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¿Un mundo sin armas nucleares?

por 16 agosto 2009

No menos desafiante, dado el actual escenario de crisis energética, es la posibilidad que se sume como un punto de tensión nuclear el desarrollo de lo que se denomina proliferación o dispersión nuclear pacífica.

Por Rodrigo Álvarez Valdés*

El llamado hacia la eliminación total del arsenal nuclear mundial realizado en Praga el 5 de Abril de 2009 por el presidente de los Estados Unidos Barack Obama, abre un potente y esperanzador futuro. Sin duda este momento se ha transformado en el que el mundo, desde 1945, estaba esperando. Esta convocatoria se suma a otras claras señales dadas en el camino hacia un "cero global". Así, por un lado, el discurso de Obama no hace sino que imprimir un mayor apoyo a las conversaciones que su país y Rusia están desarrollando por alcanzar, en la víspera de que expire el Tratado para la Reducción y Limitación de Armas Ofensivas Estratégicas (START), un nuevo acuerdo que mantenga la tendencia hacia la disminución de armas nucleares observada desde fines de la década de los 80'. Por el otro, da una clara señal al sistema internacional para que los Estados que son parte del Tratado de No-proliferación, no den por muerta esta instancia antes de la conferencia de revisión programada para 2010. 

Al emplazamiento del presidente Obama se han sumado otras propuestas. Por un lado, la iniciativa presentada por el Ministro de Relaciones Exteriores de Japón, Hirofumi Nakasone. La propuesta japonesa llamada "Condiciones hacia Cero, Once Puntos para el Desarme Nuclear Global" tiene como objetivo fundamental el de alcanzar una "restricción global eficaz" y se sustenta en tres pilares: el desarme nuclear de todos los países poseedores de este tipo de armas, la implementación de medidas tomadas por toda la comunidad internacional y medidas para apoyar a los países con uso pacífico de la energía nuclear. Por el otro, el llamado que el Grupo de Río hizo en la Conferencia de Desarme de la ONU para establecer un comité que inicie negociaciones cuanto antes para, por fases y dentro de plazos definidos, eliminar las armas nucleares.

Desde esta perspectiva, el actual momento puede ser visto como la necesaria coyuntura para, efectivamente, avanzar en la concreción del artículo VI del Tratado de No-proliferación y Desarme. A este respecto, según Laurence Freedman, los últimos dos años han visto una serie de iniciativas diseñadas para convencer a los líderes internacionales que el tiempo para hacer serios esfuerzos para la eliminación del arsenal nuclear ha llegado.

Sin embargo, paradójicamente, como es de conocimiento mundial la posibilidad cierta de desarrollar los necesarios pilares para avanzar significativamente en el artículo VI del Tratado de No-Proliferación, podría enfrentar un nuevo punto de inflexión. Como ya ocurrió entre 1945 y 1965 con la conocida proliferación nuclear estratégica, y luego entre 1967 y 1998 con la proliferación nuclear paralela. Hoy podríamos, si es que no existe la posibilidad de efectivamente contener una nueva ola de proliferación de actores estatales y no estatales, ser testigos del surgimiento de nuevos procesos de proliferación potencial y latente. No menos desafiante, dado el actual escenario de crisis energética, es la posibilidad que se sume como un punto de tensión nuclear el desarrollo de lo que se denomina proliferación o dispersión nuclear pacífica. Son, precisamente, estos antecedentes los que abren la discusión sobre la real posibilidad de alcanzar el objetivo de la total eliminación de las armas nucleares.

Al mismo tiempo otras seis variables también complican el objetivo del "cero global". Primero, se puede afirmar que la iniciativa no es nueva. Segundo, que esta -más allá del apoyo de la sociedad, organizaciones y grupos pro paz- ha contado desde 1945 con figuras de peso político mundial que han sido incapaces de avanzar en la solución de este peligro. Tercero, la tensión del contexto internacional pareciera no tener grandes cambios. Así, la idea de un proceso pacificador gracias a la globalización se derrumbó junto a las Torres Gemelas. Esta realidad ha dado paso a la idea de un proceso de un mundo multipolar, donde a diferencia del bi-polar, las posibilidades de choque entre actores estatales y no estatales han demostrado ser iguales o mayores. Cuarto, es precisamente lo anterior lo que ha facilitado que una nueva ola de proliferación latente pueda llegar a ser realidad. Las experiencias, por el principio de cascada, de Irán, Corea del Norte y la posibilidad que nuevas naciones se vean tentadas a seguir sus pasos, es hoy un hecho concreto. El mismo fenómeno se estaría dando entre aquellos actores no-estatales. Quinto, la idea de la disuasión basada en la destrucción mutua asegurada pareciera ser aún la base de la contención entre naciones que tienen la categoría de poder nuclear. Y sexto, la incapacidad que los actores del sistema internacional han demostrado para que los "holdout states" (India, Israel y Pakistán) se integren al Tratado de No-proliferación.

De esta manera, como ya se ha hecho notar por académicos y científicos, más que estar ad-portas de presenciar la eliminación total de las armas nucleares, de lo que seríamos testigos es de un nuclear "mínimo global estratégico". Así, entonces, no cabe duda que la propuesta de Barack Obama es esperanzadora; sin embargo, esta debe ser analizada con el mismo realismo que ha dominado el tema desde 1945. 

*Rodrigo Álvarez Valdés es Investigador Asociado FLACSO-Chile. Coordinador del Proyecto No-Proliferación y Desarme de Armas Nucleares, del Consorcio Global para la Transformación del Sector Seguridad.

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