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En Honduras posiciones de fuerza cierran filas frente al Plan Arias

por 20 julio 2009

El Presidente de Costa Rica Oscar Arias, el negociador en la crisis de Honduras, ha presentado su plan de reconciliación nacional de siete puntos. Hay reserva porque contiene condiciones en una situación de poder compartido.

Por Juan Francisco Coloane

El Presidente de Costa Rica Oscar Arias, el negociador en la crisis de Honduras, ha presentado su plan de reconciliación nacional de siete puntos.

Contempla la restitución del depuesto presidente Manuel Zelaya para el 24 de julio hasta que cumpla su mandato en enero de 2010 y una anticipación de la elección de noviembre a fines de octubre. El plan ha sido en principio aceptado por Manuel Zelaya y rechazado por el Gobierno de facto de Roberto Micheletti.

Hay reserva en ambas partes porque contiene condiciones en una situación de poder compartido. El plan propone la formación de una entidad mixta con autoridades locales e internacionales para supervisar la estabilización democrática.   

Había poco espacio para otras opciones. Oscar Arias optó por la vía legal de la presión internacional lo que hacía cualquier otra propuesta insostenible en el tiempo.

Sin embargo la propuesta tampoco se ve muy viable desde la partida por el endurecimiento de las dos posiciones al conocer el Plan Arias.

En Honduras la represión va en aumento y la advertencia de encarcelar a Zelaya si regresa no se ha depuesto. Arias señaló que "La comunidad internacional ha dado su respaldo unánime a esta mediación, esperando que el conflicto hondureño se resuelva por las vías diplomáticas y los caminos de la paz''.

Por otra parte, el viernes pasado las fuerzas armadas hondureñas por primera vez se expresan públicamente por el status quo y subrayan en su comunicado que están sólidamente unidas rechazando la intervención extranjera y la intromisión en los asuntos de la institución.

Argenpress (Tony Solo), entrega un completo informe de la situación de represión en Honduras como que hubiera un regreso a la época de “la guerra sucia” apoyada por las administraciones republicanas en EEUU.

Dos dirigentes regionales de la agrupación Unificación Democrática en el norte de Honduras han sido asesinados mientras los medios son presionados por escuadrones de seguridad. Si bien se levantó el toque de queda, el estado de excepción ha intensificado los mecanismos de control y represión.    

Robert Wood, a nombre del Departamento de Estado de EEUU afirmó el fin de semana que Washington se opone a cualquier intento de que Zelaya vuelva porque “no ayudaría a la mediación”, señalando que Mauel Zelaya conoce nuestra posición.

Los problemas de origen

La Casa Blanca ha apoyado la gestión de Arias y no ha tenido otra opción que aceptar el plan de restitución de Zelaya por su apoyo inicial a la declaración de las asambleas de la ONU y la OEA exigiendo esa restitución.

La administración de Barack Obama se ha entrampado por partida doble. En primer término por la aceleración inicial de exigir la vuelta de Zelaya, y por la ambigüedad posterior en el manejo del proceso frente a la fuerte presión neoconservadora desde fuera y dentro del gobierno. Ya es un lugar común interponer el factor Hugo Chávez y el ALBA en la discusión.

En el contexto de una cultura muy establecida guiada por necesidades  de supremacía a toda costa, y que obliga intervenir a favor de esa supremacía, no es fácil para Barack Obama y su plan de construir una política exterior  basada en derecho, y principios de autonomía y la no intervención en los países. “Desimperializar” EEUU debe ser una tarea tan gigantesca como derrumbar el poderoso sistema soviético.

Este debate está abierto y habrá que observar cómo se enfrenta cada coyuntura. Es prematuro anticipar si realmente el cambio en política  exterior se va a materializar en todos los planos. Honduras es un foco de atención por cierto donde  las dos escuelas de pensamiento se enfrentan.  

Así  como en la represión a las manifestaciones en Irán hubo dos tiempos en la respuesta de EEUU, primero de moderación y equilibrio en el lenguaje para no intervenir,  y después de lenguaje y acción más incisivos, en Honduras ha habido también dos tiempos pero al revés: primero actitud proactiva en defensa del gobierno depuesto; segundo, extrema moderación para no hacer caer al gobierno de facto. En ambas situaciones ha intervenido la política interna y la incesante oposición del neoconservadurismo para que EEUU funcione con nuevas ideas.    

Centralizar los servicios operativos de inteligencia en EEUU después de la invasión a Irak ha sido una pesadilla. Cuántas situaciones como la de Honduras andan revoloteando por el mundo que son vestigios de la llamada era Bush y que son planes en suspenso a punto de despegar. 

Las primeras veces son importantes en política internacional, campo que se mueve a menudo con lentitud, mientras no ocurran explosiones de tensiones acumuladas. La resolución de la crisis en Honduras y el cómo se resuelva determinará el futuro en varias instancias. La OEA en primer lugar, el rol de EEUU y otros actores clave en la región. 

Dejar el problema a los centroamericanos, o a los EEUU, seria un craso error. El fenómeno en Honduras sigue demostrando que la mecánica de la guerra fría prima aún. Mucho está encubierto. Arias no ha sido completamente transparente, Zelaya tampoco. EEUU opera "invisible".

Lo mas dramático es el rol pasivo del hondureño que proyecta la prensa o es producto de la represión. Honduras es campo de batalla no del Chavismo, sino de las profundas contradicciones de una desgastada oligarquía hondureña.

Lo fundamental es la preocupación por el nuevo orden internacional, y mientras los poderes oligárquicos prevalezcan eso no será posible. Es lo que dijo Barack Obama en Ghana, y la advertencia al gobierno de Irán se aplica en Honduras y esencialmente para EEUU: Los ojos del mundo están puestos en lo que EEUU haga en Honduras y en la región.   

El Plan Arias no es un fojas cero. Hay que admitir que es la vía legal más obvia aunque la más compleja, porque es la que no aceptó el gobierno de facto desde el comienzo.

En la coyuntura es útil recordar lo que fue a hacer José Miguel Insulza a Tegucigalpa, y por lo cual fue “masacrado” por el ímpetu antichavista y los recalcitrantes de siempre. 

Él fue a comunicar lo que Arias está proponiendo ahora en gran parte. Fue a estampar en los ojos de los usurpadores y de los hondureños las resoluciones multilaterales. No fue a conseguir que el gobierno de facto renunciara. 

Van a haber sorpresas desde Honduras y los hondureños, no de los negociadores. Otro dato: La Comunidad Europea ha estado a los ojos del público muy pasiva en esta crisis. Se necesita un poco de esa sabiduría para equilibrar el realismo mágico de la política en la región, siempre que Europa esté decidida a apoyar los nuevos aires del Gobierno de Barack Obama.

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