Lunes, 5 de diciembre de 2016Actualizado a las 01:18

Autor Imagen

Chile ¿la tierra de Herodes?

por 5 agosto 2009

No estamos hablando de pequeños monstruos, porque como adultos capaces e informados sabemos que los monstruos sólo existen en los cuentos. Estamos hablando de niños y niñas que tienen miedo y pena, y que han aprendido a defenderse de la violencia, con violencia.

Por Consuelo Contreras*

Chile ratificó la Convención Sobre Derechos del Niño en 1990. Desde entonces se han logrado avances en la protección a los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes, pero aún falta mucho por recorrer.

Hace 20 años problemas como el maltrato, el abuso sexual o el trabajo infantil, no eran temas de debate o preocupación; hoy la gran mayoría del país reconoce que son situaciones inaceptables, frente a las cuales se deben realizar acciones inmediatas para proteger la vida, integridad y dignidad de los niños y niñas afectados. Sin embargo, las diversas situaciones de violencia que enfrenta la infancia hoy día requieren de cambios legales, jurídicos, políticos, institucionales y culturales.

Una de esas situaciones es la que viven niños y niñas menores de 14 años involucrados en hechos que transgreden la ley, son los llamados "inimputables". Los casos involucrados en estas situaciones son cuantitativamente irrelevantes, pero mediáticamente alcanzan una importancia y cobertura que hace aparecer el problema como muchísimo mayor al que realmente es.

De acuerdo a la información estadística del Ministerio Público, durante el primer trimestre del año 2009 413.048 personas fueron imputadas de algún delito, 19.768 son adolescentes de entre 14 y 17 años. Durante este año, 269 menores de 14 años de edad, se han visto involucrados en hechos que podrían ser constitutivos de delitos, es decir una cifra estadísticamente irrelevante. Sin embargo, sí es altamente relevante la situación que viven y que, sin lugar a dudas, está afectando gravemente su vida, desarrollo, integridad y dignidad.

Cuando hablamos de "inimputables" no nos estamos refiriendo a niños(as) incapaces de comprender y diferenciar lo justo de lo injusto, el bien del mal, sin lugar a dudas los niños y niñas son personas capaces, informadas e inteligentes. Estamos hablando de algo más global y directamente relacionado con una decisión política que el país tomó al aprobar la ley de responsabilidad penal de adolescentes. 

El acuerdo es que a partir de los 14 años deberán asumir su responsabilidad penal y por lo tanto serán formalizados de los cargos, tendrán derechos a defensa, serán sometidos a un proceso judicial justo y, de ser declarados culpables, deberán cumplir con la pena establecida en la ley.

Así planteado, los menores de 14 años de edad no son responsables penalmente, es decir no deben responder por sus actos ante la justicia penal, con ello se cumple con uno de los mandatos de la Convención de Derechos del Niño que señala que los Estados deberán establecer una edad mínima antes de la cual se presumirá que los niños y niñas no tienen capacidad para infringir las leyes penales.

Es posible señalar con certeza que, cuando un niño(a) menor de 14 años se ve involucrado en actos que transgreden la ley o en hechos de violencia en los que aparece como agresor, han fallado la totalidad de dispositivos e instituciones responsables de su cuidado, protección y formación: la familia, la escuela, los agentes comunitarios, las políticas universales. En ese momento entonces, lo que corresponde es activar un sistema eficiente de protección hacia el niño, que lo contenga, que le entregue seguridad, respeto y protección, que se active un proceso de re vinculación con el sistema familiar y social.

Sin lugar a dudas las "víctimas" requieren de reparación, protección y justicia. Justicia, no venganza, no debemos olvidar nunca que estamos hablando de niños y niñas de entre 0 y 13 años de edad. De acuerdo a nuestra experiencia, estos niños y niñas han vivido en constante situación de violencia, abandono, negligencia; el desamor y la desprotección es casi la única certeza que tienen en su vida. Presentan baja autoestima, una vida afectiva deprimida y se sienten culpables de la situación que enfrentan. Como si el abandono, la exclusión y las carencias afectivas que deben enfrentar, fueran de su exclusiva responsabilidad.

Así es, no estamos hablando de pequeños monstruos, porque como adultos capaces e informados sabemos que los monstruos sólo existen en los cuentos. Estamos hablando de niños y niñas que tienen miedo y pena, y que han aprendido a defenderse de la violencia, con violencia.

Ante esta situación, las autoridades, los medios de comunicación, las organizaciones no gubernamentales y el conjunto de la sociedad chilena debe cuestionarse y tomar la firme decisión de generar un sistema efectivo de protección a los niños y niñas de nuestro país.

Debemos avanzar en materias legislativas. Hoy es más urgente que nunca contar con una Ley de Protección de Derechos de Niños y Niñas, de todos los niños y niñas, que entregue el marco normativo sobre el cual se diseñen y ejecuten políticas públicas eficaces y pertinentes. Debemos contar con los recursos adecuados y suficientes que permitan dar una atención integral y que repare efectivamente los daños que la violencia y el abandono provocan. Debemos mirarnos como sociedad, respecto de la imagen que estamos construyendo de los niños y niñas que hemos abandonado y excluido.

A las puertas de nuestro bicentenario no podemos permitir que nuestro país se transforme en la tierra de Herodes.

*Consuelo Contreras Largo es Directora Ejecutiva Corporación OPCIÓN.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes