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La hora de América Latina

por 10 mayo 2009

Dicho en otras palabras, ahora para Estados Unidos América Latina existe como región, y no como una serie de países con los que mantener solamente relaciones bilaterales. Tercero, el APEC y el Foro

Por Héctor Casanueva

Recién asumido nuestro nuevo canciller, Mariano Fernández, destacó ante los medios la alta prioridad que tiene Latinoamérica en la política exterior del país. Creo que la afirmación del ministro conecta bien con el que, a mi juicio, es el mejor momento para una positiva inserción y posicionamiento internacional de América Latina en toda su historia. Esto puede parecer una exageración, pero no lo es, aunque constituye una paradoja, si nos atenemos a las divergencias observables a nivel regional en los esquemas de integración, en los modelos de inserción económica, en las políticas públicas, en las reconstrucciones institucionales. Es que aún con ese escenario complejo, ciertas constantes como la democracia y la economía de mercado, que aunque con matices prevalecen en sus fundamentos, son comunes a todos los países (excepción hecha de Cuba). Ni aún los regímenes más alineados con tesis tercermundistas dejan de mantener su institucionalidad democrática y económica, en un contexto en el cual la comunidad de países de la región velan porque esto permanezca en todos los casos. Ello sirve de base para articular una estrategia internacional de largo plazo para la región, aprovechando la actual coyuntura.
¿Qué nos muestra la coyuntura? Primero, que según todos los analistas y organismos técnicos, nuestra región está ahora en mejores condiciones que el resto del mundo para enfrentar la crisis financiera, y podría salir de ella antes que los demás, incluso con los efectos, ya algo atenuados, de la crisis del virus humano AH1N1. Hace unos días, Paul Werbos, del National Science Foundation, recomendaba a los miembros de la red mundial del Millennium Project que miraran atentamente las experiencias recientes de América Latina sobre manejo de crisis y de reformas económicas para sacar ejemplos para el mundo desarrollado. Segundo, por primera vez Estados Unidos promueve relacionarse políticamente con instancias de integración formales, como ocurrió en la Cumbre de las Américas, en que Obama sostuvo reuniones con la UNASUR y con el Sistema de Integración Centroamericana, diálogo político que hasta ahora sólo se ha instalado y funciona de región a región con la Unión Europea. Dicho en otras palabras, ahora para Estados Unidos América Latina existe como región, y no como una serie de países con los que mantener solamente relaciones bilaterales. Tercero, el APEC y el Foro de Cooperación América Latina y Asia del Este como mecanismos de vinculación de la región con la zona más dinámica de la economía mundial ha generado en los últimos dos años un creciente interés de China e India, por citar dos de los grandes, para reforzar los lazos, las inversiones y el comercio con proyección en el largo plazo. Cuarto, el renaciente interés de Rusia, sobre nuevas bases políticas, por incrementar sus lazos con Latinoamérica.
Ahora bien: ¿qué hace hoy más atractiva a América Latina? Desde luego porque frente a desafíos globales como el cambio climático o la energía, presenta un potencial para contribuir a la sustentabilidad del desarrollo global por sus recursos naturales, agua, biodiversidad, territorio, población. Y como hoy tiene buenas relaciones simultáneas con los tres centros de poder político y económico mundiales, lo que corresponde es sincronizar y hacer convergentes todos estos componentes, y generar una “sinergia de relacionamientos” con esos tres centros en torno a una agenda estratégica basada en los temas prioritarios de carácter global. Claro que para ello hay una urgente condición sine qua non, a la que Chile está contribuyendo con fuerza: una nueva integración regional, sobre bases concretas, funcionales y acordes con los desafíos competitivos de la globalización. Para ello ya se ha legitimado políticamente la UNASUR, que se puede ampliar hacia México y Centroamérica, y contamos con instrumentos jurídicos de tipo económico comercial que funcionan bien, como el Tratado de Montevideo de 1980.

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