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¿Qué celebraron las trabajadoras este primero de mayo?

por 1 mayo 2009

Las cifras insisten en demostrar la necesaria focalización de las políticas de empleo en las mujeres. En primer lugar, porque el desempleo muestra una incidencia mayor en el segmento femenino, con una tasa de desocupación que se situó en el 10,9% durante el primer trimestre de este año; esto es...

El día internacional del trabajo nos pilló relativamente ‘confesados' por la reciente aprobación de la Ley de subsidio a la contratación de jóvenes, para mitigar los inquietantes índices de desempleo. Sin embargo, no está de más recordar que la medida nació inexplicablemente cercenada, al no incluir a las mujeres en el grupo beneficiario, como se había anunciado originalmente.

El cambio de última hora se amortiguó con el anuncio de la propia Presidenta Bachelet, quien al promulgar la ley aseguró que la inclusión de las mujeres como grupo específico sería inminente. Sin embargo, los ministros de Hacienda, Andrés Velasco, y de Trabajo, Claudia Serrano, han relativizado esa promesa, asegurando que no alcanzaría a ser desarrollada en la actual administración.

Las cifras insisten en demostrar la necesaria focalización de las políticas de empleo en las mujeres. En primer lugar, porque el desempleo muestra una incidencia mayor en el  segmento femenino, con una tasa de desocupación que se situó en el 10,9%  durante el primer trimestre de este año; esto es, medio punto porcentual por encima del grupo etáreo beneficiado con el subsidio, cuyo desempleo alcanzó el 10,4%.

Es cierto que entre los jóvenes subsidiados también hay mujeres, pero nadie discute a estas alturas que el empleo informal abunda mucho más entre ellas y, por lo tanto, aunque sean jóvenes, las trabajadoras no se beneficiarán del subsidio.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) recomendó en su último informe aumentar la eficacia de los subsidios laborales para grupos definidos de trabajadores, en particular de las mujeres. Claro, los estándares internacionales más avanzados saben bien del progresivo aumento de las mujeres jefas de hogar, que en Chile corresponden a un tercio de las familias.

Pese a todo, no se trata de aguarles la fiesta a las trabajadoras en su día mundial y es justo anotar entre los haberes del Gobierno la puesta en marcha del bono por hijo nacido vivo, que nutrirá las castigadas cuentas de capitalización previsional de las madres chilenas. Tampoco podemos soslayar los avances del proyecto de ley que pretende reducir la brecha salarial entre trabajadores y trabajadoras, ni la proliferación de salas cuna que han colaborado indiscutiblemente a la incorporación de la mujer a la fuerza de trabajo.

El impacto de estas medidas trasciende al ámbito monetario y revela que la igualdad entre hombres y mujeres se ha convertido en componente obligado de las políticas sociales. La jerarquía que ha ido ganando la justicia de género en distintos ámbitos de las políticas públicas revela un amplio consenso nacional en torno a la necesidad de superar el conjunto de brechas presentes en la cotidianeidad de las mujeres.  No usemos la crisis económica para detener esta senda de desarrollo.

 

* Lorena Fries M. es directora de la Corporación Humanas

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