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¿Subir los impuestos?

por 30 julio 2009

El mercado en Chile sólo ha impulsado proyectos de corto plazo y bajo riesgo lo que ha conducido a la des industrialización del país. ¿Cómo hacer entonces para que el capital privado participe en innovaciones tecnológicas que de por si requieren largos plazos y además tienen un alto riesgo de...

Por Ernesto Benado*

En artículo en El Mercurio del 22 de Julio, el economista  Hernán Cheyre para oponerse a las propuestas de aumentar la tributación en Chile argumenta textualmente: "Para poder sostener una carga fiscal como la que exhiben los países con mayores niveles de ingreso, primero es necesario alcanzar ese nivel de desarrollo. Si se actúa en el orden inverso, subiendo los impuestos antes de tiempo, la ruta al desarrollo se verá obstaculizada".

Lo que no explica el economista, es por qué  si en Chile se han mantenido tan bajos los impuestos durante dos décadas  el crecimiento económico ha ido decreciendo, el desempleo se ha mantenido estructuralmente elevado y la meta para alcanzar el desarrollo se ha ido moviendo hacia el futuro lejano.

En lo que tiene razón es que para  crear lo que se llama "un Estado benefactor" que proporciona salud, educación y vivienda adecuadas a toda la población se necesita una economía más fuerte y diversificada que la que existe actualmente en Chile. Sólo el auge del precio del cobre y el ahorro excedente de recursos ha permitido mejorar la cobertura social y crear planes de apoyo a la gente pobre.

Tomando los  tres ejemplos citados por él, Portugal, España y Corea del Sur, ninguno de esos países alcanzó el nivel de  protección social  sin impulsar una base industrial que agregue valor a la mano de obra y permita exportar no sólo productos naturales sino  artículos manufacturados que incorporen tecnología.

Si Portugal siguiera  basando su economía en la exportación del alcornoque (corcho) y en la explotación de sus colonias africanas, que es lo que se recibió de la dictadura salazarista todavía seguiría en  el atraso. En el caso de España, los gobiernos democráticos, cualquiera que fuese su tendencia, hicieron un plan estratégico de desarrollo del cual salieron  al exterior, entre otras, sus empresas de telecomunicaciones, de electrodomésticos, de cerámicas, etc. En el caso de Corea del Sur, se sabe el impulso que los gobiernos dieron a la industria electrónica, a la automotriz y a la pequeña y mediana industria muy diversificada.

De todos los sectores económicos sólo el industrial mantiene y  aumenta su rendimiento con la escala de producción. La agricultura, la minería y la pesca en que Chile basa su economía de exportación tienen un rendimiento decreciente y no sustentable  en el tiempo. El colapso de la industria de salmones es un buen ejemplo de lo que significa la sobreexplotación de un recurso natural, aunque en este caso fuera renovable.

¿A cuanto debería aumentar la  cantidad y extensión de esos sectores exportadores para alcanzar a duplicar o triplicar  los ingresos actuales per cápita, que nos  permitirían financiar un Estado benefactor eficiente y solidario y además sobrevivir a las variaciones cíclicas  de las exportaciones de commoditties?

El punto débil del liberalismo es  que abandona al mercado y a los impuestos bajos el desarrollo productivo y estos factores no son suficientes para aumentar el crecimiento.

En las inversiones programadas  actualmente por el sector privado  el 90 % corresponde al sector minero y a energía, ambos los más agresivos con el medio ambiente.

El mercado en Chile sólo  ha impulsado  proyectos de corto plazo y bajo riesgo lo que ha conducido a la des industrialización del país.

¿Cómo hacer entonces para que el capital privado participe en innovaciones tecnológicas que de por si requieren largos plazos y además tienen un alto riesgo de ser exitosos?

Hay varias propuestas implementadas  en países  que tuvieron éxito para reorientar las inversiones  y dirigirlas hacia  un plan industrial innovativo y tecnológicamente nuevo.

Lo primero es compartir el riesgo de los proyectos entre el Estado y  el sector privado, en forma de disminuir el riesgo neto para el inversor y hacer competitivos estos proyectos.

En segundo lugar, hay que redirigir el esfuerzo de ahorro de los trabajadores chilenos en las AFP que hoy se envía irresponsablemente al exterior, y radicarlo en inversiones dentro del país.

Y tercero, el Estado a través de sus órganos especializados debe patrocinar dos o tres grandes proyectos  de impacto tecnológico que orienten el trabajo de investigación y desarrollo de Chile en los próximos 10 años e impactar en  un nuevo sector industrial.

Este plan de desarrollo no debe reemplazar  a lo que se está haciendo en la minería, en la agroindustria, en lo forestal  y en acuicultura. Debe sumarse a esos esfuerzos para darle un impulso adicional al magro crecimiento actual.

*Ernesto Benado es director de Conadecus y militante del PS

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