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Banda ancha universal

por 21 julio 2009

Para avanzar en la superación de la brecha, hay que definir la base mínima de inserción en la sociedad digital y de la información, que nos enganche en el nuevo desarrollo mundial. Parece claro que sin "Banda Ancha para todos ya", ese plus de dinamismo no se puede lograr.

 Por Héctor Casanueva*

La nueva competitividad mundial tiene su base en las tecnologías de la información y la comunicación (TICs), que giran en torno a la red de redes: la Internet. La generación de nuevos empleos o la reconversión a ocupaciones de mayor productividad y mejor remuneradas dependen de ellas. Según un estudio de 2009 (Internet World Stats 2009), Estados Unidos cuenta con un 74% de penetración de Internet (74 de cada 100 habitantes); Europa con 49% y América Latina con 30%. El número de usuarios ha crecido en el mundo entre el 2000 y el 2008 un 342%, llegando a mil seiscientos millones de personas. América Latina pasó de dieciocho millones de usuarios a 174 millones, con un crecimiento de nueve veces. Es un avance espectacular en términos absolutos, no así en términos relativos, pues entre Estados Unidos, Europa y Asia se concentra el 82% de la demografía de la red.

Según las cifras señaladas, el proceso de masificación de las TICs tiene en los países desarrollados un fuerte dinamismo no solamente cuantitativo, sino cualitativo, que nos aleja progresivamente de la economía digital. Las consecuencias de esta brecha en materia de competitividad es dramática: como existe una nueva forma de hacer las cosas en el comercio, en la gestión pública y en las relaciones interpersonales, marcada por el uso de las nuevas tecnologías, con paradigmas, procedimientos y técnicas que vienen del mundo desarrollado, los países o sectores de población que no acceden o no saben utilizar intensivamente las TICs se van quedando atrasados hasta que resultará imposible reengancharlos. Superar la brecha depende del desarrollo de la infraestructura digital, que se mide según la densidad telefónica; la densidad de computadoras; la penetración de Internet y el número de servidores Host, y depende asimismo de la capacitación de los usuarios y su posibilidad económica de acceder a Internet en condiciones similares a las de los países desarrollados, es decir, utilizando la banda ancha.

Chile cuenta con una penetración de Internet superior al 35% y encabeza la lista de los países de la región con mejor ambiente propicio para la economía digital, con un indicador de 6.35 en el e-readiness (que publica The Economist Intelligence Unit con ponderaciones de 1 a 10). El resto de los países miembros de la ALADI  incluidos en ese ranking (Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela) se ubican entre la posición 35 (Brasil) y la 56 (Ecuador). Hemos crecido mucho en acceso a las TICs e infraestructura digital, pero no de igual forma en acceso a Banda Ancha. En Chile la cantidad de conexiones en el segmento hogar se estima sólo cercana al 18%, y la penetración de Banda Ancha por cada 100 habitantes alcanza una tasa promedio de aproximadamente el 6%, mientras que la Unión Europea promedia el 19%, con puntas en Dinamarca y los Países Bajos que llega casi al 40%. En España, el 87% de las localidades rurales cuentan con acceso a Banda Ancha.

El esfuerzo que necesitan hacer nuestros países es doble: acortar la brecha "estática" y a la vez imprimir un "plus de dinamismo" para ir a mayor velocidad que sus competidores. Para avanzar en la superación de la brecha, hay que definir la base mínima de inserción en la sociedad digital y de la información, que nos enganche en el nuevo desarrollo mundial. Parece claro que sin "Banda Ancha para todos ya", ese plus de dinamismo no se puede lograr.

Una propuesta potente en este sentido que podrían asumir todos los candidatos en la campaña presidencial y parlamentaria, sería promover, como lo planteó hace ya un tiempo "Atina Chile", el desarrollo en el más corto plazo de un programa de "BANDA ANCHA PARA TODOS", de acceso universal, iluminando ciudades y pueblos. Pero a nuestro juicio debería ser con acceso gratuito a una red de Internet pública con Banda Ancha, ya que esa inversión redundaría en una rentabilidad social y económica indudable. La misma lógica con la que hemos estado disponibles finalmente a subsidiar el transporte, debería primar para subsidiar el acceso a la Banda Ancha pública, ya que el principal escollo radica en el alto costo que esta tiene en Chile.

Asimismo, deberíamos ser proactivos en este mismo tema a nivel latinoamericano. No basta con que un país de nuestras características y entorno se desarrolle aisladamente o tome la delantera en esta materia sobre el resto (Chile muestra indicadores sobre el promedio de la ALADI),  porque el cuello de botella con los demás mediatiza los efectos en el comercio y la logística exportadora. En el caso de espacios integrados como la Unión Europea, el hecho de contar con parámetros y programas comunes ha potenciado fuertemente el sector de las TICs y el acceso y penetración de la red, y por ende la productividad y la competitividad.

* Héctor Casanueva es representante en Chile del Millennium Project-State of the Future.

 

 

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