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¡Es la reforma laboral estúpido!

por 12 agosto 2009

Que el gobierno de la Presidenta termine su período mostrando una notoria indiferencia por los derechos del trabajo, será un pasivo fuerte en la campaña del candidato de gobierno ¿cómo creerle a Frei que hará lo que Bachelet prometió hacer pero no cumplió?

Por Diego López*

Basta mirar para entender: la campaña electoral recién toma color e invita a tomar partido por alguno de los candidatos más competitivos, cuando se trata de temas de alto impacto que exhiben diferencias claras entre lo que ellos se proponen hacer si logran ganar las elecciones. 

El desempleo es de interés general, por cierto, pero hasta ahora todos ofrecen lo mismo: más y mejores empleos. Ante una oferta tan homogénea, los ciudadanos no saben por quién decidirse. Lo mismo pasa con la famosa protección social y mayor seguridad ciudadana: los candidatos con opciones reales de ganar vienen a decir más o menos lo mismo. El debate presidencial en temas como éstos se limita a una competencia sobre quién lo hará mejor. Hay que ser verdadero experto para tener una idea clara de en qué se diferencian los candidatos en estos temas.

Pero respecto a la reforma laboral, tema de interés general allí donde los haya, las diferencias son evidentes: Piñera rechaza mejorar los derechos de los trabajadores y Enríquez-Ominami muestra, en el mejor de los casos, indiferencia. Frei, en cambio, se ha comprometido recientemente a mejorar esos derechos: un mensaje claro para que el electorado escoja.

En verdad, el argumento que rechaza mejorar los derechos laborales se sostiene en la idea de que la ausencia de derechos es la mejor herramienta para que las empresas y los trabajadores obtengan la más alta rentabilidad posible. Cualquiera que ha debido trabajar para vivir sabe que eso no es cierto: la prosperidad de las empresas no necesariamente es la prosperidad de las personas que trabajan en ellas y no es raro que sin derechos solo quede resignarse a las condiciones de salario y empleo que las empresas quieran ofrecer, considerando sus propias expectativas de ganancia y no las de las personas que trabajan para ellas. Que sea precisamente un candidato empresario el que represente estas ideas pro empresa, es una ventaja electoral que sería realmente incomprensible no aprovechar.

Solo ante la posibilidad de que la campaña presidencial incluya temas laborales, se cae la pretendida imparcialidad que desean aparentar los medios, los expertos y los opinólogos de todos colores. Editoriales, líderes de opinión y asesores de alto nivel, se apresuran a advertirnos que las elecciones presidenciales no deben pervertirse con temas tan poco serios como más derechos para los trabajadores. Pero dicen lo mismo cuando se trata de subir impuestos, lograr más justicia social, reformar la constitución, la ley electoral, y todo lo que no sea garantizar las mejores utilidades empresariales.

El gobierno de Michel Bachelet ha sido especial por varias cosas. Una de ellas ha pasado desapercibida: si todo sigue igual, será el primer gobierno de la Concertación que prometiendo mejorar la legislación laboral, no presentó un proyecto de reforma para fortalecer la débil libertad sindical y la minoritaria negociación colectiva. Se dirá que no puede permitirse tal cosa ante la severa crisis que enfrentamos, pero en medio de turbulencias económicas, Aylwin presentó una reforma laboral que subió las indemnizaciones por despido; Frei, en plena Crisis Asiática, propuso derogar el reemplazo de trabajadores en huelga y corregir decididamente la debilidad de la libertad sindical; Pese a lidiar con altas tasas de desempleo, superiores a las de ahora, Lagos propuso nuevas reformas para mejorar la negociación colectiva. Ninguno de estos proyectos logró total aprobación, sobre todo porque la oposición se negó tajantemente a reconocer mejores derechos para los trabajadores. Aparentemente, el actual gobierno no solo no valora estos derechos, también quiere facilitarle las cosas al candidato de la oposición. Lo que Frei se proponga hacer en materia laboral será visto como una continuidad de lo que Bachelet hizo. Que el gobierno de la Presidenta termine su período mostrando una notoria indiferencia por los derechos del trabajo, será un pasivo fuerte en la campaña del candidato de gobierno ¿cómo creerle a Frei que hará lo que Bachelet prometió hacer pero no cumplió?          

*Diego López es abogado, académico de la Universidad Alberto Hurtado.

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