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Recesión: ¿un retroceso para las políticas de competencia?

por 5 junio 2009

Similares medidas ha estado usando Barack Obama para rescatar empresas en su país. Estas conductas no pueden ser analizadas desde la visión dogmática que rige a nuestros líderes y a muchos economistas con largos años de aula, sino como un instrumento para darle transparencia, credibilidad y...

Por Iván Valdés*

Una fuerte discusión se ha dado en los centros de investigación de políticas de competencia en Inglaterra acerca del impacto que tendrá la crisis económica y financiera en el comportamiento de las empresas y el rol que la autoridad debe asumir para enfrentarla.

De hecho, un reciente artículo escrito por Peter Freeman, Jefe de la Comisión de Competencia en UK, ha sido titulado con la interrogante Competition Night? El argumento es simple. La caída en la actividad productiva podría poner un freno a "la luna de miel" de las leyes de competencia y sus aplicaciones, entrando a una fase de relajo y de rol secundario para enfrentar la crisis.

Ciertamente, esta pregunta es perfectamente aplicable a nuestro país, ya que después de los avances observados en los últimos dos años, especialmente en aquellos asociados a analizar las conductas en la industria del retail y a cautelar los impactos sociales de dichas acciones (fusiones de las empresas dominantes, pero principalmente las conductas cooperativas observadas en la industria farmacéutica), la duda apunta a como crear un engranaje que permita estimular la economía para salir de la crisis, comprender las conductas de las empresas, estar dispuesto a hacerles seguimiento y aplicar sanciones a quienes opten por el camino de la ilegalidad.

El beneficio neto de abrir los mercados y fortalecer la competencia ha sido claro para el común de los ciudadanos. Los precios han bajado para una gran cantidad de productos (vestuario, alimentos, artículos electrónicos), ha aumentado la cantidad y variedad de bienes al alcance de los consumidores, y se han incorporado nuevas firmas al mercado. Asimismo, la competencia ha obligado a las empresas más atrasadas a emprender iniciativas para mejorar la productividad, bajar costos e incorporar tecnologías para la gestión de sus negocios.

Con el argumento de la crisis podemos dar pasos hacia atrás. En estos tiempos, las empresas tienen altos incentivos para relajar o hacer amistosa la competencia, lo que abre espacios para actividades ilegales (básicamente carteles) como instrumento para mantener precios fijos. El caso FASA, más allá de ser el ejemplo puntual que ha encendido la discusión pública en estos meses, es la manifestación de una conducta que cruza a no pocas industrias.

Cuando una parte de los consumidores salen del mercado, la demanda baja y las utilidades tienden a caer. Una manera de contener una contracción más fuerte es mantener los precios al mismo nivel pre-crisis. Allí no basta con las declaraciones de buenas intenciones o con estrategias agresivas puntuales destinadas a hacer creer que la competencia rige el accionar de las empresas. El rendimiento de la banca sigue en el nivel de sobre-normal que hemos estado acostumbrados a observar durante muchos años, aún cuando la tasa de interés de largo plazo está casi en el piso. La industria del retail ha tenido resultados dispares en el último trimestre, no obstante, algunas de ellas muestran rentabilidades impresionantes, distante de lo que se esperaría en estos tiempos.

Todos los microeconomistas reconocemos que los precios fluctúan a través del tiempo, por ello es incomprensible que los precios suban o se mantengan fijos cuando la demanda se contrae. Hay consideraciones de oferta, entre ellas, altos inventarios o la caída de los costos de producción por una baja en los salarios, que refuerzan un movimiento contrario de los precios a lo que hemos observado en la industria farmacéutica o la industria de los supermercados.

En organización industrial sabemos que las empresas no sólo pueden tener comportamientos cooperativos horizontales (entre pares), sino también verticales (con empresas manufactureras). Notablemente,  Bernheim y Whinston (1985) y posteriormente Motta (2004) explicaron como las empresas relacionadas verticalmente podían levantar fácilmente comportamientos cooperativos usando a aquellas aguas abajo (por ejemplo, las empresas del retail) como una "agencia común" para obtener rendimientos colusivos. Empíricamente, hay varias industrias en que esa realidad es fácilmente demostrable, a saber, la industria farmacéutica (otra vez), la industria de bebidas alcohólicas y analcohólicas, la industria de la construcción (especialmente cemento) son sectores que hay que mirar continuamente, pero mucho más ahora.

Por otra parte, en el caso de las fusiones de empresas, lo más probable es que aún ellas no estén agotadas, y por lo tanto es perfectamente posible que se sigan reordenando algunas industrias. En recesión, los argumentos levantados por las empresas suenan mucho más coherentes que en periodos de expansión (aumentar sinergias o disminuir costos de producción para poder subsistir). Una regla que puede guiar la toma de decisiones, aún cuando sus resultados puedan sonar contra-intuitivos, es aquella inferida del paper de Bresnahan and Reiss (1991) sobre las condiciones de entrada y competencia en mercados concentrados. A saber, en industrias dominadas por 3, 4 o 5  incumbentes, la mayoría de los efectos sobre la competencia ocurren con la entrada de la segunda y la tercera firma, y por ende, con sólo 3 o 4 incumbentes lo más probable es que tengamos efectos positivos en bienestar.

Otra área argumental está relacionada con la competencia internacional. En buena parte de los países europeos, hay un clamor por cerrar las fronteras a través de medidas proteccionistas con el objeto de cuidar "las empresas domésticas".  En nuestro continente vemos países que aún bajo un régimen de competencia abierto (México es el mejor ejemplo), las autoridades actúan zigzagueantemente al enfrentar grupos de poder. En tiempos de recesión, la presión por cerrar la economía es mucho más fuerte y con argumentos altamente populares y sensibles para el común de los ciudadanos (incremento del desempleo). En estos momentos se prueba quien es quien. Para una autoridad fuerte, que tenga la convicción que la competencia es la ruta para aumentar el bienestar global, mas allá de los impactos transitorios adversos que podemos enfrentar en el camino, siempre debe primar la política permanente para tomar decisiones. Si hay sectores específicos que se debe proteger, protejámoslos, pero que ella no se constituya en una regla horizontal para el común de las industrias.

Finalmente, esta crisis nos ha demostrado que los gobiernos también pueden ayudar a las empresas grandes, lo que debiera ser visto no como un atentado a la competencia o a la distribución de la riqueza, sino como un instrumento que en particulares circunstancias puede ayudar a dar estabilidad económica. En el caso europeo, los gobiernos han tomado algunas funciones pensadas clásicamente como estrictamente privadas como entrar en la propiedad de las empresas (sector bancario en Inglaterra, sector automotriz en Francia). Similares medidas ha estado usando Barack Obama para rescatar empresas en su país. Estas conductas no pueden ser analizadas desde la visión dogmática que rige a nuestros líderes y a muchos economistas con largos años de aula, sino como un instrumento para darle transparencia, credibilidad y sostenibilidad a las políticas económicas en tiempos de crisis.

*Iván Valdés es economista, académico Universidad Central.

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