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Papi ¿me compras un país?

por 16 marzo 2009

Es también esa especie de supralegalidad mundial en que se mueven los propietarios globales. Y que tiene a los Estados de cabeza cuidándolos y dándoles el dinero de todos para impedir que quiebren, aunque hayan sido administradores malos o fraudulentos, y tengan al mundo al borde de la...

Por Santiago Escobar*

En la sociedad globalizada las amenazas a la democracia no provienen sólo del crimen organizado, el narcotráfico o el terrorismo. La actual crisis financiera demuestra que también los grandes poderes empresariales  la afectan seriamente, por lo que debieran ser considerados como parte de las  amenazas asimétricas y un problema de seguridad nacional.

No es sólo el volumen de su riqueza, que supera con creces la que poseen muchos países del mundo. Es también esa especie de supralegalidad mundial en que se mueven los propietarios globales. Y que tiene a los Estados de cabeza cuidándolos y dándoles el dinero de todos  para impedir que quiebren, aunque hayan sido administradores malos o fraudulentos, y tengan al mundo al borde de la bancarrota social.

La sensación que queda es que más allá del fantasma del desempleo su  impunidad proviene del hecho de ser, o estar cerca de serlo, copropietarios absolutos también del poder político. Que les permite desarrollar una contracultura autoritaria que pone en jaque los avances democráticos logrados hasta ahora.

En su accionar además han construido una socialité global que funciona como un gran salón universal del glamour económico, al que sólo se accede por propiedad de unos miles de millones de dólares o  por invitación lacaya originada en favores políticos relevantes. Socialité que en nada se diferencia de una red mafiosa.

Una escena de ese exclusivo club se vivió en días pasados en Cartagena de Indias, Colombia,  con la tercera "Reunión de Padres e Hijos". El objetivo fue juntar a los empresarios más ricos de América Latina y a sus hijos en una jornada de reflexión sobre la crisis financiera, el futuro de sus empresas y las relaciones de amistad entre los jóvenes herederos.

Ahí fueron invitados Carlos Slim de México, Gustavo Cisneros y Lorenzo Mendoza de Venezuela, Paolo Rocca y Federico Braun de Argentina, Joao Roberto Marinho, David Feffer y Jorge Gerdau Johannpeter de Brasil; Carlos Ardila, Julio Mario Santo Domingo de Colombia, Andrónico Luksic, Álvaro Saieh y Sebastián Piñera de Chile, entre otros, aunque éste último no asistió.

La reunión se desarrolló, como era de esperar, con estrictas medidas de seguridad, la mayor parte de las cuales corrieron por cuenta del erario fiscal de Colombia con la venia explícita del Presidente Álvaro Uribe.

La reunión resulta paradojal si se considera que América Latina es el continente de las mayores desigualdades económicas y sociales, donde los participantes en esta reunión son primeros actores en una obra que luego de cada crisis aumenta el número de pobres y concentra más la riqueza.

Según cifras de la CEPAL, luego de la crisis del año 2000 en Argentina la pobreza pasó de 19.7% a 41.5%.  El Banco Mundial señala que para el año 2000, 1.100 millones de personas en el mundo sobrevivían con menos de 1 dólar diario (600 pesos) y 2.737 millones con menos de 2 (1200 pesos).

América Latina es la guinda en esa torta de la desigualdad. Aquí el ingreso del 10% más rico supera en 20 veces o más el  per cápita del 40% más pobre.

Más aún, solo 31 personas o familias al año 2009 poseen más de 1.000 millones de dólares, entre las que están las que organizaron el evento de Cartagena de Indias. 

Claro que esa exclusiva lista tiene de todo. La revista Forbes también incluye a Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo, jefe del Cartel de la droga de Sinaloa.

Esto último que parece una exageración en realidad no lo es tanto. Una álgida discusión  se está dando en Europa, especialmente en Alemania,  sobre los llamados activos tóxicos ocultos en las contabilidades de los bancos,  calculados entre 300 y 800 mil millones de euros. Fueron los altos gerentes y dueños de los Bancos los que los introdujeron en la economía global, al igual que un terrorista fanático de Al Qaeda hubiera enviado  indiscriminadamente miles de cartas con ántrax. La motivación es diferente, pero los mecanismos y resultados son muy parecidos: la destrucción de la vida de miles de trabajadores y gentes inocentes. 

Indigna la extrema impunidad y desparpajo de la reunión empresarial de Cartagena de Indias. Ella parece el signo de un subdesarrollo cervical de nuestros Estados, que se ven obligados a proteger a sus victimarios, cuando deberían investigarlos y encarcelarlos.

Por ello, en el clima de impunidad medieval de Cartagena perfectamente podría haber circulado una petición del tipo "Papi, ¿por qué no me compras un país? Y no es ciencia ficción pensar que la respuesta podría haber sido "Por qué no te casas con el hijo de Sebastián y a lo mejor el país nos sale gratis."

*Santiago Escobar es abogado y analista político.

 

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