrir en el país, en una diatriba instrumental para aniquilar al adversario o que, al menos, genere un empate ético que deslegitime los argumentos del contrario. Sin mucho cuidado por asegurarse que los hechos irregulares no vuelvan a repetirse.

El ejemplo puede encontrarse en el caso Mirage, donde se ha repetido hasta la saciedad que la política de Defensa es una política de Estado que trasciende a los gobiernos, pero que no ha generado un procedimiento de adquisiciones para todas las FF.AA. homogéneo y con reglas claras de probidad y control. La administración civil de la Defensa Nacional, en muchos aspectos, no va más allá de la simple designación de mandos, sin incidencia real en las decisiones que se adoptan. Como ejemplo, la historia reciente está plagada de escándalos: el caso VALMOVAL y los llamados Pinocheques; la tangente británica de Royal Ordnance que rondó la prisión de Pinochet en Inglaterra; el caso pertrechos de la FACH; la venta de armas a Croacia y a Ecuador; entre otros.

No es recomendable jugar a los extremos. Si se leen los subtextos de los resultados de la encuesta CEP de diciembre de 2008, se verá que lo más relevante es la baja en la credibilidad de todos los eventuales candidatos presidenciales de ese momento (Piñera, Frei, Lagos e Insulza). Ante la pregunta ¿Cuál candidato cree capaz de solucionar las necesidades de personas como usted?, todos bajan en relación a junio. Lagos 11% puntos, Insulza 6% y Piñera y Frei 4%. ¿Por qué a la vista de las incertidumbres de la crisis las cosas debieran cambiar, si nadie hace un esfuerzo por generar confianza de sistema en la política?

Todo parece indicar que la prudencia y la autocontención es la mejor receta para todos en un escenario que puede tornarse extremadamente volátil e irascible, sabiendo además que el temor y la inestabilidad pueden ser catalizadores de soluciones de baja sustentabilidad democrática y nulos valores cívicos que deconstruyan la convivencia nacional.

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