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El sistema binominal contra la derecha

por 4 junio 2009

El sistema binominal sub representaría a la derecha, pese a ser la segunda mayoría, ante un bloque común de las fuerzas no derechistas. Aunque la izquierda extraparlamentaria tiene un porcentaje pequeño de votos, este puede ser suficiente para evitar que la derecha supere la barrera del 40%...

Por Alejandro Corvalán*

El sistema binominal ha sido criticado porque sobre representa a la derecha, es decir, le asigna más asientos en el Congreso que votos en las urnas. A menudo se afirma que la causa de este sesgo está contenida dentro del propio mecanismo electoral, explícitamente diseñado para favorecer a la segunda mayoría si ésta alcanza más de un tercio de los votos. Dado que la derecha obtiene votaciones holgadamente por sobre este umbral pero aún no suficientes para constituirse en primera mayoría, su sobre-representación está invariablemente asegurada. Nos encontraríamos, al parecer, frente a un  designio divino (Dios, en este caso, tuvo nombre y apellido).

Pero el análisis anterior es incompleto ya que ignora otros factores que también contribuyen a sesgar el resultado eleccionario. En particular, los efectos del Binominal se apoyan en la incapacidad de los sectores contrarios a la derecha de generar un frente común.

Contrariando la creencia convencional, el sistema binominal puede perjudicar a la segunda mayoría aún si ésta obtiene más de un tercio de los sufragios. Es cierto que en una elección parlamentaria basta que la derecha obtenga una votación por sobre un tercio en todos los distritos y circunscripciones para que gane la mitad de los asientos. Pero si esta misma votación nacional se reparte territorialmente de modo que en la mitad de dichos distritos y circunscripciones saca menos de un tercio, entonces sus parlamentarios podrían reducirse hasta un cuarto. En el primer caso la derecha está sobre representada; en el segundo, sub representada. Por tanto, no podemos asegurar que el sistema electoral beneficia a la derecha sólo a partir de su promedio nacional de votos -por ejemplo, si obtiene sobre el 33,3% -, sino también de como estos se reparten en el país.

Aún así, el promedio nacional y la distribución regional de votos de la derecha no son suficientes para calcular los asientos que dicho sector captura en una determinada elección. También se debe considerar contra quienes compiten. Es decir, su representación parlamentaria depende de las eventuales alianzas que coordinen sus adversarios.

Si la derecha hubiese competido a nivel de diputados contra una coalición que integrase la Concertación y la izquierda extra parlamentaria -considerando su distribución histórica de votos por distritos- dicho sector hubiese necesitado al menos un cuarenta por ciento a nivel nacional para mantenerse sobre representado. Y este resulta, dado su nivel de apoyo, un umbral bastante alto.

En efecto, podemos tener una idea aproximada del eventual peso electoral de una alianza entre la Concertación y la izquierda extra parlamentaria sumando los votos de ambos sectores en dichas elecciones. El resultado del ejercicio muestra que la Derecha habría sido perjudicada por el sistema binominal en tres -1993, 1997 y 2005- de las últimas cuatro elecciones de diputados.

En consecuencia, el sistema binominal sub representaría a la derecha, pese a ser la segunda mayoría, ante un bloque común de las fuerzas no derechistas. Aunque la izquierda extraparlamentaria tiene un porcentaje pequeño de votos, este puede ser suficiente para evitar que la derecha supere la barrera del 40% (y no aquella sicológica del 33,3%) de modo que el binominal empiece a jugar a favor de la primera mayoría.

En nuestro país, por razones tanto ideológicas como de conveniencia electoral, no se ha logrado un acuerdo entre la Concertación y la izquierda extra parlamentaria. Pero se debe considerar que uno de los posibles efectos de tal alianza sería contrarrestar, al menos en la Cámara de Diputados, la criticada sobre representación de la derecha.

Por tanto, los resultados de dicha alianza no deben subestimarse. Solamente cuando el binominal se vuelva en contra de la derecha, dicho sector tendrá los incentivos adecuados para debatir una eventual reforma al sistema electoral.

*Alejandro Corvalán, Departamento de Economía, New York University.

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