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Condiciones para la participación ciudadana: lecciones de un plebiscito

por 19 marzo 2009

A pesar de ser un electorado de derecha, promercado desregulado y todo lo demás, en su comuna votó por la regulación y la planificación urbana coherente, exigiendo de su municipalidad un cambio de gestión y orientación...

Por Gonzalo Delamaza*

El reciente plebiscito impuesto y ganado por las ciudadanas y ciudadanos al municipio de Vitacura deja varias lecciones sobre la participación ciudadana a través de mecanismos institucionalizados.

1.     Es el primer plebiscito de origen ciudadano que logra realizarse en todo el país en 10 años de vigencia de la ley municipal que los autoriza. No es casualidad que ello haya ocurrido en la comuna más rica del país, pues las dificultades y costos asociados para la ciudadanía -y también para el municipio- son enormes. En Ñuñoa el movimiento no alcanzó las firmas necesarias -10% del padrón electoral verificado por un notario- mientras en La Serena las obtuvieron y el municipio optó por sumarse a la voluntad ciudadana, ante la inminencia de perder la votación y mucho dinero.

2.     Las autoridades municipales no comprenden el sentido y valor de la participación. El alcalde Torrealba trató por todos los medios de impedir el plebiscito, así como de abrirse a las soluciones planteadas desde la ciudadanía, a pesar del enorme apoyo que se demostró estas tenían. Primero hubo que imponerle la realización del referéndum. En la última etapa intentó, oportunistamente, adoptar una posición de neutralidad. Hubiese sido mucho mejor acoger gustosamente la idea de que la ciudadanía decidiera sobre un asunto controversial y adoptar una postura al menos neutral y proactiva desde el principio, toda vez que los intereses ciudadanos se oponían a los de las inmobiliarias y no a los del municipio. Pero es usual la captura de intereses por parte de estas empresas a las autoridades edilicias.

3.     Es fundamental contar con organizaciones que respalden, promuevan, difundan, estudien, propongan, se movilicen, reaccionen, insistan en estas materias. Sin ellas nada de esto es posible. Deben ser organizaciones pluralistas, independientes (del municipio y de las empresas), focalizadas, con capacidad técnica y política, presencia en la comunicación y el debate público y un fuerte liderazgo. Este último también debe ser consistente con el tipo de movimiento y organización, no sirve un/a líder político que se apropie de la reivindicación. Lamentablemente esas condiciones no se dan en la enorme mayoría de nuestras comunas, no por falta de líderes u organizaciones, sino simplemente porque los recursos a disposición de las organizaciones y movimientos no alcanzan para ello. Los habitantes de Vitacura tienen recursos propios muy por encima del grueso de chilenas y chilenos. No sólo financiamiento, también "llegada" a los medios de comunicación y a los círculos políticos,  competencias técnicas y profesionales, etc. La participación local no resuelve los problemas de equidad, deben generarse las condiciones institucionales -las reglas del juego- para ello.

4.     Para que un plebiscito produzca deliberación y compromiso ciudadano, debe circular la información y existir debate público, donde se difundan, expliquen y argumenten posiciones. ¿Quiénes disponen de medios para ello? Desafortunadamente para la mayoría de los chilenos, sólo la elite económica. En este caso el diario El Mercurio cubrió ampliamente el proceso, a través de noticias, entrevistas, columnas, datos técnicos, etc., informando con bastante objetividad y canalizando el debate a través de su espacio de Cartas al Director, con matemática simetría para ambas posiciones. Opinaron políticos, la ministra de Vivienda, poetas, el alcalde, los técnicos, etc. El municipio también pagó avisaje en este medio para llamar a participar. Bien por Vitacura, pero no es un misterio que ninguna otra comuna dispone de la voluntad mercurial o de otro medio de similar importancia para realizar el debate ciudadano, convirtiendo así un asunto que nace como algo local, en un problema público.

5.     Cumplidas las condiciones anteriores, vale decir, superados los escollos institucionales, cohesionado el movimiento, obligado el alcalde y constituido un debate relevante en el principal diario del país (que es además el que los habitantes de Vitacura leen), la participación fue altísima. Con las cartas sobre la mesa, con un proceso abierto, transparente e informado, los normalmente apáticos e individualistas habitantes de Vitacura no dudaron en concurrir a votar -a pesar de los 33 grados de calor a la sombra- y lo hicieron muy mayoritariamente en contra de seguir entregando la comuna a la administración fáctica de las inmobiliarias. A pesar de ser un electorado de derecha, promercado desregulado y todo lo demás, en su comuna votó por la regulación y la planificación urbana coherente, exigiendo de su municipalidad un cambio de gestión y orientación. Cada comuna tiene sus propios desafíos y encrucijadas, pero es interesante que los que ofrecen para el país el libre mercado como solución mágica de todos los problemas, cuando deben cuidar su calidad de vida y su entorno más cercano optan por soluciones más racionales que esa.

6.     El triunfo de las ciudadanas y ciudadanos de Vitacura es estimulante para otros movimientos preocupados por el desarrollo de la ciudad, los problemas ambientales, el transporte urbano, la calidad de los espacios públicos y tantos otros asuntos. Pero las condiciones de Vitacura no están hoy al alcance de la mayoría de santiaguinos/as y chilenos/as. Para que ello ocurra deben simplificarse drásticamente las condiciones de realización de mecanismos de participación vinculante como los plebiscitos, generar fuentes de recursos y soporte para las organizaciones y movimientos ciudadanos, transformar la cultura política de las autoridades edilicias y establecer condiciones para el debate y la deliberación en el espacio público como las que tuvo Vitacura. No es aventurado pensar que en Cerro Navia, Temuco o Chol Chol, mujeres y hombres también estarían dispuestos a pensar en su comuna y decidir sobre como quieren vivir.

* Gonzalo Delamaza es sociólogo, director del Programa Ciudadanía y Gestión Pública de la Universidad de Los Lagos. gdelamaza@innovacionciudadana.cl

 

 


 

 

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