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Los océanos rojos de la competencia electoral

por 3 junio 2009

Los mecanismos del sistema están siendo probados a fondo y fuera de todo control. La primera vuelta presidencial como una primaria intracoalición ya se probó en la derecha en las elecciones pasadas, pero ello aún no ha ocurrido en la Concertación. Todo parece indicar que esta vez si va a pasar.

El escenario electoral presidencial está aún muy líquido para hacer pronósticos relativamente certeros sobre el resultado final. Lo que sí es cierto es que el sistema de dos coaliciones se encuentra fuertemente amenazado por el surgimiento de un candidato out sider, Marco Enríquez-Ominami, que ha desordenado la delicada ingeniería electoral con la cual venía funcionando el sistema.

Tal hecho abre espacios de incertidumbre a nivel de todo el sistema político, además de nuevos cálculos electorales, aunque en la práctica el mayor impacto lo sufre la Concertación, coalición de origen de Enríquez-Ominami, pues se desmorona uno de sus rasgos esenciales cual es su capacidad para ordenar los factores de gobernabilidad del sistema.

Su candidato Eduardo Frei ha enfrentado abiertamente la situación caracterizando su propuesta como de continuidad gubernamental, tratando en lo esencial de captar el sentido político de la protección social desplegada por el gobierno y obtener adhesiones electorales de la popularidad  que exhibe este.

Si bien ello es más que razonable dados los altos niveles de adhesión ciudadana que concita el gobierno y en especial la Presidenta, implica también un abandono del sentido estratégico de cambio que se intentaba plasmar a través del trabajo programático en red de Océanos Azules.

Esta estrategia, tomada de un modelo de innovación de negocios desarrollado por dos académicos del Institut Européen d'Administration des Affaires, INSEAD, se basa en la idea de que las empresas no deben competir con sus rivales (en un océano rojo de luchas sangrientas por superarse unos a otros) sino hacer que aquellos sean irrelevantes. Para lograrlo buscan desarrollar alguna acción innovadora que cambia los públicos y los escenarios (a océanos azules), evitando así la lucha en un espacio donde no hay competidores.

El requisito para que ello ocurra es innovar y desarrollar ofertas nuevas y atractivas que logran la diferenciación y transforman los espacios de competencia actuales (mercados), en espacios nuevos prácticamente vírgenes.

No se puede sostener –o al menos no se percibe de manera clara-  que la estrategia de Océanos Azules haya tenido innovación o ideas de diferenciación políticamente potentes. En esencia se trata de una red de adherentes para ir dando tonalidad a un programa desde abajo hacia arriba y en un sistema de interacción 2.0,  que fue una buena plataforma para avanzar en los momentos en que los partidos de la Concertación aún no definían su apoyo electoral al candidato.

Lo que ahora se plantea es un escenario que exige ir más allá de lo programático, según plantean los operadores de izquierda y derecha del sistema, y que abre una demanda de ejercicio electoral desnudo para hacer frente a un entramado social de fuerte potencial antisistémico, por lo menos en lo que se refiere al binominalismo político que domina todo el escenario.

Por múltiples razones, que no es del caso analizar aquí, este se está diluyendo y  se están rompiendo aceleradamente los diques de gobernabilidad y consenso, abriéndose una brecha de transversalidad política más amplia que los contenidos de programa, y que nadie parece capaz de ordenar  o controlar ejerciendo racionalidades meramente políticas. Más aún, es posible que la única barrera real que se visualiza frente a aquello sea el carácter conservador que se atribuye al padrón electoral en razón de su envejecimiento etáreo.

Por otro lado, los mecanismos del sistema están siendo probados a fondo y fuera de todo control. La primera vuelta presidencial como una primaria intracoalición ya se probó en la derecha en las elecciones pasadas, pero ello aún no ha ocurrido en la Concertación. Todo parece indicar que esta vez si va a pasar.

Todos esos hechos dejan una rosa de los vientos que puede dirigir el péndulo en cualquier dirección. Hacer por ejemplo que Eduardo Frei se desplome momentáneamente y resurja en un par de meses como el gran candidato del centro sistémico, capaz de expresar los consensos políticos  que hasta ahora han hecho funcionar el sistema. También que el electorado de centro de la Concertación se vuelque hacia la candidatura de la Alianza y Sebastián Piñera gane en primera vuelta. O que emerja inesperadamente una fuerza social y electoral nueva que haga ganar a Marco Enríquez-Ominami y de al traste abruptamente con el actual sistema.

En cualquiera de los casos, el escenario lentamente tuerce hacia una lucha cruel y descarnada por los votos en un escenario de fin de ciclo más parecido a un océano rojo que al arte innovador de pesca en océanos azules.

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