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Concertación y trabajadores: ese insoportable hábito de no cumplir

por 24 septiembre 2009

¿Por qué deberían los trabajadores creer, por enésima vez, en la Concertación y sus eternas promesas en esta materia? ¿Por qué debería ser esta vez diferente, y una vez instalados en el poder, el ministro de Hacienda de turno, como todos los anteriores, no asuma su rol de defensor del...

Por José Luis Ugarte*

Si no me equivoco, fue el 1 de mayo del año pasado cuando con voz trémula, la Presidenta Bachelet prometía -sí, prometía- reformas a la negociación colectiva, asumiendo por enésima vez el compromiso político de derogar el plan laboral de una dupla temible; Pinochet y Piñera José, el hermanísimo.

Pero no contábamos con la astucia de nuestro Primer Ministro de facto -Velasco- quien ha decidido, sin consultarle a nadie por supuesto, según nos cuenta la prensa, negarse a cualquier reforma que mejore la posición negociadora de los miles de trabajadores en Chile que no tienen ningún punto de equilibrio con sus empleadores.

Eso no es mucha novedad. Ya sabíamos que le tiene algo de cariño al Plan Laboral pinochetista. Hace algunos años, Velasco declamó que había encontrado la panacea a todos nuestros males laborales. El modelo danés, se nos dijo, es la solución desde la iluminación de los elegidos.

Y pasó que viajó a conocer el tan elogiado modelo danés. Cuentan las malas lenguas -o buenas, según se mire- que el entusiasmo duró menos de lo que duran las promesas de la Concertación: el nivel de sindicalización y negociación colectiva en Dinamarca supera el noventa por ciento. Adivine qué ocurrió. Nunca más se habló del modelo danés.

Desde el inicio de la democracia, los programas de la Concertación prometieron modificar el modelo del Plan Laboral, ampliar la negociación colectiva, eliminar los reemplazos en huelga y terminar con los grupos negociadores, ese inteligente invento de la dictadura para competir con los sindicatos. Pero, después de veinte años de democracia, la negociación colectiva está donde mismo la dejó Pinochet, sigue existiendo un amplio reemplazo en la huelga y los grupos negociadores gozan de excelente salud

En los países de la OCDE, el nuevo tótem de los criollos, la tasa de negociación colectiva alcanza al 60% de los trabajadores. En nuestro país, en cambio, los datos del querido Plan Laboral son dramáticos: la filiación sindical ronda el 11%, la cobertura de negociación colectiva el 6% y el derecho de huelga cubre efectivamente a menos del 2% de los trabajadores.

En este punto cabe preguntarse, ¿alguien puede creer que será posible construir una sociedad más democrática, justa e igualitaria si la inmensa mayoría de los chilenos anónimos viven en su trabajo un ambiente de desequilibro, precariedad y sin capacidad alguna de negociación? ¿Por qué los trabajadores chilenos no deberían aspirar a ser tratados como lo hacen las mejores democracias del mundo, como Suecia, Holanda o Dinamarca?

Ahora en la defensa de ese Plan Laboral, como en el tango, concurren en la misma vitrina la Biblia y el calefón: desde defensores iluminados como Velasco hasta conversos con furia como Viera Gallo. Pero todos tienen algo en común: en su día pidieron los votos de los trabajadores.

La pregunta es obvia: ¿Por qué deberían los trabajadores creer, por enésima vez, en la Concertación y sus eternas promesas en esta materia? ¿Por qué debería ser esta vez diferente, y una vez instalados en el poder, el ministro de Hacienda de turno, como todos los anteriores, no asuma su rol de defensor del plan laboral de la dictadura?

No se trata, como de seguro lo presentará el empresariado y sus medios de prensa, de un artilugio electoral de última hora, sino de todo lo contrario: de un problema sobre las profundas convicciones democráticas acerca del país que queremos. Esas que hacen la diferencia entre un candidato de derecha y uno progresista de verdad.

Y ahí esta todo el problema. Flaco favor le ha hecho Velasco y cía. a la candidatura concertacionista: los trabajadores ya quedan notificados de que los gobiernos de esa coalición no quieren  o no pueden -lo que a fin de cuentas es lo mismo- derogar el plan laboral de Pinochet.

A fin de cuentas, es la Concertación y uno de sus más insoportables hábitos en esta materia: el de no cumplir con los trabajadores.

*José Luis Profesor de Derecho Laboral, U. Diego Portales

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