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Política, medios y ética

por 4 agosto 2009

Si acaso era tan importante que se conocieran los actos ahí denunciados para el bien de la democracia, ¿por qué Moulián no bregó para que su exhibición se realizara? ¿Por qué no utilizó el poder de su "parrilla flexible" para dar a conocer un reportaje con alto interés público?

Cristian Cabalin *

En los tiempos de la videopolítica, como la definió Giovanni Sartori, los medios de comunicación constituyen una plataforma valiosa para cualquier proyecto político. Ahí se instaló Marco Enríquez-Ominami y con dos meses de una recurrente aparición mediática se transformó en un candidato competitivo. Los diarios y la tele vieron en MEO un fenómeno creciente y le entregaron páginas, análisis y portadas. Hoy está tercero y con posibilidades, desplegando una campaña en terreno más apegada a la política tradicional.

En su estrategia, MEO fue hábil y ha sacado ganancias, en contraposición, a la relación que han establecido los candidatos presidenciales con los medios de comunicación. Eduardo Frei se apartó del debate, no acepta invitaciones a programas y evade las preguntas conflictivas. Sebastián Piñera, a través de su asesor Rodrigo Hinzpeter, se ha quejado de la cobertura crítica que recibe su candidatura de algunos medios, viendo en ellos maltrato y confabulaciones. Jorge Arrate y Alejandro Navarro acusan silenciamiento de sus propuestas y, con algo de razón, piden más minutos o páginas dedicadas a su campaña.

A excepción de Enríquez-Ominami, el resto de los candidatos no está conforme con los medios, pero de igual modo hacen lo posible por estar en ellos. Es la típica relación de fascinación y rechazo que generan los medios masivos de comunicación en los ámbitos del poder, la economía e, incluso, la academia. Los políticos siempre creen ver oscuras intenciones en el tratamiento de una noticia. Los grandes empresarios acusan campañas de desprestigio cuando algún tema se investiga, y los intelectuales desconfían del funcionamiento de los medios, sobre todo de la televisión, y menosprecian a sus operadores: los periodistas. Sin embargo, intelectuales, políticos y grandes empresarios reclaman y quieren mayores espacios en los diarios, revistas, programas de TV o radios.

Los dueños y ejecutivos de los medios son concientes de la fuerte atracción que generan para el poder y establecen un vínculo que muchas veces no está  totalmente definido o, al menos, transparentado. Los medios actúan como un subsistema en constante tensión con el sistema político y económico. En ese lugar, se convierten también en actores políticos. Y en época de elecciones, los medios no son neutrales. Aunque se esfuercen por demostrar lo contrario.

En Estados Unidos, los diarios, canales y radios declaran abiertamente su favoritismo, en un acto que para algunos es periodismo de trinchera, pero que en realidad es un sinceramiento necesario con el público. Es el contrato que establecen con sus audiencias. En Chile, en cambio, los medios se declaran imparciales, pero en su cobertura y tratamiento de las campañas se advierten claramente énfasis y perspectivas; preferencias y desacuerdos. Los medios, en tanto instituciones, apoyan una determinada visión de mundo o tipo de sociedad y es obvio que existen candidatos más afines a esas posturas, que reciben un trato condescendiente.

Las relaciones entre el poder y los medios no son inocentes y demandan una perspectiva ética mayor. Por eso, la intervención del candidato a diputado por Valparaíso, Vasco Moulián (UDI), no solo fue un tremendo error, sino también un llamado de atención al papel de los medios en época de campaña y al uso que se hace de la información que ellos manejan.

Moulián dijo que si se hubiera emitido el reportaje de Contacto sobre la labor parlamentaria -trabajo suspendido y sin fecha probable de emisión por las pantallas del canal del angelito- su rival, Joaquín Godoy, hubiera tenido que bajarse de la carrera al Congreso. Fue un golpe feo y poco transparente para alguien que aspira a ocupar un puesto en la Cámara de Diputados. Pero no solo eso: Moulián era director de Programación de Canal 13 cuando la investigación de Contacto fue pospuesta. Si acaso era tan importante que se conocieran los actos ahí denunciados para el bien de la democracia, ¿por qué Moulián no bregó para que su exhibición se realizara? ¿Por qué no utilizó el poder de su "parrilla flexible" para dar a conocer un reportaje con alto interés público?

Es cierto que las llamadas del arzobispo, Francisco Javier Errázuriz, y del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Álvarez, también influyeron en la decisión de no mostrar el reportaje. Pero los ejecutivos -actuales y pasados- de Canal 13 no pueden desconocer el papel que jugaron en la postergación del programa. A ellos también les cabe la responsabilidad de velar por los principios periodísticos que inspiran a la estación y por el compromiso que hacen con la ciudadanía de entregarles información veraz y oportuna. Exhibir el reportaje después de las elecciones no permitirá a las personas elegir mejor en las próximas parlamentarias, no podrán evaluar a quien hoy les pide el voto. Así, los medios, más que un Cuarto Poder fiscalizador, denunciante y asertivo, se transforman en una estructura oscura y desleal con quien dicen servir: los ciudadanos.

*Cristian Cabalin es periodista y magíster en Antropología y Desarrollo. Académico del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile.

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