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Capitalismo a todo caballo

por 13 agosto 2009

¿Por qué entonces hay deflación y no inflación? La respuesta es muy simple, aunque haya cerebros calentándose para encontrarla. Es que la economía real está siendo destruida para salvar la economía ficticia.

Alexander Schubert*

Vamos galopando salvando al capitalismo. No importa que las cifras que se muestran sean reales o falsas, que sean significativas o puramente marginales. No importan los costos, en destrucción de capital y, mucho menos, los sociales. El propio Fondo Monetario Internacional está calculando ahora las pérdidas de la crisis económica en doce trillones de dólares. Poco tiempo atrás "sólo" eran dos trillones. Pero qué importa: lo importante es que tenemos cifras que dicen que la caída del producto económico está disminuyendo, que el empleo ya no retrocede como hace pocos meses, que los consumidores están recobrando la confianza, y que - ¡vaya ingenuidad, para no decir ignorancia!- la deflación está llenando los bolsillos de las dueñas de casa. Incluso se afirma que la productividad está al alza, en buena hora. Nuevamente nos encontramos en el hipódromo de las promesas de crecimiento compitiendo entre si. ¿Usted promete 4 por ciento? Damas y Caballeros, ¡yo les doy 6! Con energía nuclear o alternativa, con o sin mayores impuestos, total, ¿qué más da?

El fenómeno no se reduce a Chile. Es universal. Hace poco, la esposa del Presidente de Goldman Sachs se fue de compras en una Boutique de Nueva York, y como había otras damas haciendo allí lo mismo, pidió que se las despejara del lugar, porque ella deseaba comprar tranquila. María Antonieta, perdón, Madame Blankfein les mandó a comer queque en vez de pan. Es que ella también quería galopar, comprando alguna cosita con los cientos de millones de dólares de bonificaciones recibidos por su esposo, en retribución de las grandes ganancias del último año. Ella también quería apostar a la recuperación.

Es que, por si usted no se había dado cuenta, los bancos están haciendo tremendas ganancias nuevamente. Bueno, no todos. Sólo los que -como Goldman Sachs- han recibido cientos de billones estatales para evitar su quiebra. De estos, algunos fueron a parar a los bolsillos de Madame Blankfein. En lo que va del año, ha habido más de 70 quiebras de bancos en EE.UU. Algunos de ellos son bancos regionales de gran magnitud, que traspasados a Chile, serían monopolios, cuya quiebra nos dejaría, en todo el país, sin cajeros funcionando. Son lo que a pesar de los aportes del fisco norteamericano no han logrado galopar a la velocidad requerida. No han podido traspasar los papeles tóxicos a la Reserva Federal, no han podido incrementar las tasas de sobregiro, ni las tasas de interés sobre tarjetas de crédito. De estos hay varios cientos en la lista de espera. Pero qué importa, mientras queden algunos caballos galopando a todo dar y señoras dispuestas a gastar algunos centavitos.

A todo dar está subiendo también la deuda fiscal a lo largo y ancho del mundo. Sólo en los dos años que llevamos de crisis, la deuda total de todos los Estados del mundo ha aumentado en un 20 por ciento del producto mundial. Este producto está cayendo, pero las deudas estatales siguen creciendo a galope tendido, en un monto equivalente a alrededor de 10 trillones de dólares. Tan sólo los requerimientos de refinanciamiento anual de los Estados del mundo asciendes a 5 trillones. Los EE.UU. están contribuyendo aproximadamente con 2 trillones a esto. Allí, actualmente 35 millones de personas sobreviven con estampillas de caridad del Estado. Son los que han caído fuera de todas las demás redes de seguridad social y que estadísticamente ya no se cuentan como desempleados.

Cualquier persona sensata se preguntará de dónde sale el dinero para este endeudamiento fiscal. Bueno, una parte de los bolsillos de los que siguen trabajando e imponiendo a la seguridad social. Este dinero pasa de las asociaciones previsionales con buenos pagos a los fondos mutuos y sus administradores, y de aquí, a los respectivos estados. O sea, no sólo con los impuestos, sino con sus aportes previsionales el pueblo está financiando los galopantes gastos de los Estados. Y así, a la recuperación de los bancos. En Chile como en todas otras partes. Y todo para que por lo menos algunos bancos puedan seguir en las pistas del hipódromo.

Pero otra parte de lo que los Estados están gastando es pura estafa. Igual que en las carreras arregladas. Como lo están demostrando las crecientes dificultades de las subastas de los papeles fiscales, en EE.UU. Europa u otras partes, no hay capital monetario suficiente como para financiar los déficits fiscales requeridos para mantener el capitalismo en su funcionamiento actual. Por eso, los Estados han pasado a usar su monopolio monetario para estafar a la población. Así, por ejemplo, en EE.UU. la Reserva Federal está comprando sumas astronómicas de Bonos del Tesoro, porque de lo contrario el fisco se quedaría sin dinero para pagar sus cuentas. Tal como le ha sucedido a California y más de una media docena de otros Estados importantes de esa nación, con tendencia al alza. Ello significa que una buena parte del dinero en circulación no tiene respaldo alguno. Quien tenga dólares en sus manos, y para todos los efectos de forma similar otras monedas, tendrá cada vez más un papel sin valor alguno que lo respalde.

¿Por qué entonces hay deflación y no inflación? La respuesta es muy simple, aunque haya cerebros calentándose para encontrarla. Es que la economía real está siendo destruida para salvar la economía ficticia. Los precios de las mercancías reales, incluyendo la fuerza de trabajo, bajan, y los precios de los títulos de valor ficticio, suben. Hemos vuelto así a exactamente la situación que hace dos años llevó a la crisis de hoy. La diferencia es que hoy el desempleo es mucho más alto, los ingresos del trabajo han bajado, la deuda fiscal y de los hogares es muchísimo más alta, y en general, la situación financiera de las empresas es simplemente desastrosa. En todos los países se está anunciando un período de quiebra masiva de empresas privadas. Estamos en la partida del caballo inglés de la crisis global; pobre de nosotros que nos queda por experimentar la llegada del burro.

*Alexander Schubert es economista y politólogo.

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