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Después de la crisis económica: una política nacional de empleo

por 20 septiembre 2009

Se ha ido avanzando paralelamente en una agenda larga que debiera ayudarnos a evitar que la crisis económica se traduzca en recesión social, como la conocimos en el Chile de los 80. Ese ha sido nuestro compromiso. Estamos concientes que nos quedarán tareas pendientes.

Por Mauricio Jelvez*

Cuando empezamos a vislumbrar en el horizonte luces de recuperación en la actividad económica y, de acuerdo a  la última Encuesta INE, un punto de quiebre en la tendencia de aumento del desempleo observada en los meses de invierno, debemos empezar a preocuparnos y ocuparnos del empleo y la empleabilidad de los chilenos y chilenas una vez superemos la crisis.

Esta preocupación nos remite -necesariamente- a una revisión de la agenda larga en materia de política de empleo. Se trata de cambiar el contexto, ya no es sólo la preocupación para sortear y aminorar los efectos de la crisis, sino que desafiarnos a construir con sentido estratégico las Bases de una Política Nacional de Empleo (PNE) que nos permita transitar con éxito la segunda mitad de nuestro camino al desarrollo.

Esta PNE debe insertarse en el marco de la construcción del sistema de protección social que hemos estado desarrollando, de manera de garantizar un conjunto de prestaciones y servicios para el desarrollo de una trayectoria formativa y laboral ascendente a lo largo del ciclo de vida de trabajo de las personas. Completándose así la construcción de nuestro sistema de protección social por medio de lo que podríamos llamar el "Plan AUGE" del Empleo.

Los ejes estratégicos de esta política deberían atender, preferentemente, los siguientes elementos: primero, disminuir las brechas de productividad de nuestra fuerza de trabajo y aumentar la competitividad de las empresas de menor tamaño acumulando una mayor y mejor disponibilidad de capital humano; segundo, aumentar la tasa de participación laboral de la población económicamente activa y corregir las brechas por género y sociales en el acceso al empleo que actúan en desmedro de la equidad; tercero, corregir las insuficiencias institucionales para mejorar la articulación de las políticas públicas y de los sistemas de información para maximizar la generación de sinergias que permitan alcanzar una mayor integración de la oferta y demanda en el mercado del trabajo, y una eficiente asignación y priorización de la oferta programática disponible.

Esta es una tarea de largo aliento.

La Subsecretaría del Trabajo ha avanzado en esta dirección y varios de sus proyectos verán la luz antes del término del gobierno de la Presidenta Bachelet. Así, contaremos con un Sistema de Información Integral del Mercado de Trabajo. Cuatro proyectos se están desarrollando. Primero, la licitación para el diseño y desarrollo de una Bolsa Nacional de Empleo de acuerdo a los estándares de los países desarrollados; segundo, la construcción de un Índice de Empleabilidad para priorizar y focalizar la asignación de recursos públicos en el ámbito de empleo; tercero, la elaboración de un Índice de Calidad del Empleo que permita aumentar la cantidad y calidad de la información que se tiene sobre el empleo en cada territorio y, cuarto, la implementación de un Sistema de Información Laboral que busca apoyar a los trabajadores en la toma de decisiones para orientar su itinerario y una trayectoria laboral ascendente.

Adicionalmente, hemos iniciado la instalación de la institucionalidad del Sistema Nacional de Certificación de Competencias Laborales, siendo un desafío a futuro diseñar un Sistema Nacional de Cualificaciones que integre la certificación en oficios con las políticas de formación profesional.

En fin, se ha ido avanzando paralelamente en una agenda larga que debiera ayudarnos a evitar que la crisis económica se traduzca en recesión social, como la conocimos en el Chile de los 80. Ese ha sido nuestro compromiso. Estamos concientes que nos quedarán tareas pendientes. Pero, en esta carrera de postas que han representado los gobiernos de la Concertación, sabemos cuales son los pasos que siguen: implementar un Sistema Nacional de Capacitación para MIPYMES; seguir fortaleciendo las Oficinas de Empleo en el nivel local; implementar un Programa Nacional de Formación Técnico-Profesional para atender a los jóvenes que hoy día no estudian ni trabajan, entre otras materias.

Por primera vez en la historia está a nuestro alcance el desarrollo de Chile, debemos consolidarlo. Para ello la Política Nacional de Empleo debe estar fuertemente imbricada con el desarrollo productivo y éste debe ir de la mano con el desarrollo social. Todo esto, Chile lo puede hacer.

*Mauricio Jelvez M. es  subsecretario del Trabajo.

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